Los pavotes por el Comunismo soviético
El martillo y la hoz hacen una aparición en la marcha No Kings (no a los reyes) en New York.
Por Matthew Hennessey
Marzo 30, 2026
Manifestantes de No Kings el 28 de marzo en New York. Photo: Andrea Renault/ZUMA Press
En un mundo mejor, los medios de comunicación tratarían la aparición del martillo y la hoz en las marchas No Kings de este fin de semana de la misma manera en que trataron la aparición de las antorchas decortivas en Charlottesville, Va. Es decir, como prueba que algo anda muy mal en nuestra cultura política.
En el 2017, un pelotón de fanáticos fascistas marcharon a lo largo del césped de la Universidad de Virginia cantando, “Ustedes no nos reemplazarán.” El mundo político entero se escandalizó durante semanas—meses, años incluso. Todavía se están recuperando.
En el 2026, comunistas con kefíehs se congregaron en Times Square de New York coreando, “Sólo una solución, revolución comunista.” ¿Cuánto quieren apostar que nunca escucharán nuevamente sobre ello?
El Comunismo es como el Covid-19: un agente patógeno de relativamente reciente que estará con nosotros para siempre. Como escribió en enero Louise Perry, la columnista de Free Expression, "la moralidad infantil" del comunismo es eternamente atractiva para los jóvenes. Su promesa vacía de un nuevo mundo construido sobre el compartir y la solidaridad apela a la envidia ignorante de la mente no formada. Es cosa de bebés.
Una sociedad que funciona bien educa a sus ciudadanos hasta eliminar esas ideas preconcebidas. Eso no pasa aquí porque las personas que educan tienden a ser simpatizantes comunistas, si no creyentes directamente.
Las generaciones nacidas tras la caída de la Unión Soviética no saben nada de los horrores del comunismo. Para ellos, el martillo y la hoz no es una bandera mala. Es el símbolo de un experimento noble en igualitarismo radical que no llegó a cuajar bien.
Pero los números no mienten. “En total, no menos de 20 millones de ciudadanos soviéticos fueron asesinados por el régimen o murieron como resultado directo de sus políticas represivas," escribió el historiador David Satter para el Journal en el año 2017 en el 100º aniversario de la Revolución Rusa. Eso sólo incluye a las almas desafortunadas que sufrieron la muerte directamente a manos de los secuaces de Joseph Stalin. No incluye a “los millones que murieron en las guerras, epidemias y hambrunas que fueron consecuencias predecibles de las políticas bolcheviques, si no directamente causadas por ellas.”
La matanza y muerte colateral no estuvo confinada a Rusia. Los soviéticos exportaron su ideología asesina a Europa Oriental, China, Cuba, Corea del Norte, Vietnam y Camboya. De acuerdo con el Sr. Satter, el gran total fue de 100 millones de muertos debido al Comunismo.
Un millón de muertes al año durante 100 años. Esa es una factura de carnicería horrible.
Según todos los indicadores disponibles, el comunismo es, como lo describe el Sr. Satter, "la mayor catástrofe en la historia humana." Pero todavía hay jóveness radicales dispuestos a agitar una bandera por él. Como dijo P.T. Barnum en un contexto diferente, nace uno por minuto.
El martillo y la hoz representan la represión y dictadura, el estancamiento y la miseria, la negación de los derechos humanos, lo opuesto al progreso. Es el símbolo de la falta de libertadd, y por lo tanto de la esclavitud. Es un arma letal.
Cuando un estadounidense ve el martillo y la hoz debería sentir el mismo instinto de náusea que cuando ve la esvástica. Que no lo haga—que ponga los ojos en blanco y piense, "Son sólo niños, ya se les pasará”—es un insulto para el recuerdo de los 100 millones. Y sugiere que el gran total tal vez no es la cuenta final.
El Sr. Hennessey es editor de Free Expression.
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