Dentro del comercio transatlántico en armas iraníes a cambio de cocaína colombiana
Una condena reciente ofrece una ventana poco común de la red global ilícita que introduce dinero en la República Islámica.
Por Sune Engel Rasmussen
Marzo 28, 2026
Antoine Kassis was found guilty on charges including narco-terrorism conspiracy.Kenya Directorate of Criminal Investigations
En febrero del año pasado, Antoine Kassis se registró en el Windsor Golf Hotel & Country Club, un centro vacacional estilo victoriano una hora al norte de Nairobi. Vistiendo un buzo con capucha que le quedaba grande, con barba incipiente y ojeras, él no se veía como un típido turista de clase alta.
El desaliñado hombre de 58 años, que se hacía pasar por Tony, era primo del recientemente depuesto presidente sirio Bashar al-Assad. El había viajado a Kenia planeando reunirse con un presunto inspecto de armas de un grupo rebelde colombiano y completar un acuerdo de us$14 millones para importar 500 kilos de cocaína a Siria a cambio de armas de grado militar suministradas por Irán y Rusia.
Kassis no sabía que la Agencia Anti-Drogas de EE.UU. (DEA) lo había estado vigilando durante dos años. Mientras esperaba en una cafetería, agentes estadounidenses acompañados por policías de Kenia se aproximaron a él. Dos meses después fue extraditado a EE.UU., poniendo fin a una extensa operación encubierta.
Un tribunal de distrito en Virginia esta semana pasada encontró a Kassis culpable de cargos de conspiración para cometer actos de narcoterrorismo y apoyo a una organización terrorista extranjera—el Ejército de Liberación Nacional colombiano, o ELN—convirtiéndolo en uno de los primeros leales de alto rango de Assad en ser juzgado en un tribunal occidental.
El juicio expuso un esquema que abarcaba cuatro continentes, ofreciendo una rara oportunidad en un comercio transatlántico en armas y drogas entre aliados iraníes en el Medio Oriente, y carteles y grupos rebeldes en Sudamérica.
Kassis no tenía vínculos directos con Irán, pero las armas que ofrecía—incluidos misiles Stingr, drones, granadas propulsadas por cohete y ametralladoras—llegaban desde las reservas suministradas por Irán y Rusia, dijo la fiscalía. La ruta de comercio que usaa fue forjada por la milicia libanesa Hezbola, parte de un imperio criminal global.
El imperio ilícito es una de las formas en que la República Islámica ha ingresado dinero durante décadas mientras estaba bajo sanciones internacionales. En tanto quede alguna semblanza del actual régimen en Teherán, es probable que sus aliados continúen alimentando un comercio global en armas y drogas, particularmente cuando Irán busca recuperarse de la guerra con Israel y Estados Unidos.
“Irán va a duplicar y triplicar un amplio rango de oportunidades de ingresos ilícitos," dijo Matthew Levitt, experto en contraterrorismo de la think tank Washington Institute. “Habrá oportunidades para que Tonys Kassis adicionales encuentren un nicho más grande dentro del cual operar.”
El esquema muestra cómo la violencia de los conflictos y estados fallidos puede hacer metástasis durante años, con consecuencias profundas y distantes. Las armas de la ex Yugoslavia ayudaron a impulsar las guerras civiles libias después del año 2011, alimentando más tarde rebeliones en Mali y a lo largo del Sahel. Las guerras de los Balcanes impulsaron vastos números de armas pequeñas hacia el Medio Oriente, y hacia las manos de pandillas criminales en Europa Occidental.
Los expertos han advertido que los arsenales del ejército de Assad podrían caer en las manos de criminales y terroristas. Como muestra el caso de Kassis, podrían terminar en el patio trasero de Estados Unidos.
Dirigiendo las operaciones extranjeras de Irán está el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, un gigante militar y económico que controla un gran mercado negro internacional que ayuda a Irán a eludir las sanciones y apoyar a las milicias que le son leales.
“Es como un dragón de siete cabezas. Cada cabeza se llama CGRI, pero es independiente de la otra,” dijo Mohsen Sazegara, quien ayudó a fundar la Guardia Revolucionaria en 1979, y ahora es un activista pro-democrático radicado en Estados Unidos.
Hezbola, el aliado extranjero más importante de Irán, durante décadas ha usado las actividades financieras ilícitas en Sudamérica—contrabando, falsificación de documentos y lavado de dinero—para financiar sus actividades y hacerse a sí mismo, y a Irán, resiliente a la presión económica.
“Incluso si hay cambio de régimen en Irán, estos grupos aliados son independientes y pueden dirigirse ellos mismos," dijo Sazegara.
En el 2022, una agente encubierta de la DEA en Colombia llamada “Selma” había infiltrado una red de lavado de dinero con sede en Líbano cuyos clientes incluían al ELN, al Cartel de Sinaloa y a Hamas. Ella llegó hasta el nombre de un importante traficante conectado con el régimen de Assad en Siria haciendo movimientos en las mismas capas criminales que Hezbola: Antoine Kassis.
Durante 18 meses, Kassis usó la red para mover alrededor de us$82.5 millones en criptomonedas, de acuerdo con pruebas en los tribunales.
En septiembre del 2023, la DEA pidió a Selma reunirse con Kassis en Estambul con dos lavadores de dinero y otro agente colombiano haciéndose pasar por inspector de armas. Kassis acordó pagar por 500 kilos de cocaína con dinero en efectivo y armas. Los colombianos marcarían los ladrillos con un símbolo de dragón, inspirado por un brazalete que llevaba Kassis, y enviarlos al puerto sirio de Latakia en un contenedor aparentemente cargado con bananas.
Kassis esgrimió sus credenciales como primo del Presidente Assad—lo que confirmó una identificación fotografiada encontrada en su teléfono tras su arresto—y mostró selfies posando con generales sirios. El dijo que trabajó con la elitista 4ª División Blindada siria, comandanda por el hermano del presidente, Maher, y que el ejército sirio aseguraría el paso seguro para las drogas distribuidas hacia Líbano, Egipto y más allá. El gobierno sirio cargaba us$10,000 por kilo de cocaína a través de Latakia, dijo él, de acuerdo con pruebas de la corte.
El régimen de Assad y Hezbola durante años dirigieron una producción a escala industrial de captagón, una droga económica estilo anfetamina. De acuerdo con evidencia del tribunal, Kassis traficaba cocaína y otras drogas para Hezbola, y dirigía un laboratorio de metanfetamina en Papúa Nueva Guinea.
Ansioso por expandirse en Latinoamérica y seguir en el camino de Monzer al-Kassar, un importante contrabandista de armas sirio que en el 2008 fue atrapado en una operación encubierta estadounidense tratando de vender armas a los rebeldes colombianos FARC, dijo a un amigo: "Reemplacé a Monzer,” testificó el amigo en el tribunal.
En los meses siguientes, la DEA se las arregló que más de us$600,000 en criptomonedas sean convertidos en cuatro envíos de dinero en efectivo a Tanger, Marruecos, y a Accra, Ghana, para pagar a capitanes y pilotos de embarcaciones para transportar drogas y armas.
Mientras tanto, una ofensiva rebelde estaba arreciando a lo largo de Siria. En diciembre del 2024, los rebeldes islámicos derrocaron al Presidente Assad. Kassis, presuntamente preocupado porque las reservas de armas no quedarían disponibles para él, se puso impaciente.
“No escapé,” dijo a sus socios colombianos, de acuerdo con el testimonio de Selma. "Tengo todos los juguetes y cantidades que ustedes necesitan."
Tras semanas de dilación, la DEA arregló que la colombiana se hiciera pasar por interlocutora del ELN para reunirse con Kassis en Kenia a fin de inspeccionar las armas. Agentes de la DEA arrestaron a Kassis horas después de su llegada.
La DEA se negó a hacer comentarios.
Durante su defensa, Kassis afirmó que él no sabía que estaba tratando con una organización terrorista, en gran parte porque él no habla español. El tribunal descartó esto. El enfrenta un mínimo de 20 años en prisión cuando sea sentenciado en julio. Los dos lavadores de dinero, cuya red fue infiltrada, están en Colombia esperando la extradición.
El juicio de Kassis es el segundo en importancia contra un leal a Assad en Estados Unidos, y llegó apenas días después que un tribunal federal en Los Angeles condenara a un ex funcionario carcelario de Assad, Samir Ousman Alsheikh, por cuatro cargos relacionados a su participación en la tortura de prisioneros en la Prisión Adra en Damasco, Siria.
“Es un paso importante hacia la justicia y ajuste de cuentas para la gente que ha vivido durante tanto tiempo con impunidad completa," dijo Mouaz Moustafa, director ejecutivo de la Syrian Emergency Task Force, una organización pro-democracia con sede en Estados Unidos que ayudó a la DEA a investigar a Kassis. “Envía al pueblo sirio un mensaje poderoso de esperanza y justicia.”
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