Mamdani, el alcalde de Nueva York, y su heroica decisión de no caminar tres cuadras
Hay políticos que sueñan con cambiar el mundo….y después está Mamdani, quien este fin de semana logró algo mucho más importante: no ir al desfile de Israel en Nueva York.
Y vaya si se esforzó para que todos nos enteráramos.
Porque una cosa es faltar. Otra muy distinta es faltar y convertir la falta en un acontecimiento internacional.
Miles de personas estaban en la Quinta Avenida.
Familias, escuelas, organizaciones comunitarias, chicos con banderas, abuelos emocionados.
Pero parece que el centro de la historia era él.
Su ausencia. Su gesto. Su mensaje.
Su epopeya.
Una especie de Rocky Balboa de los que se quedan en casa.
La explicación fue que no quería que nadie confundiera su presencia con un apoyo al gobierno israelí.
Mira tú!
Sesenta años de alcaldes neoyorquinos y ninguno se había dado cuenta del “peligro”. Entonces no fue.
Mientras tanto, el desfile siguió igual.
La gente fue. Marchó. Cantó. Se abrazó. Se sacó fotos.
Lo más insólito es que esto pasa en un momento donde los judíos reciben amenazas, insultos y agresiones como hacía años no se veía.
Pero claro, Mamdani encontró un problema “más urgente”: que alguien lo viera caminando cerca de ellos.
Hay que reconocerle algo. La puntería para elegir prioridades es impresionante.
Al final del día pasó lo inevitable.
El desfile fue un éxito.
La comunidad celebró.
La Quinta Avenida se llenó de gente.
Nueva York siguió funcionando.
Y Mamdani se quedó sin lo único que buscaba: que el desfile girara alrededor suyo.
Porque la verdad es bastante más simple.
La gente fue a celebrar.
No a preguntarse dónde estaba él.
Y esa es quizás la parte más dolorosa de toda esta historia.
Descubrir que miles de personas pueden pasar un gran día sin pensar ni cinco segundos en él.

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