El régimen iraní es la pieza clave en una red de milicias, tales como el Hezbola de Líbano, el cual sirve como el reto principal para el dominio estadounidense e israelí en la región. Esas milicias, ya debilitadas por los conflictos que siguieron al ataque del 7 de octubre del 2023 contra Israel, proporcionan rutas de tráfico para armas y tecnología para el ejército de Rusia.
Irán, aunque golpeado por semanas de ataques estadounidenses e israelíes, hasta ahora ha demostrado ser resiliente. Ha cerrado efectivamente el Estrecho de Ormuz, donde un quinto del petróleo del mundo fluyó una vez, y ha mantenido los ataques diarios con misiles y drones contra EE.UU. y sus aliados.
Rusia ha estado asesorando a los iraníes basado en su experiencia en la guerra en Ucrania, dándoles guía táctica respecto a cuantos drones deberían ser usados en ataques y desde qué altitudes deberían atacar, ha informado The Wall Street Journal. El consejo de Rusia y la información sobre los blancos se cree que han ayudado a Irán en los ataques contra los sistemas de radar estadounidenses en la región.
La supervivencia potencial del régimen iraní daría a Rusia una posibilidad de mantener un punto de apoyo en el Medio Oriente, uno que es aun más importante cuando ve su influencia desapareciendo en otros lados. También daría a Moscú una posibilidad de mostrar que es capaz de ayudar a sus socios a repeler el poderío militar estadounidense.
Además, Moscú ha buscado usar su apoyo a Irán como una pieza de negociación con Washington. El enviado del Kremlin para negociaciones respecto a Ucrania dijo a los enviados especiales estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner que Rusia dejaría de proporcionar información sobre blancos a Irán si Estados Unidos hiciera lo mismo con Ucrania.
Anteriormente en el segundo mandato de Trump, Rusia pareció reticente a confrontar a Estados Unidos directamente mientras intentaba mantener a la administración Trump en gran medida al margen de la guerra en Ucrania. Pero Moscú ha expresado cada vez más frustración a medida que sus intereses han sido arrasados por las políticas exteriores de Trump.
Las fuerzas estadounidenses han abordado y capturado varios buques cisterna vinculados a Rusia, incluido uno que un funcionario estadounidense dijo que iba a ser escoltado por un submarino ruso y otros activos navales. La captura de ese buque cisterna, ahora conocido como la Marinera, que tenía una bandera rusa pintada a su costado cuando era perseguido, ocurrió a pesar de la advertencia del Ministerio del Exterior ruso de permitirle viajar libremente.
A fin del año pasado, la empresa petrolera estatal rusa Roszarubezhneft recibió una extensión de 15 años en su producción venezolana. Pero el mes pasado, el ministro del exterior ruso Sergei Lavrov dijo que las empresas de su país estaban siendo lentamente sacadas de Venezuela por pedido de Estados Unidos.
“Ellos están tratando abiertamente de sacarnos a nosotros y a nuestras empresas de Venezuela," dijo él en una entrevista con la red de televisión estatal rusa RT.
Tras la intervención de Trump en Sudamérica, Estados Unidos ha intensificado un embargo sobre Cuba. En una señal de posible agitación de Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov dijo que Rusia está preparada para proporcionar ayuda financiera y humanitaria para aliviar la crisis. Un buque cisterna estatal de bandera rusas, el Anatoly Kolodkin, ha estado navegando hacia Cuba, provocando especulación sobre si el buque cisterna podría tratar de quebrar el embargo.
Más lejos, en una banda de regímenes militares sin litoral junto al extremo sur del Sahara—Mali, Burkina Faso y Níger— mercenarios rusos y ayuda militar han demostrado ser incapaces de contener a los grupos yihadistas que han rodeado la capital de Mali y expulsaron al ejército de Burkina Faso de mucho del campo.
Rusia ha permanecido mayormente al margen cuando los gobernantes militares en Mali y Níger reactivaron calladamente el contacto con la administración Trump, la cual ha discutido la ayuda de seguridad. En el 2024, Putin prometió “apoyo total” a sus aliados africanos. En los casi dos años desde entonces, Burkina Faso y Mali han perdido terreno.
Trump incluso ha incursionado en regiones que históricamente han caído bajo la esfera de influencia de Rusia. El año pasado él invitó al presidente armenio Nikol Pashinyan y al presidente azerí Ilham Aliyev a la Casa Blanca, donde intentó resolver las tensiones entre las ex repúblicas soviéticas, las cuales han librado varios conflictos por territorio disputado en su frontera compartida desde la caída de la U.R.S.S.
En el 2023, Azerbaiyán inició una ofensiva que tomó control del territorio de Nagorno-Karabaj nuevamente de un gobierno armenio étnico, mientras las fuerzas rusas de mantenimiento de paz no intervinieron.
Las conversaciones en la Casa Blanca, en las cuales Trump mostró su colección de sombreros a los líderes, fue uno de los primeros intentos por parte de un presidente estadounidense por adentrarse en los temas espinosos de la región.
“En lo que respecta al Cáucaso Sur, casi parece que Trump está deliberadamente pellizcando a los rusos,” dijo Samuel Charap, un politólogo principal en Rand, una think tank enfocada en defensa.
El creciente conflicto entre la política exterior expansiva del Sr. Trump y los propios puntos de apoyo del Kremlin a lo largo del globo ha provocado llamados dentro de Rusia a lidiar de forma más agresiva con Estados Unidos.
“Si no se implementan ahora reformas patrióticas en Rusia, entonces la situación se volverá más impredecible," dijo Alexander Dugin, un nacionalista ruso que ha abogado por un giro duro contra el Occidente que ha sido adoptado por Putin. "Uno por uno, nuestros socios simplemente caerán."
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