Israel está luchando por su supervivencia en Líbano
El estado judío no tiene el lujo de dar por sentada su propia seguridad.

Experimento mental. Digamos que eres el líder de una pequeña democracia con enemigos decididos a destruirte visibles a simple vista al otro lado de tu frontera al norte. Digamos que ellos ya habían disparado muchos cientos de cohetes hacia tus ciudades, cobrándose vidas y causando evacuaciones masivas.
Digamos que la O.N.U. ordenó al enemigo en cuestión retirarse de la frontera y deponer sus armas en el año 2006. Digamos que había ignorado totalmente esa resolución del Consejo de Seguridad de la O.N.U., sin ninguna consecuencia o lo que se le parezca. Digamos que el enemigo estaba inserto tan profundamente en ese territorio al norte que su propio gobierno era impotente para desalojarlo, y había pruebas que ellos estaban planeando una masacre a escala medieval.
Digamos que tu país ya había sufrido la peor atrocidad terrorista imaginable en el sur hace tres años, trayéndote cara a cara con la locura de hacer la vista gorda mientras tus enemigos preparan sus ataques. Digamos que la comunidad internacional no había levantado un dedo para ayudar, sino que en su lugar te había condenado en todo escenario posible mientras tú luchabas por defenderte.
Sin ninguna alternativa a la vista, digamos que tomaste la única decisión razonable: enviar tus tropas para degradar al enemigo norteño y permitir que tu gente viva sus vidas a salvo. Digamos que Yvette Cooper, secretaria del exterior de Gran Bretaña, respondió demandando que detengas tu 'escalada militar', mientras también clamó que tu enemigo debe 'desarmarse', pero sin ofrecer ninguna idea de cómo hacer que eso suceda, ni ningún compromiso para que se cumpla.
¿Cómo responderías? Primero, yo apostaría, pondrías los ojos en blanco ante la autocomplacencia vanidosa de la Gran Bretaña moderna, la cual está más preocupada por emitir declaraciones que no significan nada – pero suenan bien – que comprometerse realmente con el mundo real. En segundo lugar, ordenarías que tus tropas sigan luchando.
Los lectores más perspicaces ya se habrán dado cuenta que los he estado poniendo astutamente en los zapatos el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, mientras su ejército combate a Hezbola en Líbano. Ese siempre ha sido el problema: todos dicen a Israel lo que no puede hacer, pero nadie ofrece una alternativa realista. Ayer llegó otro ejemplo, cuando en una agitada conversación telefónica, el presidente estadounidense Donald Trump según se informa llamó a Netanyahu 'maldito loco' – ¿el muerto se ríe del degollado? – y exigió que reduzca el ataque. El mundo odia al líder israelí y a su país, despotricó Trump (¿otra vez el muerto se ríe del degollado?) mientras le advertía que no tome ninguna acción que pondría en peligro la negociaciones delicadas con los benditos iraníes.
Al inicio de la campaña en Irán, se habló mucho de los objetivos bélicos supuestamente diferentes por parte de Washington y Jerusalén. En gran medida, esto fue producto de los especuladores que anhelaban una humillación aliada más que la derrota del peor régimen en el mundo. En Líbano, no obstante, ahora vemos que los intereses de los dos socios empiezan a diverger mientras Trump se desespera cada vez más por un acuerdo con Teherán, mientras que la prioridad de Netanyahu sigue siendo la que siempre ha sido: la supervivencia.
Su propia supervivencia política, tal vez – pero más fundamentalmente, la supervivencia de su pueblo. Esto es algo que es difícil de transmitir a públicos que viven en las 'democracias de la comodidad', donde no hemos conocido nada más que problemas del primer mundo desde el instante en que respiramos por primera vez. Ese lujo nos permite pararnos firmes sin miedo a los disparos de francotiradores y criticar impunemente.
¿Alguna vez Yvette Cooper ha tenido que ir a la cama con miedo a los ataques aéreos durante la noche? ¿O preocupándose que sus hijos sean asesinados por yihadistas estacionados a apenas algunas millas de distancia? No, la tribulación más grande que ella ha sufrido es estar casada con Ed Balls. Esta es la razón por la cual, para un sentido verdadero de moralidad, debemos posar nuestros ojos en esas democracias batalladas y sus aliados que saben lo que significa enfrentar a la tiranía.
El pueblo iraní y los ucranianos, por ejemplo, son ambos firmes partidarios de Israel. Somalilandia, que enfrenta a un enemigo dominado por los yihadistas al sur en la forma de Somalia, es también un amigo cercano del estado judío. Incluso Finlandia, que está en la línea del frente con Rusia, es más pro-israelí que sus vecinos nórdicos, y una historia similar puede ser contada sobre Grecia, la cual vive a la sombra de una Turquía cada vez más islamista y neo-otomana.
Tal vez Trump no tenga enteramente razón acerca de que todo país en el mundo odia a Israel. Mi esperanza – si ustedes pueden llamarla esperanza – es que cuando los perros de la guerra lleguen a ladrar a las puertas de Europa occidental, nuestras prioridades serán revisadas forzosamente, nos curaremos de nuestra israelofobia lujosa y una alianza más fuerte con el estado judío parecerá más sabia.
Mientras tanto, Israel lucha sola en Líbano. Lo que es una gran vergüenza, ya que para que Hezbola sea erradicado de una vez por todas, políticamente tanto como militarmente, un día será vital el aporte de la comunidad internacional. Mucho de esto es nuestra culpa, en otras palabras. Es nuestra culpa.
Jake Wallis Simons es co-presentador de The Brink, con el ex oficial del regimiento de paracaidistas Andrew Fox.
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