Lo que ha logrado Estados Unidos en Irán
El régimen es mucho más débil, y el tiempo está del lado de Estados Unidos y sus aliados que quieren una región más estable.
Por Condoleezza Rice
Junio 3, 2026
La guerra contra Irán ha sido una guerra limitada, y su resultado es probable que no sea concluyente. Pero ha conseguido suficiente como para producir un Medio Oriente mucho mejor.
La campaña militar de tres meses degradó la capacidad de Irán de proyectar fuerza dañando significativamente sus fuerzas convencionales, reservas de misiles y aliados.
Acercó más a EE.UU., Israel y los estados árabes a través de la cooperación en defensa e intercambio de inteligencia. En este sentido, Israel nunca ha estado más segura. Israel respondió furiosamente al ataque terrorista del 7 de octubre del 2023, y bombardeó a los satélites iraníes, incluidos Hezbola y Hamas, que amenazan a su población. Garantizar el apoyo internacional para sus campañas continuadas para lidiar con esa amenaza sigue siendo una dificultad económica para Jerusalén. Pero muchos regímenes árabes ya no cuestionan más la legitimidad de Israel; en su lugar, ellos buscan los beneficios de la cooperación tecnológica y económica con Israel. La modernización es su motivación más fuerte.
La guerra demostró que los líderes del régimen iraní eran físicamente vulnerables al poder militar estadounidense y a la inteligencia aliada. También mostró que aunque Irán puede cerrar el Estrecho de Ormuz, esa influencia es limitada, ya que el bloqueo estadounidense confrontó a Irán con la perspectiva de serio daño económico a cambio.
La guerra también tuvo consecuencias globales. Mostró que China no es amigo del mundo árabe, ya que Beijing observó desde los márgenes como Irán atacó la infraestructura económica de la región. Ucrania, que usó sus capacidades defensivas avanzadas para apoyar la campaña bélica contra Irán, demostró que es un activo para Estados Unidos y sus aliados. Dadas las crecientes pérdidas estratégicas de Rusia—Siria, Venezuela, posiblemente Cuba y en el campo de batalla en Ucrania—este es el momento para presionar la ventaja en favor de Kiev.
Lo más importante, junto con Operación Martillo de Medianoche en junio pasado, Operación Furia Epica revirtió significativamente las ambiciones nucleares iraníes. Llevará un largo tiempo antes que Irán pueda construir un arma nuclear viable.
Sí, hay grandes reservas de uranio enriquecido alto en alguna parte en Irán, pero este es un problema para el futuro, no para hoy. Aun si el uranio está en el enriquecimiento del 60%, a un paso técnico bastante corto del grado de armas, dar ese paso final hoy es prácticamente imposible. Alcanzar el grado de armas—93% o más alto—el material debe ser centrifugado en centrifugadoras sensibles que están sujetas a roturas. Es difícil imaginar que las cascaddas de centrifugadoras de Irán sobrevivieran al bombardeo intenso. La planta de conversión iraní, sin la cual uno no puede hacer una bomba, fue destruida. Su equipo de científicos nucleares de alto nivel ha sido eliminado.
En resúmen, Irán es mucho más débil hoy de lo que era en febrero. Ningún monto de propaganda iraní puede tapar esta realidad. Los objetivos a corto plazo de EE.UU. deberían ser mantenerlo en ese estado debilitado, fortalecer el realineamiento político de la región, y asegurar que se cumpla la promesa del Presidente Trump que Irán nunca poseerá un arma nuclear.
Estados Unidos no necesita un acuerdo nuclear con Irán para conseguir estos objetivos. Pero una vez que el Estrecho de Ormuz sea abierto, si la administración se involucra en negociaciones nucleares, es crucial que sean mantenidas las siguientes condiciones:
Ni un solo centavo de los activos congelados o del alivio de las sanciones debería ir a Teherán. En virtud del Plan Integral de Acción Conjunto, Irán usó el dinero para reconstruir sus capacidades y las de sus aliados. Lo haría nuevamente.
Estados Unidos debe mantener la preparación militar en la región y la voluntad de atacar nuevamente si los iraníes empiezan a reconstruir su infraestructura nuclear o capacidades de misiles. Deberíamos exponer públicamente cualquier esfuerzo ruso o chino por ayudar al régimen a reconstruir estas capacidades. Además, las lecciones de la guerra deberían provocar defensa más profunda—cooperación tecnológica y cooperación en inteligencia con los aliados en la región, particularmente respecto a la guerra asimétrica en la era de los drones.
La comunidad internacional debería reafirmar nuevamente los peligros de un Irán nuclear. Nuestros aliados europeos se han comportado bochornosamente, impasibles mientras EE.UU. lidiaba con las crecientes capacidades iraníes e Irán atacaba a las potencias regionales. Nuestros aliados tienen que volver a comprometerse con nosotros, y nosotros con ellos. Irán no es sólo nuestro problema. No es sólo un problema israelí. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas entre los años 2006 y 2010 aprobó cinco resoluciones declarando las ambiciones nucleares de Irán en virtud del Capítulo VII una “acción con respecto a las amenazas a la paz, infracciones de la paz, y actos de agresión.” La próxima vez que nuestros amigos europeos estén inclinados a decir que el conflicto con Irán "no es nuestra guerra," deberían releer esas resoluciones.
Siempre que sea posible—tanto por medios abiertos como encubiertos—EE.UU. e Israel deberían debilitar la capacidad del régimen de oprimir a su propia población. Le debemos esto al pueblo iraní.
Finalmente, deberíamos asegurar la energía y sistemas de transporte del mundo contra las vulnerabilidades reveladas por la guerra. Es desconcertante que la administración Trump pareciera ser pescada con la guardia baja por el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán a pesar de décadas de anticipación de esto por los expertos militares en planificación de ejercicios. Estados Unidos no puede permitierse ser sorprendido nuevamente.
Esta guerra no ha traído, como muchos esperaban, el fin del régimen iraní. Pero ha dejado uno más débil y más confuso. El público no ha visto a Mojtaba Khamenei desde su instalación como líder supremo. La presión económica ha hecho vulnerable al régimen—no necesariamente en la calle, donde puede siempre aplastar el disenso, sino tal vez en fracturas internas por la relación futura de Irán con el mundo. Si el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica controla el 40% de la economía, como indican los informes, Estados Unidos debe asegurar que Teherán comprenda que el 40% de nada es nada.
La paciencia estratégica es dura, y no siempre es satisfactoria. Pero el tiempo está del lado de EE.UU. y sus aliados. No llegar a un acuerdo está bien. Llegar a un mal acuerdo no.
Este es un nuevo día en el Medio Oriente, aunque no es uno sin nubes. Ningún presidente estadounidense ha tenido mejor oportunidad de construir una región diferente y más estable. Puede que simplemente lleve un poco más de tiempo.
La Sra. Rice es directora de la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. Ella se desempeñó como secretaria de estado de Estados Unidos entre los años 2005-09.
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