miércoles, 20 de mayo de 2026

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¿POR QUE JERUSALEN PERTENECE A LOS JUDIOS? PORQUE LA HISTORIA ASI LO DICE

Por Michael Freund
del Jerusalem Post
Mayo 15, 2026

Cada año en el Día de Jerusalén, cuando las banderas israelíes flamean orgullosamente a lo largo de la línea del horizonte y los judíos celebran la reunificación de su capital eterna, reaparecen inevitablemente las mismas falsedades sobre Jerusalén.
Se nos dice que los judíos no tienen ninguna conexión histórica con la ciudad. Que Jerusalén nunca fue la capital de un estado judío. Que el Templo es una invención sionista. Que Israel es un "ocupante" sin ningún derecho legítimo a la ciudad.
Pero las consignas no son hechos, y la propaganda no es historia. Y la repetición no transforma la ficción en verdad.
Entonces este Día de Jerusalén, en medio del ruido y la distorsión, vale la pena regresar a algo cada vez menos común en las discusiones acerca de Israel: los hechos.
Y los hechos acerca de Jerusalén son abrumadores.

Jerusalén se ha situado en el centro de la vida e identidad judías por más de 3,000 años. Hacia el año 1000 AC, el Rey David hizo de la ciudad la capital del pueblo judío. Su hijo, el Rey Salomón, construyó el Primer Templo allí más de 1,500 años antes de la llegada del Islam. El Segundo Templo se mantuvo por siglos hasta su destrucción por parte de los romanos en el año 70 D.C.

Nuestra conexión no es abstracta, es histórica. Jerusalén es mencionada más de 660 veces en la Biblia, mientras que no es mencionada siquiera una vez en el Corán. Los descubrimientos arqueológicos a lo largo de la Tierra de Israel subrayan más la conexión judía con la ciudad. La Tel Dan Stele, una inscripción antigua descubierta en el norte de Israel en 1993, contiene la referencia bíblica más temprana conocida a la "Casa de David," porporcionando poderosa evidencia histórica de la dinastía davídica descripta en las escrituras.
Y la Inscripción de Siloam, descubierta en Jerusalén en 1880, conmemora la finalización del tunel de agua del Rey Jizkiahu en el siglo VIII A.C. y fue escrita en hebreo antiguo, proporcionando prueba directa de la vida y gobierno judíos organizados en la ciudad durante la época del Primer Templo.
De hecho, ningún otro pueblo en la historia hizo jamás de Jerusalén su capital nacional, excepto por los judíos. No los romanos. No los bizantinos. No los otomanos. No los británicos. Y ciertamente no los palestinos.
El vínculo judío con Jerusalén nunca fue meramente simbólico. Fue continuo, tangible y persistente.
Durante cerca de dos milenios de exilio, los judíos rezaron mirando hacia Jerusalén tres veces al día. En cada Seder de Pesaj ellos proclamaron, "El año que viene en Jerusalén." En las bodas, fue hecha añicos una copa para llorar por la destrucción de la ciudad.
Y a pesar de las expulsiones, masacres, y control extranjero, los judíos mantuvieron una presencia continua en la ciudad. Aun tras la expulsión romana y las masacres de los cruzados, persistieron comunidades judías chicas. En 1488, por ejemplo, el famoso rabino italiano Obadiah de Bartenura, cuyos comentarios autorizados sobre la Mishná son estudiados hasta hoy día, encontró vida judía activa en Jerusalén a su llegada.
De hecho, para mediados del siglo XIX, décadas antes del surgimiento del moderno sionismo político y mucho antes del establecimiento del Estado de Israel, los judíos ya se habían vuelto el grupo poblacional más grande en Jerusalén.
Los números cuentan la historia claramente.
La población judía de Jerusalén era de aproximadamente 7,120 en 1844. Para 1876, la población judía había aumentado a aproximadamente 12,000. Para principios del siglo XX, los judíos formaban una clara mayoría.
Estos no son puntos de conversación políticos. Son realidades históricas.
Tampoco la inmigración judía a la Tierra de Israel fue algún fenómeno repentino del siglo XX. Los registros históricos indican que para principios del siglo XIX, más de 10,000 judíos ya vivían en la tierra. Para 1890, la población judía había aumentado a aproximadamente 43,000, y para 1914 había alcanzado aproximadamente los 94,000.
En otras palabras, el retorno judío a Sión ya estaba en marcha mucho antes de Theodor Herzl, mucho antes del Mandato Británico, y mucho antes del conflicto moderno.
Las pruebas son imposibles de ignorar.
A pesar de esta montaña de evidencias, los intentos por borrar la historia judía en Jerusalén continúan sin disminución.
Los líderes palestinos niegan como cosa de rutina que los Templos judíos hayan existido alguna vez sobre el Monte del Templo, a pesar de la abrumadora prueba arqueológica e histórica. Organismos internacionales han aprobado resoluciones refiriéndose al sitio más santo del Judaísmo únicamente por sus nombres musulmanes, como si siglos de apego judío pudieran simplemente ser hechos a un lado por la legislación.
Esto es revisionismo histórico. Pero la arqueología misma demuele estas falsedades.
Las excavaciones a lo largo de Jerusalén han descubierto monedas judías antiguas, inscripciones en hebreo, sellos reales, y restos de los períodos del Primer y Segundo Templo. Los historiadores antiguos, tales como Josefo, documentaron la destrucción del Segundo Templo en detalles vívidos. Incluso las imágenes triunfales romanas, muy célebremente el Arco de Tito en Roma, describen a los cautivos judíos cargando la menorá del Templo hacia el exilio.
Los hechos no dejan de existir simplemente porque los ideólogos antiisraelíes busquen borrarlos.
Tampoco nadie debería olvidar lo que sucedió cuando Jerusalén estuvo dividida entre 1948 y 1967 bajo el control jordano.

Durante esos 19 años, los judíos fueron proscriptos completamente de acceder al Muro Occidental y al Barrio Judío de la Ciudad Vieja, a pesar de las garantías explícitas en los acuerdos de armisticio de 1949. Cincuenta y ocho sinagogas en el Barrio Judío fueron destruidas o dañadas por los jordanos. Las lápidas antiguas en el Monte de los Olivos, que algunas se remontaban a siglos atrás, fueron profanadas y utilizadas para caminos, campamentos militares, e incluso letrinas.

La reunificación de la ciudad en 1967 puso fin a 19 años de control jordano de Jerusalén oriental, con la anexión por parte del Reino Hachemita habiendo sido reconocida por sólo dos países.
Sin embargo, de alguna manera es Israel la que ahora se encuentra acusada de restringir la libertad religiosa.
La verdad es precisamente lo opuesto.
Desde que se reunificó Jerusalén en junio de 1967, después que Jordania se uniera a la Guerra de los Seis Días, Israel ha salvaguardado el acceso a los sitios santos para todos los credos. Los musulmanes rezan libremente en la Mezquita al-Aqsa. Los cristianos mantienen iglesias e instituciones a lo largo de la ciudad. Jerusalén, bajo soberanía israelí, se ha vuelto una de las pocas ciudades en el Medio Oriente donde judíos, cristianos y musulmanes tienen todos libertad religiosa genuina protegida por la ley.
La ciudad misma refleja esa vitalidad.
Hoy, Jerusalén es hogar de cerca de un millón de residentes, haciéndola la ciudad más grande de Israel. Es hogar de más de 1,000 sinagogas, cientos de iglesias, y docenas de mezquitas. Es el asiento del parlamento, Corte Suprema, e instituciones nacionales de Israel. Es una capital viva y próspera, no una reliquia del recuerdo antiguo.
Y eso es finalmente lo que representa el Día de Jerusalén.
No es meramente el aniversario de una victoria militar. Es la celebración de un pueblo antiguo regresando a su corazón histórico tras siglos de dispersión y anhelo.
Cuando los paracaidistas israelíes llegaron al Muro Occidental en junio de 1967, el comandante Motta Gur declaró de forma célebre, "El Monte del Templo está en nuestras manos." En ese momento, la historia judía completó el círculo.

Jerusalén no fue conquistada en 1967. Fue liberada y recuperada.

En una época en que las mentiras acerca de Israel se extienden con velocidad alarmante a lo largo de los campus, redes sociales y foros internacionales, es más importante que nunca defender sin disculpas la verdad.

Jerusalén es la capital del pueblo judío porque la historia así lo dice. La arqueología así lo dice. La demografía así lo dice. Y 3,000 años de recuerdo judío ininterrumpido así lo dicen.

Los hechos están allí para cualquiera que esté dispuesto a verlos.

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