lunes, 23 de febrero de 2026

DDE ISRAEL HAYON

 

El mensaje de Rubio en Munich: EE.UU. quiere una Israel poderosa y autodependiente.

Para Israel, el mensaje de Rubio carga implicancias significativas. La doctrina que él pronunció sugiere que EE.UU. no busca aliados débiles o dependientes. Al contrario, prefiere socios que sean fuertes, soberanos, y capaces de defenderse. Tras años en los cuales ciertos enfoques estadounidenses parecieron favorecer una Israel restringida y cauta, el mensaje actual es diferente: una Israel poderosa y autodependiente que disuada a sus enemigos sirve no sólo a sus propios intereses sino también a los de Estados Unidos.


Por el Prof. Zaki Shalom
Febrero 18, 2026
En su discurso en la Conferencia de Seguridad de Munich, el Secretario de Estado Marco Rubio transmitió mensajes importantes respecto a la dirección de la política exterior del Presidente Trump. Aunque sus comentarios fueron dirigidos principalmente a Europa, claramente reflejaron una visión estratégica del mundo más amplia que es altamente relevante para todos los aliados estadounidenses—incluido el Estado de Israel.
Luego del colapso de la Unión Soviética,—de acuerdo con Rubio — el Occidente sucumbió ante una ilusión peligrosa. Muchos creyeron que la historia había alcanzado su punto final; que la democracia liberal se volvería universal; que los intereses nacionales serían reemplazados por un "orden global basado en leyes"; y que las fronteras y soberanía perderían su importancia  central. Esta euforia, argumentó él, ignoró las lecciones de la historia y la naturaleza humana. 
En paralelo, las sociedades occidentales echaron cada vez más elementos de su soberanía, transfiriendo la autoridad a las instituciones internacionales y marcos multilaterales. Hubo una presunción que las normas y mecanismos legales mundiales garantizarían la estabilidad y la paz. Sin embargo, durante el mismo período, actores hostiles fortalecieron sus capacidades miitares y se prepararon para la confrontación. La creencia que los principios abstractos solos podían garantizar el orden demostró ser errada.

Rubio también abordó las consecuencias de la migración masiva. En busca de un "mundo sin fronteras," los estados occidentales abrieron sus puertas ampliamente, sin considerar totalmente las implicancias a largo plazo para la cohesión social, la continuidad cultural, y la identidad nacional. La falla en controlar las fronteras, explicó él, no son un tema marginal, sino una cuestión fundamental de la soberanía y supervivencia de la civilización.

Un tema central del discurso fue el profundo vínculo civilizacional entre Estados Unidos y Europa. Estados Unidos, aunque geográficamente distante, sigue espiritual e históricamente arraigao en Europa. Las ideas de libertad, el imperio de la ley, y los enormes logros intelectuales y culturales del Occidente surgieron de este legado compartido. La seguridad, enfatizó Rubio, no se trata meramente de presupuestos o despliegues militares, se trata de defender a un pueblo, a una nación y una forma de vida.
Su crítica a las instituciones internacionales fue afilada. Aunque no pidiendo su abandono, Rubio dejó en claro que ellas han fallado en resolver las crisis más urgentes de nuestro tiempo. La Organización de las Naciones Unidas no ha traído un fin a la guerra en Gaza, no ha resuelto el conflicto en Ucrania, y no ha eliminado la amenaza presentada por las ambiciones nucleares de Irán. En un mundo imperfecto, los estados no pueden permitir que sus adversarios se escuden detrás de principios del derecho internacional que ellos mismos violan rutinariamente.
Para Israel, el mensaje de Rubio carga implicancias significativas. La doctrina que él pronunció sugiere que Estados Unidos no busca aliados débiles o dependientes. Al contrario, prefiere socios que sean fuertes, soberanos y capaces de defenderse. Tras años en los cuales cieros enfoques estadounidenses parecieron favorecer una Israel restringida y cauta, el mensaje actual es diferente: una Israel poderosa y autodependiente que disuade a sus enemigos sirve no sólo a sus propios intereses sino también a los de los Estados Unidos.
El escepticismo de Rubio hacia la primacía automática acordada a las instituciones internacionales resuena fuertemente con la experiencia de largo tiempo de Israel. Durante décadas, Israel ha operado bajo serias restricciones diplomáticas impuestas por los organismos multilaterales que a menudo han limitado su libertad de acción mientras no logran restringir a sus adversarios.

Finalmente, la visión del mundo pronunciada en Munich también hechan luz sobre la participación sin precedentes de la administración Trump en cuestiones percibidas como asuntos internos israelíes. Desde esta perspectiva, la estabilidad, autoridad y resiliencia de un aliado crucial no son preocupaciones puramente locales. Una Israel fuerte y cohesiva es vista como un componente integral de la alianza occidental más amplia y por lo tanto como parte del propio interés nacional de Estados Unidos.

El discurso de Rubio en Munich transmitió por lo tanto un mensaje claro y consecuencial: Estados Unidos de América espera que sus aliados—incluida Israel—fortalezcan su soberanía, realcen sus capacidades militares y tecnológicas, y actúen con confianza en defensa de su civilización e intereses nacionales.

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