Estados Unidos necesita sus bases meso-orientales
Si Estados Unidos no termina el trabajo en Irán, abandonando los estados del golfo convertiría un fracaso en una derrota.
Por Reuel Marc Gerecht y Ray Takeyh
Junio 4, 2026
Se llama Golfo Pérsico por una razón. Irán ha dominado esta vía fluvial crucial excepto cuando estuvo en desorden interno o controlado por una potencia extranjera, a saber Portugal, el Imperio Otomano, Gran Bretaña y, después de 1971, Estados Unidos.
Omán, el cual ha tratado de mejorar las relaciones con la República Islámica durante años, siempre ha permanecido aparte de Arabia Saudita y los Emiratos Arabes Unidos. Entonces, no sería sorprendente ver a Omán aceptar establecer un régimen de peaje con Teherán para los buques que atraviesan el Estrecho de Ormuz, el punto de estrangulamiento del Golfo Pérsico.
Los ataques limitados de Irán contra territorio omaní en marzo y mayo señalaron a Muscat que Washington ya no puede proteger más al país.
A menos que la administración Trump se de cuenta pronto cuán precarias son las posiciones estadounidense y de los estados árabes del golfo, la República Islámica puede hacer aquello con lo que Saddam Hussein sólo soñó.
Estados Unidos siempre fue una hegemonía reticente en el golfo. Tras la partida de los británicos en 1971, un Estados Unidos cansado por Vietnam enroló a sus aliados locales para proteger la vía fluvial. La política fue llamada "pilares gemelos,” significando que Arabia Saudita e Irán harían el trabajo pesado. En realidad, había sólo un aliado: Irán. La Revolución Islámica en 1979 puso fin al experimento.
Estados Unidos se vio obligado a asumir la carga. En 1980, Jimmy Carter anunció una nueva doctrina: "Que nuestra posición sea absolutamente clara: Un intento por parte de cualquier fuerza exterior por obtener el control de la región del Golfo Pérsico será visto como un ataque contra los intereses vitales de Estados Unidos de América, y tal ataque sería repelido por cualquier medio necesario, incluida la fuerza militar." El golfo era amenazado ahora por la Unión Soviética y los actores regionales revisionistas. Durante la Guerra entre Irán e Irak (1980-88), la Armada de EE.UU. mantuvo a ambas partes a raya y la vía fluvial abierta. El costo: dos fragatas muy dañadas, 37 navegantes muertos y 31 heridos.
Saddam puso a prueba a Washington nuevamente cuando intentó extinguir Kuwait en 1990. Si se hubiese permitido al dictador iraquí digerir esa ciudad-estado, él probablemente hubiera invadido a otros vecinos o reorganizado la región como una máquina de dinero en efectivo para su agresión.
La República Islámica no tiene todavía un ejército que le permita invadir a sus vecinos; sí tiene, sin embargo, las fuerzas armadas y la ideología para extorsionarlos si no hay ninguna potencia occidental allí para impedirlo. Washington puede estar tentado a mudar sus bases de la región del Golfo Pérsico ya que muchas de ellas absorbieron daño sustancial, y nuestros aliados árabes pueden ser amigos en las buenas. Militarmente y moralmente, tiene cierto sentido; estratégicamente, sería un desastre.
En medio de la vacilación del Presidente Trump para frustrar la puja de Teherán por la supremacía sobre Ormuz, los gobernantes de Irán sienten el fin de la hegemonía estadounidense. Las guerras israelíes-estadounidenses contra el régimen clerical han mostrado irónicamente una forma de hacer añicos el orden regional antiiraní. Arabia Saudita y los E.A.U. pueden esperar poder eludir a la República Islámica moviendo el petróleo a través de nuevos oleoductos, pero esos oleoductos seguirán siendo vulnerables a los misiles y drones. La capacidad ofensiva de Teherán ha demostrado ser más efectiva que la defensa aérea combinada de los reinos del golfo y Estados Unidos. Y si la capacidad de Washington de producir interceptores rápidamente y en cantidad suficiente está en cuestión, lo que queda de la fortaleza árabe probablemente colapsará.
El régimen clerical está dispuesto a absorber el castigo severo—mucho más que los ejércitos de Arabia Saudita y los Emiratos podrían jamás hacer por sí mismos. Aun si el Sr. Trump no entiende que el desarrollo de la región—lo que él llamó sus "maravillas resplandecientes"—ha dependido de EE.UU., del respeto indiscutible que ha navegado con los buques de guerra estadounidenses, la República Islámica y los estados del golfo lo comprenden.
El Sr. Trump ha mostrado repetidamente desde el 2019, cuando Irán atacó la navegación del Golfo Pérsico y las instalaciones petroleras saudíes en Khurais y Abqaiq, que él no ve los ataques contra los árabes como un casus belli para Washington. Su Estrategia de Defensa Nacional del 2026 buscó "empoderar a los aliados y socios regionales para que asuman la responsabilidad principal por disuadir a Irán y defenderse de él y sus aliados,” señalando la falta de fiabilidad de EE.UU. como socio estratégico. La guerra actual, hasta ahora, ha confirmado eso.
Sea cual sea la credibilidad que Washington tiene todavía en el Medio Oriente depende de su voluntad de mantener las bases en el golfo y en Irak—y eso pone en riesgo a las fuerzas estadounidenses. Dado nuestro fracaso hasta ahora en librar la Batalla de Ormuz y nuestra incapacidad de defender a nuestros aliados adecuadamente, esta herramienta ha perdido algo de la disuasión que otrora asustaba a los gobernantes de la República Islámica. Pero eso es todo lo que tenemos ahora en una situación que, por lo demás, se está deteriorando.
Si la administración Trump no está dispuesta tratar de ganar militarmente esta guerra—lo que podría conllevar perder destructores, colocar tropas terrestres en las islas iraníes en el Golfo Pérsico, y manejar caravanas bajo fuego durante un período indefinido—entonces tiene que pensar en cómo minimizar las pérdidas estadounidenses, para impedir que el fracaso en Ormuz se convierta en una derrota regional, si no mundial.
El primer paso es dejar en claro que las bases estadounidenses en las partes más peligrosas del Medio oriente no van a irse a ningún lado. La República Islámica tiene profundos problemas internos. Deberíamos comprometernos a esperar que se vayan.
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