lunes, 27 de abril de 2026

WSJ

 

El odio a Israel frena a Pakistán

Un país obsesionado con el estado judío es generalmente un país que es incapaz de encauzar sus propios asuntos.

Por Sadanand Dhume

El rol central de Pakistán en las conversaciones de paz de Irán ha dado a la nación sudasiática con armas nucleares una nueva prominencia. Washington tiene razón en dar la bienvenida a la ayuda de Islamabad, especialmente si ayuda a lograr los objetivos estadounidenses, pero los funcionarios estadounidenses no deberían perder de vista un objetivo más grande: desradicalizar la política exterior paquistaní.
Pakistán no puede ser un socio estadounidense a largo plazo a menos que reoriente sus prioridades y se vuelva más preocupado con el bienestar de sus ciudadanos que con defender causas pan-islámicas. Ningún tema ilustra esta preocupación ideológica mejor que la hostilidad visceral de Pakistán hacia Israel.
El rechazo al estado judío es común en el mundo musulmán. Pero en Pakistán a menudo tiene tintes desquiciados. En un tweet este mes (desde entonces borrado), el Ministro de Defensa Khawaja Asif llamó a Israel “una maldición para la humanidad” y un “estado canceroso.”
Los paquistaníes discrepan entre sí en muchas cuestiones—incluidos derechos femeninos, relaciones con EE.UU. e India, y el rol del Islam en la vida pública—pero una abrumadora mayoría rechaza a Israel. Una encuesta del 2023 de Gallup Pakistan encontró que sólo el 2% de los encuestados simpatizaban con el estado judío. En lo que respecta a castigar a Israel, un miembro de la alta sociedad de izquierda en Karachi y un militante islamista de derecha en Peshawar pueden sonar idéntico. Los medios de comunicación paquistaníes parecen preocuparse mucho más por la difícil situación de los musulmanes en Gaza que por los que Pakistán ha bombardeado al lado en Afganistán, o aquellos en la aliada provincia Xinjiang de China.
La hostilidad de Pakistán hacia Israel precede al país mismo. Los líderes del movimiento de Pakistán vincularon su demanda de una patria musulmana en el Sur de Asia con la causa palestina. Si bien India estaba bajo control británico, la Liga Musulmana, liderada por Muhammad Ali Jinnah, el padre de Pakistán, advirtió que los musulmanes indios tratarían a los británicos como "un enemigo del Islam" si fallaban en "alterar su actual política pro-judía en Palestina."
La inconsistencia de defender el establecimiento de un estado musulmán a través de la partición de la India británica mientras se oponía al establecimiento de un estado judío (mucho más chico) a través de la partición de a Palestina del Mandato Británico no parece habérsele ocurrido a Jinnah. En las Naciones Unidas, la nueva nación de Pakistán luchó duro para impedir que Israel llegue a existir. Cerca de 80 años más tarde, Pakistán todavía no reconoce al estado judío. Todo pasaporte paquistaní dice que es "válido para todos los países del mundo excepto Israel." 
Los paquistaníes desde el inicio fueron atraídos por el panislamismo. De acuerdo con el diplomático profesor paquistaní Husain Haqqani del Hudson Institute, el llamado de las élites fundadoras de Pakistán a particionar la India británica en líneas religiosas "hizo necesario que adoptaran las ideas islamistas como parte de su esfuerzo por construir la nación."
La nueva nación islámica—cuyo nombre significa “tierra de los puros”—atrajo inmediatamente a un ecléctico grupo de personajes internacionales, incluidos islamistas y supremacistas musulmanes. El autor y activista Muhammad Asad, un judío austríaco convertido al Islam, representó a Pakistán en la ONU. Dijo Ramadan, un líder de la Hermandad Musulmana egipcia, hizo de Karachi su segundo hogar. Pakistán albergó a Amin al-Husseini, el ex mufti antisemita de Jerusalén que colaboró con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, y apoyó su rol como jefe del Congreso Musulmán Mundial panislamista con sede en Pakistán.
Durante décadas, Pakistán ha extendido una alfombra de bienvenida a los disidentes violentos antiisraelíes y antiestadounidenses. En la década de 1980, Pakistán dio la bienvenida al teórico palestino de la yihad Abdullah Azzam. En el 2011 Estados Unidos descubrió que Osama bin Laden se estaba ocultando a menos de una milla de la principal academia militar de Pakistán. El segundo de Bin Laden, el doctor egipcio Ayman al-Zawahiri, también encontró refugio en Pakistán, como hicieron varios planificadores de los ataques del 11/S.
Pakistán también ha buscado reforzar a los vecinos árabes de Israel. Pilotos paquistaníes supuestamente volaron aviones caza árabes en la Guerra de los Seis Días de 1967 y en la Guerra de Iom Kipur de 1973. El Primer Ministro Zulfiqar Ali Bhutto prometió enviar tropas paquistaníes a Siria para defender al dictador Hafez al-Assad.
Podría parecer que Pakistán no tiene ningún incentivo para cambiar su actitud hacia el estado judío—especialmente cuando el sentimiento antiisraelí aumenta en el Occidente. La Ciudad de New York, la comunidad judía más grande fuera de Israel, es dirigida por un alcalde que ha criticado duramente al estado judío. Demonizar a Israel se ha vuelto popular en la izquierda y en la derecha marginal. Las encuestas muestran que una pluralidad de estadounidenses ahora simpatizan más con los palestinos que con los israelíes.
Sin embargo hay buenas razones para que Pakistán revierta el curso. Dos veces en este siglo los líderes y formadores de opinión paquistaníes han coqueteado con la idea de reconocer a Israel. La primera fue bajo el dictador militar Pervez Musharraf (1999-2008), quien dio un discurso ante una reunión judía en New York y habló de los beneficios estratégicos que Pakistán podría obtener normalizando los lazos con Israel. Muy recientemente, tras los Acuerdos de Abraham del 2020, que normalizaron los lazos entre Israel, los Emiratos Arabes Unidos y Bahréin, entre otros, pocos periodistas paquistaníes plantearon la posibilidad de seguir el ejemplo.
Los paquistaníes a menudo enmarcan la conversación de la normalización como hacer un favor a Israel—y por extensión, a Estados Unidos. En realidad, Islamabad se estaría haciendo un favor. Una obsesión con Israel es a menudo el sello distintivo de un país que no puede encauzar sus propios temas. Con los años, Pakistán se ha vuelto el enfermo del subcontinente indio, dependiente de salvatajes frecuentes del Fondo Monetario Internacional, Arabia Saudita y Catar. Con un ingreso per cápita de us$1,500 de acuerdo con el Banco Mundial, Pakistán compite con Nepal, país sin litoral, por el título del país más pobre en la región.
Para revertir esta situación, Pakistán necesita ver el mundo como es, no como quisiera que sea. Podría aprender de India, la cual echó por la borda la antipatía hacia Israel a principios de la década de 1990, alrededor de la misma época en que abrazaba una perspectiva económica más basada en el mercado.
Tal vez sea poco realista esperar que Pakistán cambie pronto. Pero en tanto la república islámica siga casada con el antisionismo extremista, tendrá dificultades para prosperar en el mundo moderno.

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