Un hecho que no puede minimizarse.
En el metro de Bruselas, un hombre judío fue brutalmente agredido.
Durante el ataque, los agresores hicieron comentarios antisemitas y le arrancaron una cadena con la estrella de David — un objeto personal que llevaba desde hace 30 años.
No fue un robo.
No buscaban dinero ni pertenencias.
Apuntaron a su identidad.
Este tipo de violencia no es solo física — es un intento de intimidar, de señalar, de hacer que alguien tenga miedo de ser quien es.
Ignorarlo es permitir que crezca.

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