La ecuación que Irán quiso imponer, un nuevo error de cálculo que muestra la fuerza de Israel
Por Dani Lerer
Durante años, Irán construyó una arquitectura regional basada en un principio simple: combatir a Israel sin pagar el costo directo de una guerra. Para eso creó, financió y armó una red de organizaciones satélite, verdaderos brazos ejecutores de su política exterior. Entre ellos, Hezbolláh ocupa un lugar central.
Lo que ocurrió en los últimos días deja al descubierto un cambio de escenario. Y, sobre todo, un intento iraní de establecer una nueva ecuación estratégica.
La secuencia es clara.
Hezbolláh viola reiteradamente el alto el fuego y ataca territorio israelí. Israel responde con fuerza sobre posiciones de la organización terrorista en el Líbano. Entonces Irán decide intervenir directamente y atacar a Israel como represalia por esas operaciones.
El mensaje es evidente: cualquier acción israelí contra Hezbolláh será considerada una agresión contra la República Islámica.
Es una doctrina de inmunidad para sus proxies.
Y es precisamente esa ecuación la que Israel no puede permitirse aceptar.
Ningún Estado soberano renunciaría a proteger a cientos de miles de ciudadanos que viven bajo amenaza permanente de misiles y drones. Desde hace meses, las comunidades del norte de Israel conviven con una situación que ningún país occidental toleraría. La obligación primaria de cualquier gobierno es garantizar la seguridad de su población.
Por eso Israel seguirá atacando posiciones de Hezbolláh. No hacerlo equivaldría a aceptar que una organización terrorista respaldada por Teherán tenga poder de veto sobre la seguridad israelí.
Irán, sin embargo, decidió ir un paso más allá.
En lugar de mantener la guerra a través de terceros, eligió involucrarse de manera abierta. Apostó a que Israel limitaría su respuesta para evitar una escalada regional. Apostó a que el temor internacional a un conflicto mayor actuaría como un freno.
Y se equivocó.
Porque si la nueva ecuación que propone Teherán es: "Israel golpea a Hezbolláh, Irán ataca a Israel", la respuesta israelí parece orientarse a establecer exactamente la contraria: "Si Irán interviene directamente, el costo lo pagará el propio régimen iraní".
En otras palabras, el escudo de los proxies deja de existir.
Este punto es central para entender la dinámica actual. No se trata únicamente de un intercambio militar. Se está definiendo quién fija las reglas de disuasión en Medio Oriente.
Durante décadas, la estrategia iraní consistió en proyectar poder a través de organizaciones terroristas repartidas por toda la región, reduciendo su propia exposición. La lógica era simple: que otros peleen sus guerras.
Pero cuando esos actores atacan, rompen acuerdos de cese del fuego y generan una respuesta militar, resulta insostenible pretender que el patrocinador permanezca completamente al margen de las consecuencias.
Hay, además, otro elemento que no puede ignorarse: la batalla narrativa.
En demasiadas ocasiones se presenta el conflicto como una reacción aislada de Israel, desconectada de los ataques previos. Se invisibiliza que Hezbolláh ha violado el alto el fuego y se omite deliberadamente el rol de Irán como principal sostén financiero, militar y político de esa organización.
La desinformación no consiste solamente en difundir noticias falsas. También consiste en eliminar contexto.
Y cuando se elimina el contexto, el agresor puede convertirse en víctima y la defensa puede presentarse como provocación.
Lo que estamos viendo hoy es mucho más que una escalada militar. Es una disputa por las reglas del juego en la región.
Irán intentó imponer una nueva realidad estratégica.
Israel demostró no estar dispuesto a aceptarla.

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