EL EMBAJADOR DE ESTADOS UNIDOS ANTE TURQUIA ESTA SOCAVANDO LOS INTERESES DE ESTADOS UNIDOS
Por Sinan Ciddi y Jonathan Schanzer
Abril 24, 2026
El Embajador de EE.UU. ante Turquía, Tom Barrack, hizo levantar las cejas el fin de semana pasado en el Foro de Diplomacia de Antalya al afirmar, “Turquía no es un país con el que se debe joder,” — un comentario intencionado en culpar a Israel por las tensiones elevadas entre Ankara y Jerusalén. Las presiones sanguíneas aumentaron más después que Barrack igualó a Hezbola e Israel, destacando que ambos eran “iguamente poco fiables.”
No importa que Turquía sea un partidario abierto y descarado de la organización terrorista Hamas que inició la guerra regional en el Medio Oriente el 7 de octubre del 2023. No importa que el gobierno turco lavó miles de millones de dólares en favor del régimen iraní en los años anteriores. No importa que continúa lavando fondos iraníes, aun cuando Estados Unidos está comprometido en hostilidades con el régimen.
¿Por qué el embajador estadounidense está alentando el mal comportamiento? Su trabajo es representar los intereses de Estados Unidos.
El gobierno de Erdogan todavía extiende la alfombra roja a los terroristas de Hamas. El grupo sigue gozando de refugio seguro e impunidad en Turquía. Estambul es el centro financiero clave para el grupo, aun después de la masacre del 7 de octubre. Destacablemente, el gobierno turco sigue actuando como patrón de Hamas, aun tras unirse a la Junta de la Paz de Donald Trump—un organismo ideado para sacar a Hamas del poder en la Franja de Gaza.
En lugar de presionar a Turquía para que corte sus vínculos con la entidad terrorista, Barrack ha aconsejado a Israel que permita que Turquía posicione tropas en Gaza, luego del cese del fuego de octubre del 2025, argumentando que debido a que Ankara tiene “un diálogo con Hamas … eso sería beneficioso … para enfriar la temperatura.”
Mientras siguen aumentando las tensiones regionales entre Estados Unidos y el régimen en Irán, Erdogan ha aclarado su posición: apoyar la continuidad del régimen de los mulahs y asegurar su superrvivencia. Luego de la ola de protestas populares que se extendieron a lo largo de Irán a fin del 2025, Erdogan llamó a su homólogo iraní y lo felicitó por su "manejo" de las protestas. Peor, para advertir a Teherán de los ataques inminentes, Ankara instaló y activó un sistema sofisticado de radar en el aeropuerto de Damasco que podría dar a Irán advertencia temprana de aviones caza volando sobre el espacio aéreo sirio. En los años anteriores, los turcos fueron pescados in fraganti lavando un estimado de us$20,000 millones en dinero en efectivo y oro para el régimen en Teherán. Nuevas sanciones del Departamento del Tesoro emitidas la semana pasada revelaron que Turquía está nuevamente en ello, lavando dinero en favor del régimen criminal de los ayatolas. El Embajador Barrack ha permanecido en silencio.
Hay quienes podrían argumentar que el segundo trabajo de Barrack, enviado estadounidense a Siria, es donde él tiene mayor valor. Con el respaldo decisivo de Turquía, el nuevo gobierno sirio, liderado por Ahmad al-Sharaa, derrocó al régimen de Bashar al-Assad en diciembre del 2024. Trump ahora está trabajando para forjar una Siria estable y unificada. Y él cree que Turquía puede ayudarlo a lograr este objetivo.
Pero los informes sugieren que los turcos están usando al débil e incipiente gobierno sirio para crear una plataforma para posible agresión contra Israel. En el 2025, el gobierno de Ankara transfirió misiles avanzados y sistemas de defensa aérea a Siria. Las tensiones aumentaron durante el año pasado, provocando que Israel condujera operativos militares reducidos en Siria. En lugar de castigar a los turcos por transferir estas armas en primer lugar, Barrack criticó la intervención militar de Israel en Siria como "muy inoportuna” y sugirió que Israel preferiría ver a Siria “fragmentado y dividido en lugar de como un estado central fuerte.”
Desde entonces, Turquía ha sido acusado de apoyar financieramente a Hezbola en Líbano mientras establece puestos de avanzada militar a lo largo de Africa Oriental y acosa a las posiciones griegas y chipriotas a lo largo del Mediterráneo Oriental. No ha habido una palabra de Barrack sobre estas acciones agresivas.
En todo caso, él parece estar alentándolas. Barrack declaró anteriormente este año que es hora de "dar un paso audaz y dar a Erdogan lo que él necesita," que no es"armas o comercio" sino "legitimidad."
Para quienes piensen que el problema se limita al Medio Oriente, no es así. Los vínculos profundos de Ankara con la industria de defensa de Rusia siguen siendo una gran preocupación después que Erdogan adquiriera el sistema de defensa aérea S-400 de Rusia en el 2019 — una medida que resultó en la expulsión de Turquía del programa de los F-35. Los turcos ahora tienen la dudosa distinción de convertirse en el primer miembro de la OTAN sancionado por Estados Unidos por comprar armas a un adversario. Este no fue un malentendido: fue una elección deliberada de privilegiar la cooperación estratégica con Moscú por sobre las obligaciones de la alianza.
Curiosamente, nuestro embajador ante Ankara está trabajando tiempo extra para anular esas sanciones. Y él está trabajando activamente para encontrar formas de ayudar a Turquía a adquirir el F-35. En el Foro de Diplomacia de Antalya, él predijo que sus esfuerzos pronto darían frutos: “ustedes pronto verán que la cuestión de los S-400 ha sido resuelta. Desde la perspectiva de mi jefe, tenerla [a Turquía] aceptada dentro del programa de los F-35 no es un problema.”
A pesar de su postura abierta pro-turca, incluso algunas partes del estamento político turco quieren que se vaya— especialmente el principal partido de la oposición Partido Popular Republicano (CHP), el cual demandó su expulsión como embajador, por sugerir que los mejores sistemas de gobierno en el Medio Oriente son los regímenes autoritarios.
Conceder a los turcos acceso al programa de los F-35 ahora mismo sería sumamente peligroso. Las tensiones entre Turquía e Israel están ahora en un punto máximo histórico. El discurso de Erdogan es tóxico. Si eso desemboca en un conflicto no deseado, la región podría ser incendiada una vez más. Eso es lo último que necesita el Presidente Trump. Hace rato que es necesaria una conversación dura entre el presidente y su embajador.
El mensaje a Tom Barrack es simple. La tarea del embajador estadounidense ante Turquía no es hacer que Ankara se sienta validada; es defender los intereses estadounidenses, sostener las alianzas, y enfrentar a un socio cuyas políticas han empoderado repetidamente a los adversarios de Estados Unidos.
Si el presidente puede dar ese mensaje, hará lo que sus predecesores no han logrado hacer por años: frenar la agresión turca y poner una alianza importante en un nuevo rumbo.
Sinan Ciddi es un miembro principal en temas de Turquía en la Foundation for Defense of Democracies (FDD), donde Jonathan Schanzer es el director ejecutivo.
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