El P.M. Benjamin Netanyahu tiene una póliza de seguro - la oposición de Israel – opinión
Quien sea que suceda al actual primer ministro, necesitará preservar lo que él ayudó a construir, reparar lo que él rompió, y gobernar con un entendimiento amplio de la política local y mundial.
Prime Minister Benjamin Netanyahu and his wife Sarah attend the Likud Party's election campaign opening event in Jerusalem, Jan 21, 2020.(photo credit: GILI YAARI/FLASH90)
PorADAM SCOTT BELLOSAGOSTO 7, 2026El mayor activo político del Primer Ministro Benjamin Netanyahu ya no es más Benjamin Netanyahu. Es la oposición. Durante años, sus rivales han confundido el agotamiento nacional con Netanyahu por la fe del público en ellos. Ellos han cambiado líderes, renombraron partidos, ensamblaron coaliciones, y regresaron cada vez con el mismo mensaje: No soy Netanyahu. Ese puede ser un eslógan de protesta. No es una filosofía de gobierno, y está lejos de ser suficiente para la Israel que existe ahora.
Este no es un argumento para absolver a Netanyahu. El 7 de octubre sucedió bajo su mandato, y el concepto que Hamas podía ser contenido, disuadido, y manejado colapsó en sangre. El estamento del ejército y de la inteligencia no lograron entender a Hamas, en interpretar las señales que emitía, y en defender a las comunidades israelíes cuando empezó el ataque.
Ninguna investigación publicada ha establecido que Netanyahu recibiera una advertencia operativa precisa y simplemente la haya ignorado. Pero la responsabilidad política es más grande que un documento colocado sobre el escritorio de un primer ministro. Netanyahu presidó la doctrina que fracasó, y debe responder por ello.
Responsabilidad, sin embargo, no es amnesia. David Ben-Gurion declaró el estado. Pero el país poderoso, tecnológico, globalmente consecuencial que la oposición ahora pide heredar es, no en menor parte, la Israel moderna de Netanyahu.
Es una potencia militar regional, un centro de tecnología mundial, una economía de la OCDE, y un país que construyó sociedades abiertas con los gobiernos árabes otrora consideradas inalcanzables. Netanyahu no construyó solo esa Israel. Ningún líder podría haberlo hecho. Sin embargo sus reformas económicas, foco estratégico, su campaña contra Irán, y los Acuerdos de Abraham ayudaron a dar forma a la Israel que ahora sus rivales afirman que ellos pueden dirigir.
Israeli Prime Minister Benjamin Netanyahu attends a vote at the plenum hall of the Knesset, the Israeli parliament in Jerusalem, on July 16, 2026. (credit: YONATAN SINDEL/FLASH90)
Reemplazar a Netanyahu, por lo tanto, requiere más que persuadir a los israelíes que ellos están cansados de él. Un sucesor debe preservar lo que él ayudó a construir, reparar o que falló bajo su mandato, y gobernar a un nivel más alto.
Israel requiere un líder que pueda maniobrar a nivel local e internacional
Ganar votos dentro de Israel es sólo parte de la tarea. Armas, comercio, protección diplomática, normalización, y la libertad de acción de las FDI son influenciadas más allá de las fronteras de Israel. Un primer ministro debe entender a Washington, las capitales árabes, los mercados globales, a los medios de comunicación hostiles, y a la gente que no piensa como los israelíes. Israel no está buscando un alcalde competente con un título nacional. Requiere un estadista.
La generación fundadora comprendió esto. Israel colocó figuras tales como Golda Meir y Abba Eban ante el mundo porque ellos podían traducir la soberanía judía al idioma de la gente a la que Israel necesitaba persuadir.
La educación estadounidense de Meir y la educación en Cambridge de Eban no eran ornamentos. Eran armas diplomáticas. Ellos comprendieron que un líder israelí en el extranjero nunca se representa sólo a sí mismo. Cada frase, gesto, foto, y entrevista dice al mundo si el estado judío está preparado, disciplinado y al mando.
Ese es el motivo por el cual el traje mal ajustado de Naftali Bennett en la Conferencia de Naciones Unidas Sobre el Cambio Climático (COP26) no fue completamente trivial. Un traje mal cortado no descalifica a un primer ministro. Pero cuando el traje se convierte en la historia, el representante ha fallado en comprender el escenario. La cultura israelí aprecia la informalidad y la franqueza. El ámbito internacional puede interpretar las mismas cualidades como provincianas. La puesta en escena no puede reemplazar a la diplomacia, pero para Israel, es parte de la diplomacia.
La fluidez en el ámbito internacional no significa nada sin claridad estratégica. Demasiados políticos todavía repiten "solución de dos estados" como si la frase hubiese sobrevivido intacta al 7 de octubre. No lo hizo. Una encuesta de junio del 2026 del INSS encontró que apenas el 25% de los israelíes apoyaban una solución de dos estados.
No creo que una coalición israelí judía amplia capaz de reemplazar a Netanyahu pueda ser liderada por alguien que todavía trata el estado palestino como el destino inevitable de la política israelí. Tal candidato está diciendo al púbico que el 7 de octubre cambió la cuenta de muertos pero no el concepto.
Israel eliminó toda comunidad judía y su presencia militar permanente de Gaza en el 2005. Hamas convirtió el territorio en una fortaleza terrorista y finalmente lanzó el ataque más letal en la historia de Israel. Repetir ese experimento desde tierras con vistas a Jerusalén, la llanura costera, y el Aeropuerto Ben-Gurion es imprudencia nacional disfrazada de lenguaje diplomático.
El reclamado derecho al retorno palestino hace la antigua fórmula aun más deshonesta. El mundo propone un estado palestino al lado de Israel mientras preserva un reclamo nacional palestino dentro de Israel. Eso no es dos estados para dos pueblos. Es un estado palestino inmediatamente, seguido por una campaña permanente para desmantelar demográficamente al estado judío. No puede haber ninguna paz hasta que el retorno masivo a la Israel soberana sea rechazado permanentemente y sea derrotada la fantasía de revertir la soberanía judía.
El motivo por el que la noción de dos estado está muerta
Un gobierno alternativo creíble debe por lo tanto moverse más allá del paradigma de dos estados, no meramente más allá de Netanyahu.
Los palestinos pueden ejercer extenso auto-gobierno civil, crear instituciones locales, expandir la oportunidad económica, y administrar sus comunidades. Los gobiernos árabes pueden asumir mayor responsabilidad por la inversión, educación, desarrollo y des-radicalización.
Los Acuerdos de Abraham mostraron lo que puede lograr el realismo. Los gobiernos que normalizaron relaciones con Israel no han abandonado todos el apoyo al estado palestino. Pero los acuerdos destruyeron el veto palestino sobre la aceptación regional de Israel.
Los gobiernos árabes demostraron que ellos podían buscar seguridad, tecnología, comercio y cooperación estratégica con Israel sin esperar el permiso de Ramalá.
Cualquier gobierno alternativo digno del nombre debería profundizar ese logro, no arrastrar a Israel hacia atrás a fórmulas enterradas bajo las ruinas del 7 de octubre.
Este es el criterio que los retadores de Netanyahu no han reunido. Ellos deben ofrecer una doctrina de seguridad, un programa económico, capacidad de negociar internacionalmente, confianza cultural, y la estatura necesaria para representar a un estado judío poderoso ante aiados y enemigos por igual.
Ellos deben corregir las fallas de Netanyahu sin borrar sus logros.
Los israelíes merecen un debate entre visiones de gobierno, no una elección entre un hombre y un vacío. Netanyahu será reemplazado cuando alguien demuestre ser capaz de mantener el poder de Israel en casa y ante el mundo, mientras protege lo que él construyó y repara lo que él rompió. Hasta entonces, “no Netanyahu” no es la estrategia de la oposición. Es la póliza de seguro de Netanyahu.
El autor es fundador y CEO del Israel Innovation Fund, y autor del libro inminente ¿Qué es el Sionismo? El Porqué Nunca Más No Es Suficiente
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