De Israel National News:
Gaza es parte de Eretz Israelpor Michael Freund Octubre 30, 2026 ¿Qué tiene que ver la Akeidah, la atadura de Itzjak, con Gaza? A primera vista, muy poco. La Akeidah es entendida generalmente como la prueba trascendental de la fe de Abraham, demostrando su voluntad de obedecer a Hashem aun cuando le ordenó sacrificar a su hijo amado. Sin embargo dos comentaristas medievales de la Torá, el Rashbam y el Jizkuni, vinculan la Akeidah con lo que hoy sería llamado un acuerdo de "Tierra a cambio de Paz" entre Abraham y Abimelej, rey de los filisteos. La Akeidah inicia con las palabras, "Y sucedió después de estas cosas que Dios puso a prueba a Abraham" (Génesis 22:1). ¿Qué fueron "estas cosas"? En el capítulo precedente, Abimelej se aproxima a Abraham buscando un pacto que garantizará las relaciones pacíficas entre ellos y sus descendientes. Abraham acepta, y los dos sellan su pacto en Beersheba (Génesis 21:22-32). Pero de acuerdo con el Rashbam (Rabbi Shmuel ben Meir, 1085-1158), Abraham cometió un grave error. Comentando sobre Génesis 22:1, el Rashbam explica que "después de estas cosas" se refiere directamente a ese pacto. Hashem estaba enojado porque Abraham había comprometido a las generaciones futuras en un acuerdo que protegía el control filisteo sobre el territorio prometido por Dios al pueblo judío. Fue, en efecto, un acuerdo antiguo de Tierra a cambio de Paz. De acuerdo con el Rashbam, Abraham había garantizado las relaciones pacíficas al costo de restringir el derecho futuro de sus descendientes a su propia tierra. El Jizkuni (Rabbi Hezekiah ben Manoah, siglo XIII) cita una interpretación similar y enfatiza que Abraham hizo el pacto sin autorización de Hashem. El señala a la promesa Divina en Exodo 23:31: "Estableceré tus fronteras desde el Mar de los Juncos hasta el Mar de los Filisteos." Ambos comentaristas también invocan el Libro de Josué, el cual cuenta las tierras de los filisteos entre los territorios asignados a Israel. Josué 13:3 los identifica como Gaza, Ashdod, Ashkelon, Gath y Ekron. La inclusión de Gaza en el legado bíblico no es por lo tanto una invención política moderna. El Tanaj la nombra explícitamente. ¿Por qué, sin embargo, un pacto con Abimelej debería llevar a la Akeidah? El Rashbam ofrece una interpretación inusual de la palabra "nissah", traducidamente generalmente como "puesto a prueba." El explica que Hashem estuvo dando a Abraham un reproche doloroso. Abraham había comprometido el derecho de sus descendientes a parte de Eretz Israel, entonces Hashem estuvo poniéndolo a prueba a través de Itzjak, el mismo hijo a través del cual iba a ser materializada esa herencia. El Rashbam también cita un Midrash que vincula las siete ovejas que Abraham dio a Abimelej con los siete meses en que el Arca de la Alianza pasó luego en cautiverio en manos filisteas (I Samuel 6:1). El simbolismo es asombroso: una negociación efectuada por Abraham tendría, en esta interpretación rabínica, consecuencias mucho tiempo después de su muerte. La Akeidah expuso así el defecto fundamental en la decisión de Abraham. El se había tomado la libertad de negociar la tierra prometida por Hashem, aun cuando el futuro de sus descendientes dependía completamente del pacto Divino. De acuerdo con el Rashbam y el Jizkuni, la Akeidah no fue sólo una prueba de fe, sino también una advertencia acerca de comprometer el legado del pueblo judío. El final de la Akeidah añade otra dimensión. Después que Abraham demuestra su obediencia, Hashem renueva Su promesa de descendencia numerosa y declara que ellos "poseerán la puerta de sus enemigos" (Génesis 22:17). El capítulo cierra reafirmando el futuro que ningún tratado humano podría garantizar. Hoy, Gaza es discutida rutinariamente en términos de fronteras, negociaciones y acuerdos de seguridad. Pero el Rashbam y el Jizkuni nos recuerdan que hay algo mucho más fundamental en juego. Cerca de cuatro mil años después del acuerdo de Abraham con Abimelej, la lección de la Akeidah sigue siendo igual de relevante. Gaza es parte de Eretz Israel. Nadie tiene el derecho de desprenderse de esa herencia a cambio de algo, y ciertamente no los políticos y diplomáticos que buscarían hacerlo hoy. |
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