Qué belleza de reflexión:
“La Torá termina con una imagen que siempre me conmovió.
Moisés dedicó cuarenta años a conducir al pueblo de Israel hacia la Tierra Prometida.
Llegó hasta sus puertas, pudo verla, pero no entrar.
Y, sin embargo, su historia no habla de un fracaso.
Porque no todos los caminos que empezamos terminan con nosotros.
A veces nuestra misión es sembrar algo que otro verá crecer, abrir una puerta que otro atravesará o dejar una huella para quien viene detrás.
Quizás por eso, apenas termina la Torá, volvemos a empezar desde Bereshit, desde el principio.
Como si nos recordara que ningún final es completamente un final cuando algo de nosotros continúa en los demás.
Al final, la vida también es eso: descubrir quiénes somos, hacer nuestro camino y procurar dejar algo bueno creciendo detrás nuestro.
Y volver a empezar.
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