Un acto que no puede minimizarse.
La destrucción de un memorial del Holocausto en Estonia es vandalismo — pero también es mucho más que eso.
Es un ataque a la memoria, a la historia y al respeto hacia las víctimas.
Cuando se destruyen estos lugares, no solo se daña un monumento: se intenta borrar lo que representa.
Recordar también es una responsabilidad.

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