Troy Jackson, candidato demócrata al Senado por Maine, lanzó duras acusaciones contra Israel al calificar sus acciones en Gaza de «genocidio» y llamar «criminal de guerra» al primer ministro Benjamin Netanyahu. Sus declaraciones reflejan hasta qué punto la condena política contra Israel está ganando espacio en el escenario estadounidense, incluso en medio de las amenazas que enfrenta el Estado judío.
Estas acusaciones no pueden analizarse ignorando el contexto: Israel enfrenta a Hamás, una organización terrorista que atacó a civiles y mantiene una amenaza contra su población. Convertir la legítima preocupación por los palestinos en una condena absoluta a Israel, sin exigir al mismo tiempo responsabilidades a Hamás, alimenta un debate profundamente desigual. La seguridad de Israel, su derecho a defenderse y la protección del pueblo judío no pueden quedar subordinados a consignas políticas.

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