Ataque en aeródromo marcó el disparo inicial en la campaña de sabotaje de Putin contra Europa
El líder ruso ordenó una nueva ola de ataques contra los países de la OTAN
Oct. 20, 2026
BERLIN- A principios de agosto, un avión de carga de gran tamaño —utilizado para transportar ayuda militar a Ucrania y estacionado en un aeródromo del este de Alemania— fue atacado por drones cargados de explosivos. Según funcionarios alemanes, los aparatos fueron pilotados por agentes de la inteligencia militar rusa.
Uno de los drones impactó contra el avión de carga Antonov, pero no llegó a estallar. Otro colisionó contra una aeronave distinta, y un tercero detonó cerca del perímetro del aeropuerto, informaron las autoridades. Los investigadores señalan que, de haber tenido éxito el ataque, el resultado habría sido caos y pérdida de vidas humanas en uno de los aeropuertos de carga aérea más importantes de Europa.
Según funcionarios europeos informados sobre los hallazgos, las agencias de inteligencia estadounidenses sostienen que la operación fallida en el aeropuerto de Leipzig-Halle, ocurrida este verano, fue uno de los primeros actos de una campaña intensificada de sabotaje y operaciones encubiertas contra países de la OTAN, ordenada directamente por el presidente ruso, Vladimir Putin.
Esta intensificación de la campaña rusa se produce en un contexto en el que las fuerzas ucranianas, con el apoyo de Europa, han logrado, en gran medida, estancar al ejército ruso sobre el terreno, infligiéndole graves pérdidas e impidiendo que obtenga ganancias territoriales significativas durante el último año. Por su parte, Kiev ataca cada vez más objetivos en el interior de Rusia, incluidas refinerías y los almacenes de la mayor empresa de comercio electrónico del país.
Según los funcionarios, este verano creció la frustración en Moscú, ya que ni los combates sobre el terreno ni las negociaciones con Washington lograron que Ucrania aceptara las concesiones que Putin exigía.
"El Kremlin está decepcionado porque las conversaciones con Estados Unidos no han conducido a la rápida normalización de las relaciones que esperaban", afirmó Thomas Graham, ex alto funcionario estadounidense que actualmente participa en diálogos informales con el Kremlin.
Colaboradores del canciller alemán Friedrich Merz señalan que, si el ataque en Leipzig hubiera provocado un gran número de víctimas, se habría planteado invocar la cláusula de defensa colectiva de la Organización del Tratado del Atlántico Norte —conocida como Artículo 5—, la cual obligaría al resto de la Alianza a intervenir para proteger a Alemania.
Dicha disposición —invocada en una sola ocasión anterior, tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001— compromete a los miembros de la Alianza a prestar asistencia a cualquier aliado que sea objeto de un ataque armado. La respuesta, no obstante, podría variar desde el apoyo diplomático hasta una intervención militar. Desde el ataque en Leipzig, los países europeos han experimentado un marcado aumento de los llamados ataques en la "zona gris". En agosto, unos incendiarios atacaron a fabricantes de drones en Estonia y Polonia. Ese mismo mes, las autoridades eslovacas informaron que habían frustrado un intento de incendio provocado contra una fábrica de drones ucranianos en su territorio.
En las últimas semanas, Polonia, Lituania y Bulgaria han reportado actos de sabotaje contra estaciones de Starlink. Asimismo, se ha producido una serie de ataques con drones contra buques comerciales en el mar Negro, cerca de aguas pertenecientes a Bulgaria y Rumania, ambos países miembros de la OTAN.
Los líderes europeos están advirtiendo públicamente sobre estos riesgos, mientras debaten en privado cuál es la mejor forma de responder. "Rusia está librando una guerra contra Europa; no sólo contra Ucrania, sino también contra nosotros", afirmó Merz a principios de este mes.
El Kremlin no respondió a una solicitud de comentarios.
Rusia ha negado cualquier implicación en operaciones de sabotaje en Europa. En respuesta a las acusaciones de Berlín sobre el ataque al aeropuerto de Leipzig, Putin declaró a principios de septiembre: "¿Dónde están las pruebas?".
El secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió a principios de este mes que la escalada podría extenderse a los países de la OTAN y "convertir rápidamente lo que es una guerra entre dos naciones en un conflicto regional mucho más amplio y peligroso."
A principios de este mes, el presidente Trump anunció que había llegado a un acuerdo con Putin para suministrar combustible diésel a los mercados estadounidense y mundial, con el fin de aliviar los precios. La semana pasada, además, suspendió la imposición de sanciones contra Rusia —previstas en una ley bipartidista—, lo que suscitó críticas por parte de miembros del Congreso. En una publicación en redes sociales el domingo, Trump explicó que su decisión respecto a Rusia buscaba mantener a Moscú en la mesa de negociaciones y evitar su participación en una guerra con Irán.
La Casa Blanca no respondió a una solicitud de comentarios.
El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Moscú a finales de agosto con el objetivo de reactivar las negociaciones y advertir a Rusia que no intensificara sus ataques contra los aliados europeos. Posteriormente, Ratcliffe informó personalmente a sus homólogos de los servicios de inteligencia europeos y a ciertos líderes políticos que Moscú estaba intensificando sus operaciones de sabotaje contra sus respectivos países, según indicaron personas que recibieron dichas advertencias.
La CIA no respondió a una solicitud de comentarios. Según funcionarios occidentales, los ataques clandestinos de Rusia están siendo dirigidos por una rama de la inteligencia militar rusa, el GRU. Esta rama, conocida como Servicio de Misiones Especiales (SSD, por sus siglas en ruso), es una organización creada en el 2023 mediante la fusión de algunas de las unidades clandestinas más letales de Rusia, con el mandato de librar una guerra encubierta contra Europa.
El SSD es comandado por el Coronel General Andrey Averyanov, un veterano de la guerra clandestina cuyos agentes han estado vinculao a asesinatos, envenenamientos y bombardeos a lo largo de Europa. Los servicios de inteligencia occidentales han rastreado el ataque de Leipzig hasta no de sus jefes de departamento, el Coronel Denis Smolyaninov, quien está bajo sanciones de la Unión Europea y británicas por ordenar operaciones encubiertas rusas en Europa.
Los servicios de inteligencia occidentales identificaron anteriormente a Smolyaninov como uno de los comandantes detrás de un complot para introducir dispositivos incendiarios en la red de paquetería de DHL. Los investigadores consideran que el objetivo final de la operación era derribar aviones comerciales que volaban hacia el Reino Unido y Norteamérica.
La operación de Leipzig involucró al menos tres drones cargados con explosivos Semtex de grado militar, los cuales fueron colocados entre arbustos y bajo los árboles en el exterior del perímetro del aeropuerto, según informaron los investigadores. Equipados con tarjetas SIM alemanas para redes móviles 5G, los drones podían ser pilotados de forma remota a través de internet. Los responsables de ciberinteligencia de Alemania rastrearon la comunicación hasta servidores que habían sido utilizados anteriormente por el GRU.
El ataque formaba parte de una estrategia más amplia para posicionar agentes, explosivos y armas en toda Europa, con el fin de atentar contra objetivos que apoyan a Ucrania y sembrar un caos que pudiera fortalecer la oposición política a la ayuda militar destinada a Kiev, de acuerdo con investigadores y funcionarios de inteligencia.
Los investigadores han descubierto redes dedicadas al contrabando de explosivos, drones y armas hacia la Unión Europea, así como casas de seguridad y depósitos clandestinos ocultos cerca de aeropuertos, fábricas de armamento y otros posibles objetivos.
Según los investigadores alemanes, la logística terrestre de la operación de Leipzig fue coordinada por Oleg Levushkin, un ex oficial militar ruso reclutado por el GRU tras haber sido condenado por un delito.
Levushkin dirigió a varios agentes bielorrusos que se encargaron de transportar explosivos a través de las fronteras, ensamblar los drones y posicionarlos para el ataque, según indicaron investigadores y funcionarios de inteligencia.
La red utilizó Serbia como centro logístico para trasladar drones modificados y artefactos explosivos hacia Alemania. El Semtex de grado militar fue introducido de contrabando en latas de alimentos que habían sido selladas de nuevo y equipadas con detonadores. La incorporación de placas de acero transformó los artefactos en bombas de fragmentación, diseñadas para esparcir metralla letal, explicaron los investigadores.
Posteriormente, las autoridades serbias detuvieron a siete sospechosos —entre ellos, una persona con doble nacionalidad rusa y serbia—, acusados de pertenecer a un grupo organizado que adquiría y almacenaba explosivos y drones antes de enviarlos a países de la Unión Europea, informaron los fiscales serbios.
Dos días antes del ataque en Leipzig, Levushkin y al menos un cómplice bielorruso viajaron en avión desde Alemania hacia Serbia, para luego continuar su trayecto hasta Rusia.
Tras el ataque fallido, un funcionario del Kremlin, que actúa como canal de comunicación informal con el gobierno alemán, se puso en contacto con su contraparte en Berlín, según señalaron fuentes conocedoras de dicho intercambio.
Advirtió que el de Leipzig no sería el último ataque.
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