Los saudíes necesitan ser israelíes
También, ¿la oposición necesita el 7 de octubre para derrotar a Bibi?
The Saudi Air Force showcases formations and aerial displays in the skies of Jeddah to celebrate Saudi National Day, September 2026. (X/@modgovksa)
Es domingo 11 de octubre, y anoche al menos 12 personas resultaron muertas y 309 heridas en un ataque hutí contra el Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad. La respuesta de Arabia Saudita es improbable que priorice la “protección de los civiles, y el auto-control" como alentó a Israel a hacer tras el 7 de octubre. Pero tampoco, para su gran detrimento, tomará la ruta israelí: la que lleva a la seguridad duradera.
El ataque llega a una semana de Operación Amanecer de Yemen, una ofensiva de las fuerzas del gobierno yemení respaldada por Arabia Saudita contra los hutíes respaldados por Irán. Con la ayuda de unos 100 cazas saudíes, las fuerzas alineadas con el gobierno ya han recuperado franjas claves de la costa junto a Bab el-Mandeb. Pero aun cuando los hutíes son fuertemente presionados, y los funcionarios yemeníes hablan de forma optimista de recorrer todo el camino hasta Sanaa retenida por los hutíes, los saudíes están manteniendo un ojo en el espejo retrovisor.
Tras unirse a la guerra de Irán tarde y de forma vacilante, dispando sus primeros misiles a Israel apenas un mes después, los hutíes mantuvieron en gran medida su fuego contra el estado judío y encontraron un objetivo mucho más suave en la monarquía del Golfo. En julio ellos declararon un bloqueo naval en el reino. La respuesta de Riad ha sido típicamente tímida: ataques aéreos limitados y diplomacia discreta.
Ese ha sido el manual de juego saudí. Incluso en el apogeo de su guerra con los hutíes, el reino mantuvo una mano extendida. En el 2019, después de los ataques con drones que se atribuyeron los hutíes contra sus instalaciones petroleras, dijeron que veían "positivamente" una oferta de tregua hutí. En el 2020 dijeron a los hutíes, a través de mediadores, que firmarían un cese del fuego nacional negociado por la ONU a cambio de una zona de contención sobre su frontera. En el 2021 ofreció públicamente un cese del fuego y la reapertura del aeropuerto de Sanaa, con su ministro del exterior declarando que "depende de los hutíes ahora." Desde la tregua del 2022, el reino ha detenido en gran medida las operaciones ofensivas incluso frente a provocaciones esporádicas. Aun cuando Estados Unidos y Gran Bretaña empezaron a encarar el problema hutí en enero del 2024, Riad pidió "auto-restricción" desde los márgenes. Tan recientemente como a mediados de septiembre, con los hutíes frescos de capturar Mocha, el reino les ofreció, según se informa, un cese del fuego de dos semanas y conversaciones directas a través de negociadores omaníes.
En lugar de un nuevo amanecer para la política de Yemen de Riad, esta guerra es simplemente un medio de negociar. Después del avance de los hutíes el mes pasado, Riad concluyó que no podía entrar en nuevas conversaciones mientras los hutíes retuvieran Bab el-Mandeb. Sin el apoyo estadounidense, probablemente declarará la victoria si simplemente expulsa a los hutíes de la costa del Mar Rojo y restaura la calma.
Si esta estrategia de cortar el césped suena conocida, es porque e vínculo entre los hutíes y Hamas corre más profundo que los enemigos y patrocinadores compartidos. Ambos grupos terroristas han sido objeto de una premisa errada por parte del vecino mucho más avanzado tecnológicamente: la creencia que un enemigo conjurado en tu destrucción puede ser comprado o contenido.
En lugar de valijas llenas de dinero catarí, Riad supuestamente pagaba a los empleados públicos hutíes de su propio bolsillo. Y cuando llegó la inundación hutí, empequeñeció al 7 de octubre. En lugar de varios miles de hombres armados, unos 100,000 combatiente se acumularon según se informa sin que los servicios de inteligencia saudíes lo advirtieran, luego barrieron la costa del Mar Rojo en septiembre y capturaron Bab el-Mandeb.
Aquí es donde los dos países divergen.
Analizando la destrucción de su territorio, Israel entendió que no se podía permitir a tal amenaza reconstruirse sobre su frontera, y, a pesar de las reticencias de EE.UU., procedió a erradicar a Hamas. Los saudíes, mirando sus petroleros arder y las instalaciones petroleras humeantes, también resolvieron que la había que abordar la situación. Entonces llamaron a Washington en busca de ayuda, fueron rechazados, y se conformaron con una ronda particularmente agresiva de cortar el césped.
La brecha es aún más evidente en lo que debería haber sido una revelación compartida por Riad y Jerusalén: Irán. La estrategia de Israel ha sido criticada en casa por combatir los tentáculos en lugar de atacar la cabeza del pulpo. La estrategia saudí merece críticas más duras: combate a un tentáculo mientras negocia el apaciguamiento con la cabeza. A pesar que las huellas de Irán están por toda la escalada hutí, los saudíes todavía están buscando una acomodación con la criatura.
Tal vez los israelíes deberíamos agradecer a Moisés por traernos a la única zona en la región que no desborda de petróleo. Careciendo de vastos recursos naturales, y con ellos de un lugar indispensable en la escena mundial, Israel nunca se ha acomodado en el rol de una potencia defensora del status quo. En los momentos poco comunes en que cayó en tal complacencia, se le recordó brutalmente que el status quo es uno en el cual está rodeada por enemigos ansiosos por acabar con su propia existencia. La lucha constante por la supervivencia es prácticamente un principio central del Sionismo.
Que Israel nunca haya tenido el lujo del status quo radica en la raíz de lo que la separa de muchos de los aliados de Estados Unidos, y del mismo Estados Unidos. Es el motivo por el que los hutíes atacarán alegremente el Aeropuerto Internacional Rey Khalid, pero ahora piensan dos veces acerca del Ben Gurion. Es el motivo por el cual los saudíes no intentarán nada sin que Washington sostenga su mano, mientras Washington toma las de Israel con todas sus fuerzas para impedirle que altere el status quo.
Ese miedo a un nuevo Medio Oriente es el gran logro de Irán y sus satélites: sin un arma nuclear, ellos han creado un equilibrio de terror estilo Guerra Fría que mucho del Occidente teme provocar.
Los hutíes en las montañas del norte de Yemen presentan un reto diferente al de Hamas en sus túneles abajo de Gaza, pero la lección de apaciguar al terror es la misma. Si los saudíes quieren encontrarse más seguros dentro de cinco años, deberían empezar a informarse sobre el Sionismo.
Israeli Prime Minister and Likud party chairman Benjamin Netanyahu, surrounded by supporters, during an election campaign tour in the southern Israeli city of Ashdod, September 29, 2026. (Liron Moldovan/Flash90)
¿Un acontecimiento nacional terrible y traumático necesita situarse en el centro de una campaña electoral a fin de dañar las posibilidades de Benjamin Netanyahu de ser electo primer ministro? La referencia aquí no se trata de culpar al Likud por la masacre del 7 de octubre en la elección del 2026, sino de culpar al Likud por el asesinato del Primer Ministro Itzjak Rabin en la elección de 1996. El instinto del candidato rival grita "sí." Pero el instinto es un terrible consejero estratégico que ya ha perdido bastantes elecciones. Culpar a la derecha entera por el asesinato causó que la gente se uniera en torno a Netanyahu en lugar de abandonarlo.
La historia de la masacre es más complicada, en dos frentes. Primero, la oposición tiene un argumento mucho más popular contra Netanyahu: su sociedad con los jaredim. Centrarse en la masacre, en las presuntas advertencias que la precedieron, y otras cuestiones críticas de seguridad podría resultar estar martillando el clavo equivocado. En segundo lugar, el debate por el 7 de octubre enfrenta directamente los argumentos fundamentales de ambos bandos. Gadi Eisenkot, el ex jefe del estado mayor de las FDI, y sus aliados dicen: la falla del 7 de octubre no habría sucedido bajo nuestro mando, y los éxitos desde el 8 de octubre en adelante habrían sucedido sin importar quien estuviera a cargo. Netanyahu dice: la falla del 7 de octubre pudo haberle sucedido a cualquiera, y los éxitos desde el 8 de octubre en adelante no habrían sucedido bajo el mando de Eisenkot y el liderazgo de sus aliados.
La encuesta del Kantar Institute revela algo instructivo: ambos están errado en sus planteos. Una mayoría de los que tienen una opinión, 42% a 28%, cree que la falla habría sucedido bajo un gobierno de cambio también, tal vez debido a la concepción de largo tiempo y de múltiples actores detrás suyo. Incluso en la oposición, un tercio de los que tienen una opinión lo piensan, lo que sugiere que la mayoría de los votantes todavía indecisos entre ambos bloques comparten también esa opinión.
Por el contrario, sólo un cuarto del público, el 25%, apoya la afirmación de Netanyahu que sus rivales habrían logrado menos en la guerra. El 56% cree que ellos habrían logrado los mismos resultados o mejores.
Estas son cifras reveladoras que explican mucho sobre la campaña hasta ahora. Planten un gran interrogante sobre la decisión de la oposición de pasar el mes final enfocada en los informes de advertencias egipcias o emiratíes a Netanyahu antes del 7 de octubre, y explican por qué la oposición ha perdido realmente altitud este mes pasado. También explican por qué Netanyahu archivó la campaña "No nos rendiremos" en favor de "Derecha o Palestina." El público no valora especialmente los logros de la guerra o, en su defecto los atribuye a la actuación de las FDI en lugar de a algún gobierno en particular.
Ante todo, hay una conclusión bastante sombría aquí acerca del público en la víspera de la que está siendo llamada (erróneamente, en mi visión, como destaqué) "la elección más trascendental en la historia del país": los votantes ve los acontecimientos más dramáticos en la historia de Israel, la masacre del 7 de octubre y la Guerra de Resurgimiento, como acontecimientos sobre los cuales los líderes tienen sólo un control muy limitado.


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