La lección de Corea del Norte para Irán
La diplomacia falló en impedir que Pyongyang obtuviera la bomba. Trump no cometió el mismo error.
Por la Junta Editorial
Abril 3, 2026
El Presidente Trump decidió usar la fuerza militar para impedir que Irán obtenga un arma nuclear después que falló la diplomacia. Esta fue una elección, como los críticos se apresuran a notar, y una arriesgada. Pero la experiencia extrañamente olvidada de Estados Unidos con Corea del Norte sugiere que las alternativas eran aún más riesgosas.
Vale la pena recordar esa historia hoy para mostrar los límites de la diplomacia nuclear con un enemigo determinado, tanto como lo que sucede cuando Estados Unidos pone evitar los conflictos por sobre todo lo demás.
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En 1984 la CIA advirtió que Corea del Norte podría buscar plutonio en grado de armas. Bajo la presión global, el dictador Kim Il Sung se unió al Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT) al año siguiente. Esto fue visto como una señal de la intención pacífica de Pyongyang, aun cuando demoró en adoptar las salvaguardas nucleares.
Corea del Norte continuó avanzando en su programa nuclear. En 1993 negó a los inspectores el acceso a los sitios nucleares camuflados, dejando al mundo preguntándose si tenía plutonio separado para bombas. Enfrentando duras preguntas, Pyongyang anunció que se retiraría del NPT.
La administración Clinton pudo hablar con Kim por un tiempo, pero Pyongyang peleó con la Agencia Internacional de Energía Atómica y en 1994 descargó barras de combustible gastado de su reactor Yongbyon sin monitoreo de la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA). ¿Sería luego reprocesado el combustible para producir plutonio en grado de armas? Nadie sabía.
Bill Clinton amenazó con sanciones. El ejército de EE.UU. trazó planes de ataque contra las instalaciones nucleares, y el Secretario de Defensa Bill Perry presentó un plan para una gran acumulación militar en la región. El Sr. Clinton canceló las conversaciones y desplegó sistemas de defensa de misiles Patriot en Corea del Sur. John McCain respaldó el uso de la fuerza desde el Senado, y la Casa Blanca estaba tendiendo hacia las opciones militares.
Entra en escena Jimmy Carter. El ex presidente informó a la administración Clinton que tenía intención de aceptar una oferta previa de los norcoreanos de visitar y tratar de desactivar la situación. El Sr. Clinton decidió dejar que Carter proceda como un ciudadano privado, pensando que podría dar a Kim una oportunidad de dar marcha atrás. En su lugar, el Sr. Clinton se encontró arrinconado políticamente.
Carter temía al conflicto por sobre todo e incluso se opuso a las sanciones. El fue más allá de lo que había sido autorizado a discutir por el Sr. Clinton y anunció un acuerdo tentativo con Kim--en CNN. La prensa y el establishment de política exterior saludaron la paz nuclear en nuestro tiempo.
Las opciones militares fueron retiradas de la mesa y el Sr. Clinton abrazó el acuerdo, el que se convirtió en el Marco Acordado de 1994. Corea del Norte consentía congelar su trabajo nuclear ilícito y permitir finalmente las inspecciones totales a cambio de un paquete multimillonario en dólares de energía nuclear para uso civil y petróleo. Estados Unidos puso a un lado la pregunta de si Corea del Norte tenía plutonio para una bomba e ignoró sus violaciones del NPT. El régimen se suavizaría con el tiempo con el compromiso económico, dijeron algunos. Aparte, ¿quién quería otra guerra coreana?
Por un tiempo el acuerdo pareció funcionar. Pero en 1996 el científico nuclear rebelde pakistaní A.Q. Khan visitó Pyongyang para ayudar con el enriquecimiento de uranio, un camino alternativo a una bomba que Corea del Norte buscaba de forma encubierta. La investigación para la conversión en arma continuó disimuladamente. La intención del régimen de construir una bomba no cambió nunca.
En el año 2002 la administración George W. Bush confrontó a Corea del Norte por su programa de enriquecimiento, y Pyongyang renegó del Marco Acordado. Kim Jong Il, el hijo de Kim Il Sung, expulsó a los inspectores, se retiró del NPT y reanudó el trabajo en plutonio. El Sr. Bush empleó amenazas, sanciones y diplomacia, pero finalmente descartó el uso de la fuerza. Corea del Norte cuadruplicó sus reservas de plutonio y en el 2006 condujo su primera prueba nuclear.
Después de eso, las opciones militares de EE.UU. se volvieron más riesgosas. Corea del Norte siguió presionando. Ahora se cree que posee unas 50 ojivas, y prueba misiles balísticos intercontinentales (ICBM) que un día podrán llegar al Estados Unidos continental. La última prueba misilística llegó el domingo.
La lección es que los presidentes estadounidenses esperaron demasiado tiempo para detener a Corea del Norte. Siempre se dijo que los riesgos de la guerra eran demasiado elevados, que nunca fue un buen momento, y que siempre hubo otra opción diplomática que agotar. Corea del Norte es ahora una potencia nuclear, lo que significa que podría escalar con efecto devastador en cualquier conflicto.
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Este es más o menos el camino que tomaron al menos cuatro presidentes con Irán. Conversaciones, acuerdos y alivio económico estaban en amplia evidencia, con las sanciones utilizadas como una táctica de negociación, pero sin una amenaza de fuerza creíble. Como Pyongyang, Teherán aceptó un acuerdo que no requería que confesara las actividades nucleares pasadas y dejaba la intacta la infraestructura nuclear para el futuro. El régimen de Irán nunca dejó de buscar la bomba.
Donald Trump es el único presidente que tuvo el coraje de atacar el programa nuclear de Irán y de permitir a Israel hacerlo, en la guerra de los 12 días de junio. El arsenal de misiles iraní que él ahora actúa para degradar tiene su paralelo en la artillería de Corea del Norte, la cual disuadió la acción estadounidense contra el programa nuclear de Pyongyang al apuntar a Seúl.
También en la lista de objetivos de Irán están las reservas enterradas de Irán de material fisible y su sitio de construcción debajo de la Montaña Pickaxe, donde más tarde espera enriquecer el material. Lo anterior quizás puede ser vigilado, pero sería un error terminar la guerra con lo último intacto.
No sabemos cómo terminará el conflicto actual con Irán, pero lo que sí sabemos es que el régimen radical de Irán no tendrá un arma nuclear cuando haya terminado. Esto ha hecho del mundo un lugar más seguro.
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