martes, 11 de agosto de 2026

Cuando el pequeño Angel llegó al centro médico King Faisal de Kigali, en Rwanda, tenía apenas once días de vida y una grave malformación cardíaca, había pasado por cuatro hospitales antes de llegar a la capital y el tiempo jugaba en contra: necesitaba una intervención compleja que podía definir si tendría una oportunidad de sobrevivir.
El caso llegó a manos del doctor Gerard Misago, un cardiólogo pediátrico ruandés que acababa de regresar a su país después de tres años de formación en Israel.
Para Misago, la situación era especialmente compleja: era el único especialista en Rwanda capaz de realizar ese tipo de procedimiento y tenía frente a él a un paciente de apenas 2,6 kilos que necesitaba una intervención de alto riesgo.
Ante la dificultad del caso, Misago supo que necesitaba a alguien con más experiencia a su lado, alguien en quien confiar totalmente. Entonces hizo una llamada a Israel, al médico que había sido su mentor durante esos tres años de entrenamiento: ¿podría ayudarlo a la distancia?
Pero esta es una historia extraordinaria, que involucró también a otro protagonista, el doctor Sagi Assa, un destacado miembro de Save a Child’s Heart (SACH), la organización humanitaria israelí que, desde 1995 y con base en el Hospital Wolfson, en Holon, viene entrenando a cientos de especialistas de países en desarrollo y salvando miles de vidas.
Para Assa no había nada que pensar, no iba a ayudar a su discípulo en Rwanda a través de una videoconferencia: sacó un boleto de avión y salió hacia Kigali. Partió desde Tel Aviv poco después de la medianoche, recorrió 4.000 kilómetros vía Addis Abeba y llegó a Kigali a las 10 de la mañana 🇮🇱🇷🇼


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