jueves, 15 de octubre de 2026

 El científico canadiense Gerald Bull fue asesinado por el Mossad israelí en pleno desarrollo de un proyecto destinado a dotar a Saddam Hussein de un supercañón denominado «Big Babylon».

Bull fue un pionero en la investigación espacial y dedicó décadas a estudiar cómo poner satélites en órbita mediante enormes cañones. Él y su equipo calcularon que, con un cañón lo suficientemente grande, sería posible situar un satélite de 250 kg en órbita por aproximadamente el 10 % del coste de un lanzamiento mediante cohetes convencionales. A partir de la década de 1960, trabajó en proyectos cada vez más ambiciosos; comenzó con un cañón de 16 pulgadas en Barbados y llegó a planificar un colosal cañón de 1000 mm de diámetro, con un tubo de 156 metros de longitud.
Cuando algunos de sus proyectos financiados por el gobierno llegaron a su fin, fundó la Space Research Corporation para continuar su labor de forma privada. Decidido a ver su proyecto hecho realidad a cualquier precio, comenzó a realizar ventas ilícitas de armamento para financiar sus investigaciones. En 1976, fue encarcelado durante siete meses tras violar un embargo de la ONU al vender tecnología de obuses y 50 000 proyectiles de artillería al gobierno de Sudáfrica.
En 1981, el gobierno iraquí contactó con Bull y le compró artillería para utilizarla contra Irán; posteriormente, con la bendición de Saddam Hussein, comenzó a trabajar en el «Proyecto Babilonia». El resultado fue un prototipo de cañón tan grande que tuvo que ser construido en ángulo dentro de una colina artificial en el desierto iraquí; era capaz de disparar un proyectil que podía alcanzar Tel Aviv, en Israel, a más de 560 millas (aprox. 900 km) de distancia.
El gobierno israelí intentó intimidarlo: le dejaron mensajes amenazantes y entraron por la fuerza en su apartamento y en su oficina en Bélgica en varias ocasiones. Al ver que Bull no se dejaba disuadir, optaron por una acción directa.
El 22 de marzo de 1990, cuando Bull regresaba a su apartamento al final de la jornada, dos agentes de la unidad Kidon lo estaban esperando. Le dispararon cinco veces —en la espalda y en la cabeza— utilizando pistolas con silenciador; luego, tomaron varias fotografías como prueba y se marcharon.
Las fotografías fueron enviadas a sus empleados en la Space Research Corporation como advertencia para que cesaran cualquier colaboración con Irak. El aviso fue atendido, y el proyecto del supercañón iraquí llegó a su fin de manera definitiva.

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