sábado, 4 de abril de 2026

De YNET

 

El caso de 'los tres asesinatos': ¿Acaso la KGB dirigió escuadrones de la muerte en la Israel de la década de 1960?

Un doctor de Tel Aviv, el propietario de una tienda de Ramat Gan y un docente de Kfar Saba fueron asesinados en un período de seis meses utilizando una metralleta Uzi; la policía identificó a un sospechoso, un estudiante de 19 años de edad que ellos dijeron perpetró los asesinatos como parte de su trabajo para los servicios de inteligencia soviéticos, e inició una cacería humana masiva; sesenta y tres años más tarde, el misterio sigue sin ser resuelto.

Por Oded Kramer e Itzik Shasho|

Un asesinato misterioso en el corazón de Tel Aviv dominó los titulares en 1963. El Dr. Shmuel Siegfried Yachman, un médico israelí que trabajaba con la Embajada de EE.UU., estaba caminando tarde de noche con su esposa, Sarah, de camino a casa a su departamento en la Calle Mazeh.
Cuando la pareja llegó a la entrada de su edificio, sonó un disparo repentinamente. El Dr. Yachman fue impactado en el cuello y murió en el lugar. El asesino desapareció en la oscuridad. Nacie, ni siquiera su esposa, logró verlo. 

La policía acudió apresuradamente a la escena en grandes números e inició búsquedas extensas, pero no encontró nada. El único hecho claro era que el Dr. Yachman había sido asesinado con una metralleta Uzi.

Al principio, los investigadores asumieron que era una venganza personal, tal vez involucrando a un ex paciente, pero no lograron sustanciar la teoría. Otras pistas fueron examinadas y tampoco llegaron a nada.

El Shin Bet, entonces todavía conocido como el Sh.B., se unió a la investigación para determinar si el asesinato estaba conectado al trabajo de Yachman con la Embajada de Estados Unidos. Ellos tampoco lograron resolver el caso.
El expediente fue agregado a la lista de asesinatos no resueltos de la policía. Y eso podría haber sido el final de la historia, de no haber sido por otro caso no resuelto en la misma lista, uno que no parecía relacionado, excepto por un detalle: también involucró una Uzi.

El asesinato en el corazón de Ramat Gan

Seis meses antes del asesinato de Yachman, el 15 de noviembre de 1962, a alrededor de las 7 p.m., Moshe Stolero cerró la tienda de libros y de artículos del hogar de su familia.
Stolero, un soltero de 32 años de edad, vivía con sus padres en un departamento arriba de la tienda en la calle Negev en Ramat Gan. Mientras subía las escaleras hacia su casa, un asesino estaba esperando. El hombre armado disparó tres tiros de una Uzi y lo asesinó en el lugar.
El hecho que el dinero de la caja registradora de la tienda estuviera aun en el bolsillo de Stolero descartó de inmediato un robo que salió mal. Pero el asesino desapareció sin dejar un rastro, y la investigación policial no produjo nada.
Tras dos meses pareció haber un avance, al menos en los papeles. Por primera vez, la policía empezó a investigar a un individuo específico. No como sospechoso, sino como alguien con "conocimiento relevante."

Tras meses sin progreso, esto solamente fue considerado una mejora.
El hombre al que la policía estaba buscando era Levi Neufeld, un talentoso estudiante médico de la Universidad Hebrea de 19 años de edad. Sobreviviente del Holocausto que había sido adoptado por una familia en Ramat Gan, Neufeld había luchado con dificultades personales y psicológicas.
En enero de 1963, él dejó su casa, localizada cerca de la residencia de la familia Stolero, y desapareció.
Cuando su familia lo reportó desaparecido, alguien en la policía conectó los puntos: dos  hombres jóvenes del mismo vecindario, uno asesinado, uno desaparecido.
Neufeld se volvió rápidamente el foco de una búsqueda nacional.

Frenesí mediático

Los medios de comunicación israelíes siguieron de cerca el caso Stolero y la búsqueda de Neufeld, convirtiéndolo en una especie de drama en serie.
Una y otra vez, surgieron informes: avistamientos de Neufeld, rumores, relatos de cómo él seguía evadiendo la captura.
Luego llegó la conexión que parecía imposible ignorar.
Tres víctimas, en tres ciudades diferentes, sin ningún motivo aparente, todos asesinados usando la misma arma: una metralleta Uzi.
La prensa empezó a referirse a una “serie de asesinatos,” y aumentaba la ansiedad del público. Los investigadores policiales buscaban un vínculo, mientras empezaban a prosperar las teorías.
La teoría dominante era que la agencia de inteligencia soviética, la KGB, estuvo tras los asesinatos.
Después de todo, el Dr. Yachman había trabajado con los estadounidenses, y otra víctima, Shoshana Chachkes, había visitado recientemente a su madre enferma en la Unión Soviética.
Sólo el asesinato de Stolero quedaba sin explicación dentro de esta teoría de espionaje de la Guerra Fría.

¿Estuvo involucrada la KGB?

La presión sobre la policía se intensificó tras el asesinato de Yachman en Tel Aviv. Ahora había dos asesinatos sin resolver que involucraban una Uzi. Aunque la policía no encontró ninguna conexión entre los casos, los medios de comunicación los trataron como vinculados y continuaron destacando el fracaso en encontrar a Neufeld.

El asesinato en los huertos de Kfar Saba

El rompecabezas se volvió aún más complejo y letal en el verano de 1963.
En las primeras horas del 17 de junio, un atacante desconocido entró a una casa aislada cerca de los huertos en las afueras de Kfar Saba.
Adentro, Deborah Chachkes y su esposo, Fishel, estaban dormidos.
A través de una ventana de la habitación, el atacante disparó una ráfaga de una Uzi, matando a Shoshana e hiriendo de gravedad a su esposo. Una vez más, el asesino desapareció sin dejar ningún rastro, ni casquillos de bala, ninguna evidencia.
Años después, Abraham, el hijo de Shoshana, reveló un detalle que arroja nueva luz sobre el caso. De acuerdo con él, su padre había estado involucrado en redes de escape clandestinas en la Unión Soviética y más tarde continuó trabajando con los servicios de inteligencia israelíes.
Esto plantea la posibilidad que un asesino de la KGB hubiera sido enviado realmente para atacar a Fishel, con Shoshana asesinada simplemente porque estaba a su lado.
La conexión entre los tres casos ahora parecía innegable: tres víctimas diferentes, en tres ciudades diferentes, asesinadas sin motivos claros, todos con la misma arma.
Los medios de comunicación intensificaron la cobertura de la "serie de asesinatos," y el temor del público se profundizó. La policía buscaba vínculos, mientras se multiplicaban las teorías.
Una vez más, la presunción central apuntaba a involucramiento de los servicios de inteligencia soviéticos.

El sospechoso principal

La policía decidió reexaminar toda la evidencia.
Ellos luego descubrieron una conexión entre Neufeld, quien hasta entonces había estado sólo vinculado al caso Stolero, y el Dr. Yachman.
Resulta que Neufeld, había sido amistoso con la hija del doctor.
A partir de ese momento, con fuerte respaldo de los medios de comunicación, Neufeld se volvió el sospechoso principal en los tres asesinatos.
De acuerdo con la teoría policial, el estudiante problemático había sido reclutado por los soviéticos y estaba operando como un escuadrón de asesinato de un solo hombre.
La policía lanzó una cacería humana sin precedentes, nombrada “Campo de Operación,” desplegando alrededor de 1,000 oficiales a lo largo del país.
La prensa, por su parte, amplificó la narrativa, creando una atmósfera en la cual Neufeld fue condenado efectivamente en el tribunal de la opinión pública antes de ser hallado.

Una voz de disenso solitaria

En medio de la histeria pública, se alzó una voz inesperada.
La poetisa Zelda, quien raramente expresaba públicamente sus opiniones, salió en defensa de Neufeld, a pesar de nunca haberlo conocido.
En una carta redactada de forma contundente, ella criticó tanto a la policía como a los medios de comunicación por lo que llamó un "juicio de linchamiento," dejando en claro que ella se negaba a creer en su culpa sin evidencia sólida.

El descubrimiento trágico
Al final, Zelda tuvo razón y el resultado fue profundamente trágico.
El 3 de mayo de 1964, niños que estaban paseando por el barrio Ein Kerem de Jerusalén encontraron los restos de Neufeld en un edificio abandonado. A su lado había una botella de veneno y una nota de suicidio.
Los hallazgos patológicos establecieron más allá de cualquier duda que Neufeld se había quitado la vida antes de los asesinatos de Yachman y Chachkes.
El no podría haber sido el asesino.
La policía fue obligada a limpiar públicamente su nombre y a volver la investigación al primer casillero.
Hasta este día, la identidad del asesino en el caso de los "tres asesinatos" sigue siendo uno de los misterios sin resolver más grandes de Israel.
Años más tarde, Abraham Chachkes reveló el detalle sobre la actividad de inteligencia de su padre, planteando una vez más la posibilidad de un vínculo con la KGB.
Aunque el ex jefe del Shin Bet, Isser Harel, expresó escepticismo en que un asesino extranjero pudiera haber operado en Israel en la época sin ser atrapado, el relato del hijo deja la puerta abierta.
La verdad tras las balas puede todavía estarse ocultando en algún lugar en las sombras.

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