domingo, 13 de septiembre de 2026


 Aznar lo dijo frente a la diplomacia israelí: llamar genocidio a Gaza es antisemitismo. Pedir Palestina “del río al mar” también. Negar que Israel “se defiende” en una guerra que “no inició”, igual.

El truco no es nuevo. Se toma un crimen real —el odio a los judíos— y se estira hasta tapar la política de un Estado. Criticar a Netanyahu, concede, es legal. Nombrar lo que hay sobre el terreno, no. Así el debate se acaba antes de empezar: o callas o eres antisemita.
Una guerra la inicia quien dispara el 7 de octubre. Otra cosa es qué se hace después con decenas de miles de muertos civiles. Eso no se resuelve con un lema ni con un veto semántico. “Genocidio” lo discuten tribunales y relatores; no lo cancela un expresidente en un desayuno.
El antisemitismo existe y hay que nombrarlo cuando es odio a los judíos. Convertir en tabú cada crítica a un gobierno, a una ocupación o a una campaña militar no combate esa lacra: la usa de escudo.

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