¿Quién quiere ser una víctima en la salvaje Margen Occidental?
La 'violencia de los colonos' israelíes es titular de noticias mientras el terrorismo palestino es ignorado. Ambos piden a gritos ley y orden.
Por Elliot Kaufman
Octubre 22, 2026
He estado pensando en Sderot. Esta pequeña ciudad israelí, situada a menos de una milla de Gaza, fue en su día un argumento recurrente a favor de Israel. A los visitantes del Estado judío —entre ellos el senador Barack Obama en 2008— se les solía llevar allí para que vieran lo dura que era la vida y el grado de trauma de sus habitantes, quienes disponían de apenas 15 segundos para buscar refugio ante los cohetes lanzados por Hamás. El señor Obama afirmó que, si sus hijas tuvieran que enfrentarse a semejante peligro, él haría todo lo posible por evitarlo, tal como haría Israel.
Pero las cosas no sucedieron así. El 18 de enero de 2009, Israel puso fin prematuramente a su guerra contra Hamás en Gaza para evitar un conflicto con el presidente Obama, quien por entonces asumía el cargo. Se permitió que la amenaza de Hamás creciera —con apenas algunas interrupciones— hasta que, el 7 de octubre de 2023, los terroristas masacraron a cerca de 1.200 israelíes.
Ni siquiera entonces perduró la simpatía internacional. ¿De qué sirvió, pues, señalar durante todos esos años el sufrimiento de Sderot? Habría sido preferible acabar con la amenaza de Hamás bajo la cual vivían los israelíes, en lugar de citar esa situación con tanta frecuencia.
Hoy, la violencia en Cisjordania se encuentra bajo la lupa de los medios, pero solo cuando se produce en una dirección: de israelíes contra palestinos. El ataque perpetrado el viernes pasado por algunos colonos israelíes acaparó la atención informativa internacional; en cambio, el ataque cometido el lunes por algunos palestinos no logró trascender más allá de la burbuja pro-israelí. Ahora, la tentación para quienes apoyan a Israel es debatir acerca de quién es la mayor víctima de los ataques en Cisjordania. Es, en el fondo, la búsqueda de un nuevo Sderot. Fleur Hassan-Nahoum, candidata a la Knéset y ex-vicealcaldesa de Jerusalén, participaba el lunes en una visita grupal a Cisjordania, cerca de la localidad árabe de Turmus Ayya, cuando unos palestinos atacaron el vehículo en el que viajaba. Una piedra, lo suficientemente grande como para causar la muerte, destrozó la ventanilla del coche. El suceso quedó registrado en vídeo.
Entre enero y agosto, el Shin Bet —el servicio de seguridad de Israel— ha registrado un promedio de 270 ataques con piedras al mes, los cuales clasifican como actos de terrorismo «menores» perpetrados por palestinos. He aquí un resumen de la actividad terrorista palestina en julio de 2026 —un mes representativo—, ocurrida casi en su totalidad en Cisjordania: 273 ataques con piedras, 35 incendios provocados (incluyendo la quema de neumáticos), 15 ataques con bombas Molotov, cuatro ataques con arma blanca y tres artefactos explosivos de fabricación casera (bombas de tubo). Si a esto sumamos los ataques palestinos en Cisjordania que fueron frustrados, la cifra total para el mes de julio aumenta en 528.
Las cifras son estremecedoras. ¿Podrían mis hijos, o los del señor Obama, vivir bajo una amenaza de este tipo? Antes, la situación era aún peor. Las cifras del terrorismo palestino en Cisjordania correspondientes al 2026 reflejan una caída del 30 % respecto al 2024, tomando como referencia los datos de enero a agosto de ambos años. Sin embargo, resulta imposible encontrar rastro alguno de estos hechos en la base de datos de Naciones Unidas. Según el Shin Bet, entre los años 2017 y 2023, los palestinos lanzaron 9178 bombas Molotov; la ONU, por su parte, registró 21. Asimismo, el Shin Bet contabilizó 1468 artefactos explosivos palestinos, mientras que la ONU solo informó de dos. Si bien apenas presta atención a la violencia palestina, la ONU registra prácticamente cualquier suceso bajo la categoría de "violencia de los colonos israelíes contra los palestinos." Su base de datos sobre este tipo de violencia incluye obras viales israelíes, visitas escolares a yacimientos arqueológicos, el simple hecho que los judíos recen en el Monte del Templo e, incluso, casos de palestinos que resultaron heridos mientras perpetraban ataques terroristas. Regavim, la organización israelí que sacó a la luz estas deficiencias en los datos de la ONU, es la misma cuyo grupo fue atacado el lunes durante una visita.
Si, a pesar de todo, el aumento de la violencia contra los palestinos —cometida por adolescentes israelíes problemáticos y extremistas que ocupan puestos de avanzada— va a convertirse en noticia a nivel internacional, algunos israelíes responderán dando a conocer el terror cotidiano al que se enfrentan en Cisjordania. La semana pasada, el Consejo Yesha, que representa a los municipios israelíes en Cisjordania, puso en marcha una "sala de situación" en línea que publica informes en tiempo real sobre ataques palestinos. Se registran varios incidentes al día, en ocasiones acompañados de pruebas en vídeo.
Ambas partes pueden jugar a este juego de relaciones públicas. Pero, ¿puede Israel ganar? Gran parte de la prensa parece considerar que un "ataque palestino contra un israelí" es un comportamiento habitual, y no un titular digno de mención. Además, hacer referencia a cada ataque terrorista palestino no hace sino poner de relieve el deterioro general del orden público en Cisjordania, bajo la supervisión de Israel. Cientos de ataques palestinos al mes —a los que, cada vez con mayor frecuencia, responden grupos de civiles israelíes que se toman la justicia por su mano o mediante actos de represalia— no representan, bajo ningún concepto, un escenario de éxito o seguridad. Tampoco lo era Sderot —bajo la amenaza constante de Hamas— cuando Israel intentó, erróneamente, exhibir sus desgracias. Esa es la especialidad de los palestinos y, para Israel, una estrategia destinada al fracaso. El punto fuerte del Estado judío ha sido, precisamente, superar la condición de víctima. Como argumentaba un artículo poco convencional en la revista *Commentary*, más de una década antes de la masacre del 7 de octubre: "No se debería convertir a Sderot en una vidriera publicitaria de Israel en su afán por ganar popularidad. Al contrario, Sderot constituye una acusación contra Israel por su prolongada incapacidad para detener los ataques provenientes de Gaza."
Lo mismo cabe decir del terrorismo palestino en Cisjordania. A Israel no le servirá para ganar debates ni le granjeará mucha simpatía el hecho de señalar que tales ataques empequeñecen a los perpetrados por extremistas israelíes. El desafío para Israel consiste en poner fin a la violencia en Cisjordania —independientemente de quién sea el autor— y restablecer el orden público, antes de que todos vuelvan a preguntarse por qué se pasaron por alto las señales de advertencia y por qué se permitió que la situación se descontrolara hasta tal punto.
Copyright ©2026 Dow Jones & Company, Inc. All Rights Reserved. 87990cbe856818d5eddac44c7b1cdeb8
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.