JADASHOT / NOTICIAS - 30/11/2020
Desde búsquedas del tesoro hasta recorridos interactivos, los guías de turismo del país se volcaron a la virtualidad para sobrevivir. Y presentan un gran contenido. La nota: https://buff.ly/3l9y8XW
JADASHOT / NOTICIAS - 30/11/2020

Créditos de las imagenes: Adnan Khan.
Un nuevo ciberataque puede engañar a los científicos para que produzcan toxinas peligrosas o virus sintéticos, según los ciber investigadores de Israel.
Los investigadores han descubierto un ataque ciber biológico de extremo a extremo, en el que los biólogos pueden ser engañados para que generen toxinas peligrosas en sus laboratorios.
Según un nuevo artículo recién publicado en Nature Biotechnology, actualmente se cree que un delincuente necesita tener contacto físico con una sustancia peligrosa para producirla y distribuirla.
Sin embargo, el malware podría reemplazar fácilmente una sub cadena corta del ADN en la computadora de un bio-ingeniero para que, sin querer, cree una secuencia productora de toxina.
“Para regular la generación intencional y no intencional de sustancias peligrosas, la mayoría de los proveedores de genes sintéticos examinan los pedidos de ADN, que actualmente es la línea de defensa más eficaz contra tales ataques”, dice Rami Puzis.
California fue el primer estado en 2020 en introducir una legislación de regulación de la compra de genes.
“Sin embargo, fuera del estado, los bioterroristas pueden comprar ADN peligroso de empresas que no examinan los pedidos”, dice Puzis.
“Desafortunadamente, las pautas de detección no se han adaptado para reflejar los desarrollos recientes en biología sintética y guerra cibernética”.
Para los proveedores de ADN permite que los protocolos de detección se eludan mediante un procedimiento de ofuscación genérico que dificulta que el software de detección detecte el ADN que produce la toxina.
“Con esta técnica, nuestros experimentos revelaron que 16 de 50 muestras de ADN ofuscadas no se detectaron cuando se analizaron de acuerdo con las pautas del HHS de ‘mejor coincidencia’”, dice Puzis.
Los investigadores también encontraron que la accesibilidad y la automatización del flujo de trabajo de ingeniería genética sintética, combinada con controles de ciberseguridad insuficientes, permiten que el malware interfiera con los procesos biológicos dentro del laboratorio de la víctima, cerrando el ciclo con la posibilidad de un exploit escrito en una molécula de ADN.
El ataque demuestra una nueva amenaza significativa de código malicioso que altera los procesos biológicos. Aunque existen ataques más simples que pueden dañar los experimentos biológicos, los investigadores han optado por demostrar un escenario que hace uso de múltiples debilidades en tres niveles del flujo de trabajo de bioingeniería: software, detección de bioseguridad y protocolos biológicos.
Este escenario destaca las oportunidades para aplicar los conocimientos sobre ciberseguridad en nuevos contextos como la bioseguridad y la codificación genética.
“Este ataque subraya la necesidad de fortalecer la cadena de suministro de ADN sintético con protecciones contra amenazas ciberbiológicas”, dice Puzis.
“Para abordar estas amenazas, proponemos un algoritmo de detección mejorado que tiene en cuenta la edición de genes in vivo. Esperamos que este documento prepare el escenario para un cribado de secuencias de ADN robusto y resistente al adversario y servicios de producción de genes sintéticos reforzados por la ciberseguridad cuando las normativas locales de todo el mundo apliquen el cribado de bioseguridad “.
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En 1967 –para ser más exacto, el 11 de junio de 1967, el día siguiente a los seis días que le demoró a Israel triunfar sobre los ejércitos de Egipto, Jordania y Siria– todo cambió. A pesar del título del libro que el humorista Efraín Kishón publicó en 1968, Perdón por haber ganado, los izquierdistas no perdonaron a Israel su aplastante victoria.
Hoy, la ultraderecha prácticamente no existe. Si acaso es un puñado de lunáticos a quienes nadie hace caso. El verdadero, genuino, obsesivo, apasionado y elocuente odio a Israel se encuentra hoy en la izquierda, en sus periodistas, columnistas, escritores, artistas, activistas de derechos humanos, académicos y feministas, judíos y no judíos, israelíes y no israelíes. Ese odio tiene relación directa con los niveles de ideologización: cuanto más próximos a la ultraizquierda, más agudo es.
Para la izquierda, la injusticia del mundo se encuentra únicamente en las acciones de Israel. El hecho de que China ocupe el Tíbet y deliberadamente esté alterando su demografía no le interesa ni preocupa. Lo que hace Asad a su propio pueblo no merece un minuto de su tiempo. No protesta cuando los musulmanes masacran a cristianos en Sudán o en Nigeria. Que los palestinos limpien su honor matando mujeres, linchen a los acusados de colaboracionismo y lancen cohetes no contra bases militares sino contra poblaciones civiles, todo eso les parece justificado. No ven conflicto alguno entre la declaración de Mahmud Abbas de que no permitirá la presencia de un solo judío en su futuro estado palestino y el hecho de que en Israel viva un millón de árabes con todos los derechos que les otorga su condición de ciudadanos.
Lo que sigue son algunas razones que explican el odio de la izquierda a Israel:
– La izquierda sólo siente simpatía a los judíos cuando son víctimas. Los judíos con armas, tanques y aviones de combate son harina de otro costal.
– La izquierda es universalista y antinacionalista. Los judíos de Israel son un ejemplo de pueblo que se considera nación.
– La izquierda cree firmemente en el relativismo cultural. Para los izquierdistas no hay una cultura superior a otra. Si, por ejemplo, la cultura islámica permite apedrear a muerte a mujeres acusadas de adulterio, hay que respetar esa expresión cultural y no imponer la tolerancia de Occidente. El hecho de que Israel, un país de cultura occidental, se haya convertido en un lugar próspero y de progreso mientras sus vecinos árabes continúan en el atraso y la pobreza les molesta porque prueba que no todas las culturas son iguales y que la teoría del relativismo cultural está equivocada.
– La izquierda cree en el relativismo moral. Una persona objetiva, si compara a Israel, su democracia, su prensa libre, su sistema de justicia, su manera de absorber inmigrantes sin distinción de origen ni color de piel, su tolerancia y aceptación de los homosexuales, su compromiso con la igualdad entre hombres y mujeres; si compara todo eso con lo que sucede en su vecindario, poblado por regímenes dictatoriales, intolerantes y corruptos, vería que Israel sale mejor parado. Pero los izquierdistas demandan perfección y utilizan distintos baremos para juzgar a Israel y a los árabes. A Israel le exigen todo y le critican todo; a los árabes nada les exigen y nada les critican.
– La izquierda es anticapitalista y antiglobalización, por eso odia al Israel actual, país capitalista, de alta tecnología.
– La izquierda es elitista y totalitaria, y sus ideólogos consideran que son capaces de manejar la sociedad con más inteligencia que la gente ordinaria, a la cual menosprecian. La izquierda, especialmente la ultraizquierda, es básicamente antidemocrática. Israel, con todas sus imperfecciones, es la única democracia en el Medio Oriente.
– El hecho de que Israel se considere un estado judío es prueba de su racismo; no lo es, en cambio, el hecho de que los países árabes se consideren a sí mismos países árabes e islámicos.
– La izquierda, por ignorancia o tergiversación deliberada de la historia, acusa a Israel de ser un estado colonialista. Considera que Israel es una punta de lanza de Occidente en el mundo árabe, ignorando que millones de israelíes descienden de judíos que durante milenios vivieron continuamente en territorios que, posteriormente, fueron conquistados por los árabes; vivieron en ellos, sí, hasta que se vieron obligados a huir o fueron expulsados en 1948 y los años siguientes.
– Algunas iglesias cristianas, de simpatías izquierdistas, tratan de evadir su responsabilidad por el Holocausto (no intervinieron ni protestaron cuando los nazis exterminaban a los judíos) y limpian su conciencia acusando a Israel, el país judío, de terribles crímenes, similares a los de los nazis: genocidio, ocupación brutal y violación de los derechos humanos.
– Las mismas iglesias consideran que atacar a Israel es la mejor forma de defender a la minoría cristiana que vive en los países árabes, frecuentemente discriminada y perseguida.
– La izquierda es antirreligiosa y desprecia a los que se basan en la Biblia, la religión y la historia para justificar el apego de los judíos a la tierra de Israel.
– Es más fácil y menos peligroso criticar a Israel que a los islámicos, como lo demuestran los disturbios causados por las caricaturas de Mahoma y el asesinato del holandés Theo Van Gogh en las calles de Ámsterdam.
– La izquierda se considera a sí misma moralmente superior, y automáticamente simpatiza con y justifica al lado que considera débil, pobre y oprimido; en este caso, a los palestinos. (La Torah defiende a los pobres y oprimidos, pero también advierte a los jueces de que no deben favorecer automáticamente a los pobres debido a su pobreza, sino juzgar cada caso de acuerdo a los hechos: v. Levítico 19:15). Para la izquierda, el lado débil siempre es el bueno, y no se debe criticar sus acciones. Disparar sobre poblaciones civiles y vehículos escolares, esconderse tras escudos humanos, en mezquitas o en hospitales: todo esto se explica, se entiende y se justifica porque, dicen, "es la única forma de que el débil se defienda del fuerte".
Respecto a los judíos de ultraizquierda, antisionistas, favorables al estado único binacional, recordemos que durante la Edad Media los judíos podían escapar de la persecución y discriminación convirtiéndose al cristianismo y liderando, en muchos casos, los ataques contra sus antiguos correligionarios. Esto no fue posible durante la época nazi, cuando el antisemitismo era racial; pero hoy, cuando el antisemitismo religioso ha mutado en antisemitismo ideológico, nuevamente es factible. Es fácil para un izquierdista judío ganar popularidad, aumentar las ventas de sus libros y recibir invitaciones a dar conferencias si es antiisraelí. Sus ataques a Israel ayudan a los izquierdistas no judíos a justificar su odio al estado judío.
Los israelíes antisionistas, muchos de ellos periodistas y académicos, simpatizan con las aspiraciones nacionales de los palestinos y detestan las aspiraciones nacionales de los judíos. Son universalistas y antinacionalistas sólo cuando se trata de Israel y de los judíos, no cuando se trata de los palestinos y de los árabes. Es curioso que, en su afán por destruir Israel como estado judío y sustituirlo por un estado binacional, en el que los árabes tendrían la mayoría demográfica, no se les haya ocurrido pensar cómo vivirían ellos; cómo vivirían en una sociedad antidemocrática, cómo escribirían los que son periodistas y cómo enseñarían los que son académicos en una sociedad regida por la sharia y en la que los no musulmanes fueran considerados dhimmies, ciudadanos de segunda categoría.