domingo, 7 de junio de 2026

DEL BLOG DE AMIT SEGAL

 

Es mediodía en Israel: La ilusión del desarme


Es miércoles 3 de junio, y el nuevo "alto al fuego" con Hezbola apenas duró 24 horas antes que un dron fuera interceptado sobre la ciudad israelí del norte de Kiryat Shmona esta mañana. Basados en la fórmula de disuasión que Israel anunció al inicio de este acuerdo, deberíamos esperar ataques en represalia contra los bastiones de Hezbola en Dahiya en breve.
Esto llega un día después que concluyera otra ronda de conversaciones entre los embajadores israelí y libanés en Washington. El resultado fue completamente predecible: el libanés pasó el tiempo obsesionado por los síntomas mientras evitaba desesperadamente cualquier discusión seria sobre la enfermedad.
Un funcionario libanés dijo a Reuters que ellos estaban proponiendo un enfoque en fases para perpetuar el cese del fuego basados en "zonas piloto"—áreas geográficas específicas donde las hostilidades se detendrían, las tropas israelíes se retirarían, y los soldados libaneses se desplegarían, construyendo gradualmente una tregua nacional. Parece que los libaneses han caído en el mismo error común en el Occidente: asumir que el objetivo d cualquier cese del fuego es el cese del fuego en sí, en lugar de los objetivos bélicos que está deteniendo. El objetivo no ha cambido y ciertamente no será logrado a través de "zonas piloto": destruir a Hezbola.
Esta parálisis no es nueva para el gobierno libanés. A pesar de votar tres veces por desarmar a Hezbola desde el verano del 2025, poco ha cambiado realmente en el terreno. La piedra angular de estos esfuerzos—el "Plan Escudo de la Patria" de agosto del 2025—prometió traer progresivamente todas las armas bajo control estatal para fin de año. Pero, como quedó evidenciado por el hecho que ahora estamos en junio, la ejecución ha seguido siendo completamente superficial. Si bien las Fuerzas Armadas Libanesas proclamaron la zona al sur del Río Litano despejadas de infraestructura de Hezbola en enero, ellos eludieron deliberadamente las masivas redes de túneles y plantas de drones para evitar la confrontación.
Esta fachada es mantenida por la extrema aversión al riesgo del comandante de las Fuerzas Armadas Libanesas, Gen. Rodolphe Haykal, y la profunda influencia institucional de Hezbola sobre el ejército; el grupo ha tenido un veto efectivo sobre el ejército durante décadas y todavía mantiene alianzas críticas dentro de él. El punto de quiebre llegó en marzo cuando Hezbola arrastró al país de regreso a la guerra. El gabinete civil ordenó formalmente a las Fuerzas Armadas Libanesas detenr las operaciones militares de la milicia. En su lugar, Haykal actuó por su cuenta, emitiendo una directiva que reflejaba el propio discurso de Hezbola priorizando la "unión nacional" y resistiendo la agresión israelí acerca de desmantelar la infraestructura del grupo. A pesar de numerosos llamados de EE.UU., Francia, y Arabia Saudita a echar al comandantes rebelde, no ha sido tomada ninguna acción disciplinaria, ya que el gabinete teme un motín militar y el fantasma eterno de la guerra civil.
Haykal no es el único amigo de Hezbola adentro. El Presidente del Parlamento, Nabih Berri, actúa como su facilitador político, funcionando efectivamente como el ala diplomática de la organización—después de todo fue Berri quien negoció este cese del fuego actual. Mediante su maniobra política, Hezbola mantiene un nudo de ahorque sobre sectores estatales vitales como el Ministerio de Finanzas y el Directorio de Seguridad General. Esta captura institucional proporciona las herramientas necesarias para permitir que us$1,000 millones en financiación iraní se deslizaran exitosamente durante el año pasado, mientras también sostenían la floreciente economía clandestina de us$18,000 millones del grupo terrorista.
El cisma entre los decretos oficiales y la realidad en el terreno de Líbano es enorme. Aunque el Gabinete libanés emitió órdenes formales en marzo de arrestar y deportar a agentes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, la organización sólo se ha afianzado más. Para sostener a su aliado después que Israel decapitó a la mayoría de su liderazgo, las fuerzas iraníes han asumido esencialmente el control directo de Hezbola, desplegando cientos de sus propios oficiales junto a combatientes sirios e iraquíes para reconstruir la milicia destrozada. Bajo este mando iraní directo, la estrategia es sensilla: asegurar la supervivencia de Hezbola rechazando directamente el desarme, aprovechar la parálisis del estado libanés para recuperar su arsenal, y mantener una línea de base de confrontación que priorice intensificar la agresión contra los rivales libaneses locales por sobre la guerra total con Israel.
Debajo del teatro diplomático de ayer en Washington se encuentra una realidad que los patrocinantes internacionales de Líbano se niegan a enfrentar: el estado libanés no desmantelará a Hezbola. Beirut simplemente carece de la voluntad institucional y la fuerza política necesarias para reclamar su propia soberanía. Pero para Israel, la incompetencia ya no es más una coartada aceptable.
Si el gobierno libanés continúa su ciclo interminable de evasión y demora, las consecuencias serán cinéticas. El sur de Líbano será arrasado, aldea por aldea, con su infraestructura reducida a escombros para neutralizar la amenaza de Hezbola. Cuanto antes acepten esto los que tienen acciones en Líbano de París, Riad, y Beirut, más pronto puede ser realmente forjado un caino genuino a la estabilidad.

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