sábado, 25 de abril de 2026

Del blog de Amit Segal

 

Es mediodía en Israel: La guerra del tiempo

También, las FDI corrigen un error.

Abril 23

U.S. forces patrol the Arabian Sea as the Iranian-flagged vessel’s container cargo is searched after U.S. Marines boarded and seized the ship when it attempted to violate the U.S. naval blockade. (CENTCOM/X)



Es jueves 23 de abril y la guerra con Irán ya no tiene más que ver con petróleo o gas; es una batalla por un único recurso: el tiempo. La pregunta que determinará la suerte del Medio Oriente es ¿quién controla el reloj, quién puede permitirse esperar, y a quién simplemente se le agota el tiempo?

Actualmente, los ayatolas se jactan que su régimen dictatorial les permitirá sostenerse indefinidamente, mientras que el cierre del Estrecho de Ormuz impone una fecha de expiración sobre la agresión estadounidense. Mientras tanto, Trump afirma estar en una posición igualmente cómda: los puertos iraníes están bloqueados, algunos buques comerciales están todavía navegando el estrecho a pesar de la clausura, y nuevos activos militares estadounidenses están en camino.

La pregunta es, ¿quién está fanfarroneando?

La realidad es que ambos. Pero la posición de Irán es significativamente más débil.

Todo presidente estadounidense se sienta sobre un reloj en marcha, y con las elecciones de medio término aproximándose, Trump tiene menos tiempo que la mayoría. Pero Irán está sangrando un estimado de us$400 millones diarios por el bloqueo. Es cierto que Estados Unidos está también absorbiendo grandes costos para desplegar sus fuerzas, junto al costo de oportunidad estratégica de su ausencia en otros lugares. La diferencia es que Washington se lo puede permitir: el presupuesto anual iraní se sitúa en alrededor de us$56,000 millones; el presupuesto de EE.UU. es de más de us$6 billones.

The U.S. blockade of the Strait of Hormuz. (CENTCOM/X)



Todo se reduce al bloqueo. En lugar de arriesgar bajas para capturar la Isla Kharg o forzar resultados inmediatos a través de una campaña aérea, el ejército de EE.UU. puede cruzar a salvo fuera del alcance en el Mar de Arabia interceptar al buque ocasional que sale, y simplemente esperar que el aislamiento económico haga su trabajo.

Mientras Washington mantiene cerrada la puerta del frente, el aliado más crucial de Teherán está empezando a presionarlos más duro desde atrás. Xi Jinping está combatiendo un reloj propio mientras se agotan rápidamente las reservas de petróleo de China. El New York Times informó anteriormente este mes que Irán aceptó el cese del fuego mediado por Pakistán luego de una intervención de último minuto de China, que pidió a Irán "mostrar flexibilidad y desactivar las tensiones." Pero ese fue el discurso de una China que tenía medio mes extra de reservas petroleras comparado con hoy. Yo dudo que sus palabras serán tan blandas ahora.

Los iraníes ciertamente creen que el bloqueo es efectivo. El presidente del parlamento iraní, Ghalibaf, hace poco comparó la estrategia de la campaña de bombardeo y demandó su cese como una precondición para continuar las conversaciones en Islamabad.

Teherán tiene otra crisis aparte agotando sus reservas de tiempo. Como confirmó hace poco una alta fuente paquistaní a Estados Unidos, una disputa significativa ha paralizado al régimen. De un lado están los Guardias Revolucionarios y el Cuartel General Khatam al-Anbiya, representando a los extremistas intransigentes; del otro está el escalón civil-político liderado por Ghalibaf. Presidiendo esta fractura está el seriamente herido Mojtaba Khamenei, a quien ambas partes se refieren como la autoridad final. Debido a sus serias heridas y a la constante amenaza de eliminación israelí, simplemente comunicarse con el líder supremo se ha vuelto una pesadilla logística extensa y compleja.

Teherán tiene cuatro opciones para cambiar el rumbo, y ninguna es buena.

Opción uno: renovar la guerra. Esta es la amenaza que han estado insinuando al rehusarse a extender formalmente el cese del fuego. Con sus reservas disminuidas, probablemente apuntarían a los objetivos más rentables: las plantas vulnerables de gas y petróleo en los estados vecinos árabes del golfo, esperando empeorar la crisis energética y forzando a los líderes regionales a presionar a Washington. El riesgo de continuar la guerra es que se prolongue. El dedo de Israel está tocando el gatillo, y con 210,000 toneladas de músculos militares estadounidenses dirigiéndose hacia ellos en la forma del Grupo de Ataque de Portaaviones George H.W. Bush, es probable que el esfuerzo no compense el enorme daño que acarreará.

Opción dos: escalada indirecta. Tras todo el esfuerzo que Irán puso en asegurar un cese del fuego en Líbano, es improbable que sea presionado el botón de Hezbola. Sin embargo, Irán podría aumentar la presión indirectamente a través de las milicias chiíes en Irak y los hutíes en Yemen, atacando plantas petroleras del golfo y estrangulando el Estrecho de Bab el-Mandeb. Pero si los hutíes no estuvieron dispuestos a unirse seriamente a la lucha cuando la mayoría de los activos estadounidenses estaban involucrados con Irán, las posibilidades que vayan solos contra una presencia militar estadounidense disponible y creciente parecen bajas.

Opción tres: capitulación. Teherán podría tragarse su orgullo y regresar a la mesa de negociación en Islamabad mientras el bloqueo naval sigue activamente vigente. Aunque esta es la opción más segura físicamente, es devastadora reputacionalmente. Requiere una humillación pública masiva para un régimen que juró que nunca negociaría bajo bloqueo.

Opción cuatro: no hacer nada. Ellos pueden no hacer nada, mantener el estancamiento, y esperar que los números que se hunden en las encuestas estadounidenses y la crisis energética mundial forzarían al Presidente Trump a suavizar sus demandas. Esto involucra la asfixia lenta de su propia economía mientras espera que su oponente ceda. Como todos los humanos, el régimen sufre de un sesgo del status quo—una preferencia inherente por el diablo que conocen por sobre el resultado que no conocen. Pero ese sesgo sólo dura hasta que el status quo se vuelve insostenible. Con una economía colapsada, ese umbral puede ser cruzado en cuestión de semanas.

Jerusalén puede vivir con cualquiera de estos cuatro escenarios, aunque prefiere el primero o el último. Desde una perspectiva israelí, los acontecimientos de ayer—cuando los iraníes no se presentaron para las negociaciones y Trump anunció la continuidad del cese del fuego—fueron el mejor resultado. ¿Por qué? Porque Trump señaló un rechazo férreo a ceder en la cuestión nuclear. Garantiza que Teherán sigue atrapado, presionado simultáneamente por el bloqueo naval estadounidense y las sanciones internacionales paralizantes.

La peor pesadilla para el estamento de defensa de Israel es una salida diplomática apresurada—un acuerdo apenas ligeramente más fuerte que el JCPOA del 2015 que descongele finalmente miles de millones en activos. Esa afluencia masiva de dinero en efectivo es exactamente lo que los ayatolas necesitan para comprar paz interna, reconstituir sus arsenales de misiles, y restaurar a Hezbola y los hutíes.

Durante décadas, la doctrina regional de los adversarios de Israel se ha basado en una única premisa persistente: Tenemos paciencia, y el tiempo finalmente nos dará lo que queremos. Pero Israel ha cambiado fundamentalmente su enfoque, abandonando una mentalidad de mantener meramente el status quo para afirmar el control sobre la estrategia a largo plazo a través de todas sus fronteras.

El Occidente, sin embargo, no es Israel. Estados Unidos y Europa todavía sufren por la tiranía de lo inmediato. Muy como Israel en el pasado, los líderes occidentales se han apresurado hacia acuerdos diplomáticos profundamente defectuosos a pesar de las victorias en el campo de batalla, simplemente debido a que demandaban resultados inmediatamente.

Irán supuso que podría aprovechar esta impaciencia occidental cerrando el Estrecho de Ormuz. Manteniendo rehén a la economía mundial, Teherán creyó que controlaba el reloj. Pero entonces Trump ejecutó un giro asombroso: El bloqueó el bloqueo. Ahora, el tiempo de Teherán se está agotando, y el régimen está simplemente esperando que Washington caiga en los viejos hábitos. Para ganar, todo lo que Trump tiene que hacer es esperar.


Una estatua de Jesús que las FDI entregó a la aldea cristiana de Debel en el sur de Líbano, para reemplazar la destruida por un soldado. (FDI)

Por primera vez en la historia de las FDI, una parte del presupuesto de defensa tuvo que ser dedicado a comprar una estatua de Jesús. Pero fue lo correcto.

El primer punto es el más obvio: es una falla moral descarada profanar las reliquias santas de otra fe. Como un tema de historia los judíos deberían saber cómo se siente eso. La conducta de un soldado de las FDI destruyendo una estatua de Jesús en el sur de Líbano es totalmente inaceptable, particularmente para un ejército que opera como una fuerza ocupante.

Pero si la moralidad no detuvo las acciones de este soldado, yo debería pensar que el sentido práctico lo haría.

Si fueras a pedir a cualquier judío que identifique el tropo antisemita más letal en la historia, la respuesta indudablemente sería la acusación de ser "asesinos de Cristo." Conociendo esa historia, cómo cualquier soldado judío podría pensar que tomar un martillo contra una estatua de Jesús—y filmarlo—era de alguna manera una buena idea simplemente me confunde.

Afortunadamente, tanto por necesidad moral como por la realidad práctica, las FDI tomaron acciones rápido. El soldado que destrozó la estatua, junto con el soldado que fotografió el acto, han sido dados de baja del deber de combate y condenados a la cárcel. Otras seis tropas que estaban presentes en el lugar y no actuaron para detener el incidente o informarlo, también están bajo investigación. Las FDI también han organizado un reemplazo para el ícono roto, el cual ha devuelto a la aldea.
La verdad desafortunada es que los soldados harán inevitablemente cosas destructivas y tontas. Eso no siempre puede ser evitado. La medida verdadera de la moralidad de un ejército no es si existen actores malos dentro de sus filas—es cómo el sistema los hace responsables.

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