De JNS:
En Mozambique, la sinagoga que se negó a desaparecer cumple 100 añosPor Michael Freund Octubre 26, 2026 Cuando el Presidente Daniel Chapo, de Mozambique, asistió a la celebración del 100º aniversario de la única sinagoga del país este pasado junio, él estuvo honrando una institución que había sido cerrada bajo el gobierno de su propio partido. Chapo pertenece a Frelimo, el partido que ha gobernado Mozambique desde la independencia en 1975. Bajo su liderazgo marxista, la práctica religiosa fue restringida, la sinagoga dejó de funcionar y el edificio se volvió un depósito de la Cruz Roja. La ceremonia del 11 de junio en la Sinagoga Honen Dalim en Maputo atrajo a aproximadamente 100 personas, incluido ex miembros de la comunidad, líderes judíos, funcionarios del gobierno y el jefe del Consejo Islámico de Mozambique. Para una congregación que a veces lucha por reunir un minian, fue muy buena asistencia. Las raíces de la comunidad judía de Mozambique se sitúan en los campos de oro de la vecina Sudáfrica. El descubrimiento de oro en el Witwatersrand en 1886 transformó a Johanesburgo e impulsó el comercio a través del puerto mozambiqueño conocido como Lourenço Marques. Los comerciantes judíos y sus familias empezaron a establecerse allí, trayendo diferentes orígenes y tradiciones. Algunos llegaron desde Lituania y Gran Bretaña; otros tenían orígenes en Marruecos, Portugal y otros lados. Los judíos ashkenazis y sefaradíes rezaban juntos, no siempre sin discrepancias. Una historia preservada por la comunidad cuenta sobre un servicio de Rosh Hashanah en el cual el cantor alternó entre pronunciaciones y melodías ashkenazis y sefaradíes para mantener a todos satisfechos. Fue una solución han lidiado también. En 1899, el Rabino Dr. Joseph Herman Hertz llegó a Lourenço Marques tras ser expulsado de la república boer debido a sus opiniones pro-británicas durante la Guerra Sudafricana. Hertz, quien había estado ejerciendo como rabino en Johanesburgo, pasó sólo un corto tiempo en Mozambique, pero reunió a los judíos locales y los instó a organizarse. El más tarde se convertiría en gran rabino del Imperio Británico. En Mozambique, su contribución fue más práctica: ayudar a iniciar una congregación. Durante años, sus miembros rezaron en casas privadas y alquilaron locales. En 1921, ellos se organizaron formalmente como Honen Dalim, que significa "Ayudar al Pobre." Los objetivos de la asociación incluían cuidados para los judíos necesitados, ayudar a viajeros que pasaban a través del puerto y mantener el cementerio judío, junto a la ambición de establecer una sinagoga permanente. Cinco años después, esa ambición se volvió una realidad. El ascenso, caída y ascenso de una sinagoga La sinagoga que abrió el 29 de agosto de 1926, era inusual para una casa de culto judía. Diseñada por el arquitecto de obras públicas portugués Couto Martins, tenía una fachada blanca y decorada en estilo renacimiento-barroco más sugestiva de una iglesia portuguesa que de las sinagogas de Europa Oriental. Pero las ventanas circulares con la Estrella de David no dejaban dudas acerca de su propósito. El edificio era para alrededor de 80 fieles, aunque la congregación inicialmente tenía apenas unos 30. Los donantes judíos pagaron mucho por la construcción, con ayuda de sostenes no judíos, incluido un fabricante griego de tabaco. Durante la Segunda Guerra Mundial, los judíos que huían de la persecución nazi encontraron su camino a la Mozambique gobernada por los portugueses. La neutralidad de Portugal ofrecía una medida de refugio, aunque las restricciones y prejuicio coloniales no desaparecieron. En el apogeo de su guerra, la población judía alcanzó según se informa varios cientos. Pero la comunidad pronto empezó a achicarse. Tras la guerra, muchos judíos partieron hacia Sudáfrica. Luego llegó la independencia de Mozambique de Portugal en 1975 y el establecimiento de un gobierno marxista bajo Samora Machel. Las instituciones religiosas fueron tratadas con sospecha. Las iglesias y mezquitas, tanto como la sinagoga, enfrentaron restricciones. La mayoría de los judíos restantes de Mozambique se fueron. Lo rollo de Torá fueron enviados a Sudáfrica para salvaguardarlos. La sinagoga finalmente se convirtió en un depósito, sus muebles desaparecieron o se deterioraron, y el cementerio judío fue profanado. Durante la guerra civil de Mozambique, que duró desde 1977 hasta 1992, la gente incluso irrumpió en la sinagoga abandonada para recoger madera para combustible. La vida judía organizada en Mozambique pareció haber llegado a su fin. Entoces, en 1989, un empresario griego llamado Alkis Macropolous, quien no era judío, intervino para salvar la sinagoga y asegurar su retorno. En 1990, un aviso en un diario local llamaba a cualquier judío restante a presentarse. Ellos lo hicieron. Al principio, las reuniones eran pequeñas e informales. Sin un rabino y a menudo sin un minian, los participantes empezaron a reunirse, cantando y estudiando hebreo. Finalmente, se reanudaron los servicios y la observancia de las festividades. La reconstrucción no fue para nada fácil. El techo necesitaba grandes obras, y la restauración costó finalmente más de lo esperado. Pero en el 2009, la congregación celebró su primer bat mitzvah. Para la misma época, la comunidad se aseguró el reconocimiento legal formal, mientras los planes para una restauración más extensa ganaban impulso. En el 2013, la sinagoga fue reinaugurada tras extensas reparaciones, y un rollo de Torá fue devuelto desde Sudáfrica para los rezos regulares. Entre los que se negaron a abandonar la sinagoga estuvieron Manuela Soeiro, miembro de largo tiempo de la congregación quien, con sus parientes, siguió cuidando el edificio incluso durante los años en que estaban prohibidos los servicios religiosos. Soeiro, quien fundó la compañía pionera de teatro profesional Mutumbela Gogo, de Mozambique, en 1986, estuvo entre los que asistieron a la celebración del centenario. Ella ha vivido para ver restaurado el rezo judío en el mismo edificio que ella y su familia habían ayudado a proteger. Los judíos que se negaron a rendirse Hoy, la comunidad judía de Mozambique es de apenas algunas docenas. No hay un rabino permanente, y ensamblar un minian sigue siendo un desafío. Los miembros dependen fuertemente del liderazgo voluntario y ayuda del extranjero, especialmente de la comunidad judía africana y del Congreso Judío Africano. Los servicios son conducidos en una mezcla distintiva de hebreo, inglés y portugués. Cuando el Presidente Chapo entró a Honen Dalim en junio, él encontró una congregación cuyo futuro otrora había parecido casi extinguido. Los que reclamaron la sinagoga tenían poco dinero, pocos recursos y ninguna garantía que sus esfuerzos tendrían éxito. Sin embargo persistieron hasta que se pudieron reanudar los servicios regulares. La visita del presidente fue un gesto bienvenido. Pero fueron esos judíos que se negaron a rendirse, junto con los partidarios que los ayudaron, quienes aseguraron que una congregación todavía estuviera allí para saludarlo. El gobierno había devuelto el edificio. Pero fue la comunidad pequeña y resuelta la que la convirtió nuevamente en una sinagoga. |
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.