𝗗𝗢𝗦 𝗘𝗫𝗧𝗥𝗘𝗠𝗢𝗦, 𝗨𝗡 𝗠𝗜𝗦𝗠𝗢 𝗘𝗡𝗘𝗠𝗜𝗚𝗢
Por Daniel Grinspon
Comunidades Plus
Hay coincidencias que llaman la atención. Y algunas que deberían preocuparnos.
La izquierda radical y la ultraderecha parecen vivir en planetas distintos. Unos se proclaman anticapitalistas, otros defienden nacionalismos extremos. Unos hablan de revolución, otros de patria y tradición. Se pasan la vida enfrentados, discutiendo por casi todo.
Pero aparece Israel y, de pronto, empiezan a entenderse bastante bien. Y cuando el tema son los judíos, la coincidencia se vuelve todavía más inquietante.
No necesitan marchar juntos ni ponerse de acuerdo. Alcanza con repetir los mismos mensajes, alimentar teorías conspirativas y encontrar, una vez más, al culpable de todos los males.
Para unos, Israel representa todos los males del imperialismo. Para otros, el viejo antisemitismo encuentra nuevas formas de presentarse. Cambian las banderas, los discursos y hasta las palabras. Pero el resultado, demasiadas veces, es el mismo: el judío vuelve a ocupar el lugar del enemigo.
A veces me pregunto qué tan diferentes son esos extremos cuando necesitan encontrar un enemigo al que atribuirle todos los males del mundo.
Podrán discutir por el capitalismo, el comunismo, las fronteras o el poder. Podrán detestarse mutuamente. Pero cuando necesitan un culpable, parece que el viejo antisemitismo les viene como anillo al dedo.
Y seguramente no faltará quien diga: «Si los dos extremos piensan lo mismo, por algo será».
¡Vaya argumento! Dos sectores que se detestan coinciden en señalar al mismo enemigo y eso, para algunos, sería una prueba de que tienen razón. Curiosa manera de llegar a una conclusión.
La ultraderecha tiene una larga historia de antisemitismo. Que algunos de sus sectores hoy se declaren amigos de Israel no borra ese pasado ni garantiza que hayan abandonado sus prejuicios. A veces, las simpatías políticas duran lo que dura la conveniencia.
Del otro lado, sectores de la izquierda radical encontraron en el antisionismo una bandera que les permite disfrazar viejos prejuicios con un vocabulario nuevo.
Mientras tanto, las redes sociales multiplican los mensajes. Una mentira repetida miles de veces termina encontrando seguidores en países y sociedades que quizás saben muy poco de Israel, pero que ya tienen una opinión formada sobre los judíos.
Y esto no es un problema que quede lejos. Cruza fronteras, se instala en universidades, aparece en las calles y circula por las redes. Cuando el antisemitismo empieza a aceptarse como una opinión más, todos deberíamos preocuparnos.
Al final, los extremos podrán seguir peleándose por todo. Pero cuando coinciden en señalar al mismo enemigo, vale la pena preguntarse por qué.
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