De The Wall Street Journal:
Cuando los judíos gobernaban las canchas de baloncesto |
Era el 1º de noviembre de 1946; Ossie Schectman, de los New York Knicks, recibió un pase tras un amague y anotó mediante una entrada al cesto realizada con ambas manos desde abajo. Schectman, hijo de inmigrantes judíos rusos, acababa de marcar la primera canasta en la historia de la NBA.
Esa noche, los Knicks se impusieron en el Maple Leaf Gardens al derrotar a los Toronto Huskies por 68-66. Más de 7000 espectadores asistieron al partido inaugural de la Basketball Association of America (Asociación de Baloncesto de Estados Unidos), liga que, tres años más tarde, pasaría a llamarse National Basketball Association (NBA).
Seis integrantes de la plantilla original de los Knicks, incluido Schectman, eran judíos. No fue una coincidencia: durante gran parte de principios del siglo XX, el baloncesto era considerado, en gran medida, un deporte judío.
La razón se encuentra en los barrios de inmigrantes de Nueva York y Filadelfia. A partir de la década de 1880, millones de judíos llegaron procedentes de Europa del Este y, a menudo, se establecieron en vecindarios con escasos espacios abiertos y poco dinero para dedicar al ocio. El béisbol requería un campo y equipamiento; el baloncesto, en cambio, apenas necesitaba un balón, un aro y el patio de una escuela.
Las organizaciones comunitarias judías, las escuelas y los centros de acogida —que brindaban a los inmigrantes oportunidades educativas y recreativas— formaron equipos de baloncesto. Las rivalidades locales atrajeron a un público entusiasta.
Barney "Tiny" Sedran, hijo de inmigrantes judíos rusos, no tenía la estatura suficiente para entrar en el equipo de su escuela secundaria, pero jugaba en uno de estos centros de acogida. Con el tiempo, se convirtió en una estrella profesional durante las décadas de 1910 y 1920. Con una estatura de 1,63 metros (5 pies y 4 pulgadas) y un peso de 52 kilogramos (115 libras), Sedran sigue siendo el jugador de menor estatura que ha sido incluido en el Salón de la Fama del Baloncesto.
Para la década de 1930, los jugadores judíos dominaban el baloncesto universitario. En 1934, cuando se enfrentaron dos equipos invictos —la Universidad de Nueva York y el City College de Nueva York, nueve de los diez titulares eran judíos. La demanda de entradas fue tan elevada que, durante la temporada siguiente, los organizadores comenzaron a programar jornadas dobles en el Madison Square Garden. Nat Holman, hijo de inmigrantes judíos rusos, era el entrenador del City College en aquella época. Holman jugó con los Original Celtics durante la década de 1920 y fue considerado uno de los mejores jugadores de esa década. En 1950, llevó al City College a ganar tanto el campeonato de la National Collegiate Athletic Association (NCAA) como el del National Invitation Tournament (NIT); una hazaña que ningún otro equipo universitario masculino ha logrado igualar. (En 1953, la NCAA prohibió a los equipos participar en más de un torneo de postemporada).
Uno de los mejores jugadores de Holman, Moe Goldman, pasó directamente del City College a los Philadelphia SPHAs, un equipo profesional que tomó su nombre de la South Philadelphia Hebrew Association. El equipo de los SPHAs, compuesto en su mayoría por jugadores judíos, lucía uniformes con letras hebreas en el pecho. Sus partidos de los sábados por la noche, celebrados en el Broadwood Hotel de Filadelfia, atraían a un público que, al terminar el encuentro, se quedaba a bailar. Entre 1933 y 1946, los SPHAs ganaron siete campeonatos de la American Basketball League.
Eddie Gottlieb, un inmigrante judío nacido en Kiev, fue el principal impulsor del equipo. Participó en la creación de los SPHAs y, durante años, se dedicó a entrenar, reclutar jugadores y promocionar los partidos. Gottlieb ayudó a fundar la BAA en 1946 y, al año siguiente, como entrenador de los Philadelphia Warriors, los llevó a ganar el primer campeonato de la liga. En 1949, la BAA se fusionó con la National Basketball League para dar lugar a la NBA. Maurice Podoloff, otro inmigrante judío ruso, fue el primer presidente de la liga.
Gottlieb, conocido como "Mr. Basketball", llegó a ser propietario de los Warriors y, durante décadas, se encargó de elaborar a mano el calendario de la NBA. La liga bautizó su trofeo al "Novato del Año" en su honor, una distinción que se mantuvo hasta el 2022.
Los Syracuse Nationals fueron uno de los equipos que se incorporaron a la NBA tras la fusión de 1949. Su estrella era Dolph Schayes, nacido en el Bronx e hijo de judíos rumanos. Schayes recordaba que, cuando su madre le contó a una tía que él tenía la intención de dedicarse al baloncesto profesional, esta cuestionó si el baloncesto era una carrera adecuada para un "buen chico judío." Más tarde, Schayes fue seleccionado 12 veces para el All-Star de la NBA y llevó a los Nationals a ganar el campeonato de 1955.
En Boston, Red Auerbach —cuyo padre, de origen judío, emigró desde Rusia— dirigió a los Celtics hacia nueve campeonatos de la NBA entre 1957 y 1966.
Sin embargo, esa notoriedad no protegió a los entrenadores ni a los jugadores judíos del antisemitismo. Ralph Kaplowitz, integrante de los Knicks de 1946, recordaba cómo los aficionados rivales se burlaban de los jugadores judíos gritando: "¡Abe, pásasela a Abe!."
Con el paso del tiempo, la presencia judía en el baloncesto profesional disminuyó. En sus inicios, este deporte no ofrecía una remuneración suficiente para garantizar un sustento seguro. A medida que las familias inmigrantes prosperaban y se trasladaban a los suburbios, sus hijos contaron con un amplio abanico de oportunidades profesionales. La propia liga también estaba cambiando: en 1950, la NBA inició su integración racial y comenzó a atraer, cada vez más, a talentos provenientes de diversos orígenes.
No obstante, los jugadores judíos no han desaparecido por completo. Omri Casspi, ya retirado, se convirtió en el año 2009 en el primer israelí en jugar en la liga. Este año, Deni Avdija, de los Portland Trail Blazers, se ha convertido en el primer israelí en ser seleccionado para el All-Star de la NBA. Además, los Brooklyn Nets cuentan actualmente con dos jugadores judíos: Danny Wolf y Ben Saraf.
En 1946, el auge del baloncesto profesional no estaba garantizado. Ochenta años después, la NBA es un fenómeno global con millones de seguidores. Sin embargo, pocos saben cuánto le debe este deporte a los jugadores, entrenadores y empresarios judíos que ayudaron a poner en marcha el baloncesto. La liga debería brindar a estos pioneros el reconocimiento que merecen.
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