REABRIR EL ESTRECHO DE ORMUZ ES AHORA LA PRIORIDAD EN LA GUERRA DE IRAN
El régimen ha concluido que la capacidad de controlar la ruta es su boleto a la supervivencia y al rejuvenecimiento.
Por Reuel Marc Gerecht y Ray Takeyh
Iranian worshipers pray at Tehran University under portraits of the late ayatollah and military officials killed during the U.S.-Israeli campaign, April 24. Vahid Salemi/Associated Press
La guerra de Estados Unidos con Irán ya ha transformado el Medio Oriente. Durante años, el régimen clerical de la República Islámica se jactó que podía estrangular el Golfo Pérsico. Pero se abstuvo de hacerlo, temeroso de la represalia estadounidense.
Dos campañas de bombardeo enormemente destructivas en ocho meses alteraron los cálculos de Irán. Ni su programa de armas nucleares ni sus misiles balísticos disuadieron a Estados Unidos e Israel. La batalla de hoy por el Estrecho de Ormuz ofrece a la República Islámica una oportunidad de resucitar sus suertes y humillar a Estados Unidos. Para Teherán, controlar la vía fluvial seguramente ahora tiene precedencia por sobre avanzar en sus dañadas ambiciones atómicas.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica es el actor más consecuencial en la política caótica de tiempos de guerra de Irán. Javan, un diario que sirve como un portavoz del CGRI, publicó hace poco un escenario para el rejuvenecimiento económico: "La dependencia crucial de la economía mundial de esta ruta hace esta fuente de ingresos absolutamente inaceptable y cambia la estructura de la economía política de Irán de las ventas de petróleo crudo al ingreso por el tránsito sostenible." Los peajes se han vuelto una herramienta esencial que Irán impone selectivamente. Los barcos chinos pueden no tener que pagar, pero los europeos y otros seguramente lo harán.
Igualmente importante, el régimen aprendió que puede infligir serio dolor económico contra sus enemigos con misiles, drones, minas y otras tecnologías establecidas. Es improbable que la República Islámica renuncie pacíficamente a esta influencia. Irán ahora aprecia agudamente la fragilidad de sus vecinos. Las economías árabes del golfo fueron levantadas bajo el paraguas de la hegemonía estadounidense. Eliminen eso—y la libertad de navegación que va con ella—y los estados del golfo inevitablemente irán suplicando a Teherán. A pesar del armamento occidental en manos saudíes y emiratíes, sin intervención estadounidense los iraníes ganarán cualquier disputa de guerra con los árabes suníes.
Las aspiraciones israelíes para la reorganización regional—idealmente una expansión de los Acuerdos de Abraham—probablemente se desvanecerán a menos que Teherán pierda el control del estrecho. La administración Trump, como sus predecesoras, se ha concentrado en gran medida en la cuestión nuclear y sólo secundariamente en los misiles de Irán. La guerra económica—el bloqueo y las sanciones—se supone que de a EE.UU. influencia en las conversaciones nucleares.
Para la élite gobernante de Irán, la bomba es todavía la forma ideal de asegurar la influencia regional de la República Islámica mientras protege la patria de los operativos estadounidenses y sionistas. Pero la infraestructura nuclear está muy golpeada y el régimen está demasiado inestable como para apresurarse a desarrollar la bomba. Teherán necesita tiempo, dinero y disuasión.
Controlar el estrecho puede darle los tres. Construir un arma nuclear y manipular la vía fluvial son dos partes de la misma moneda. Lo primero probablemente no sucederá sin lo segundo. El objetivo principal de EE.UU., entonces, debe ser reabrir el estrecho.
El Secretario de Estado Marco Rubio parece entender la importancia de Ormuz, diciendo: “Esas son vías fluviales internacionales. Ellos no pueden normalizar, ni nosotros podemos tolerar que traten de normalizar, un sistema en el cual los iraníes decidan quien puede usar una vía fluvial internacional y cuánto tienes que pagar para utilizarla."
Lo que el Sr. Rubio puede entender pero no dijo es que esto significa que EE.UU. está atascado en el Golfo Pérsico garantizando el paso seguro en tanto dure el régimen iraní. Significa también que estamos obligados a proteger, como mínimo, a Arabia Saudita y los Emiratos Arabes Unidos de los ataques con misiles y drones contra la infraestructura de energía e hídrica, que pueden producirse si el bloqueo empieza a debilitar al régimen iraní o si el Sr. Trump empieza a bombardear Persia hasta sumirla en la oscuridad.
No importa lo que suceda, el precio del petróleo seguirá siendo elevado—pero no tan elevado como si el estrecho no es abierto. Tomará tiempo para que el comercio global recupere su confianza en el compromiso de EE.UU. con la vía fluvial. Probablemente habrá enfrentamientos entre la Armada de EE.UU. y las fuerzas armadas iraníes.
Si la República Islámica puede poner sus manos sobre los misiles crucero avanzados rusos o chinos, mantener la libertad de navegación se volverá un asunto sangriento y angustiante. Sin embargo, es enteramente posible que la teocracia se quiebre. Todos los países tienen un punto de quiebre económico. La seria dificultad económica—mucho peor de lo que Irán experimentó durante la guerra entre Irán e Irak—pronto azotará al régimen. Otra insurrección puede todavía derrocar a los mulahs y al CGRI.
Los regímenes autoritarios siempre parecen indomables hasta que no lo son. Pero la República Islámica ha demostrado una resiliencia que debería dejarnos cautelosos de los arreglos rápidos. La "economía de la resistencia" del régimen, diseñada para estar protegida de la presión por parte de otros países, está en su cuarta década. Además, la élite revolucionaria se ve como la vanguardia del Todopoderoso.
Dadas las repetidas insurrecciones, el obvio afecto del pueblo iraní por las formas occidentales, y la convicción plagada de teorías de conspiración dentro del régimen que EE.UU. ha alimentado y guiado los levantamientos internos, los gobernantes de Irán y sus seguidores se ven como el último reducto contra la falta de fe.
Si el régimen no se quiebra, podríamos estar en una larga lucha que requerirá compromiso, paciencia, y disciplina a lo largo del gobierno de Estados Unidos.
El Sr. Gerecht es profesor residente en la Foundation for Defense of Democracies. El Sr. Takeyh es un miembro principal en el Council on Foreign Relations.
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