domingo, 17 de mayo de 2026

DEL WSJ

 Antisemitas de Derecha e Izquierda

Hablar abiertamente sobre el odio al judío en el propio partido de uno es difícil. También es un deber.

Por Barton Swaim
Mayo 13, 2026


Existe un “problema de antisemitismo” tanto en la izquierda como en la derecha, de acuerdo con el último cliché político. Como la mayoría de los clichés, este contiene verdad, pero su expresión suena como una excusa para mantener la calma y no hacer nada.
El odio al judío prospera en algunos distritos más que en otros, y por razones que nadie comprende totalmente lo hace más entre los estadounidenses con credenciales académicas y más educados que entre el resto. Lo que hace tan amenazante al antisemitismo en la década del 2020 no es su fealdad o brutalidad, sino su sutileza y atractivo intelectual, su expresión por parte de periodistas crédulos y posgraduados que usan kefíes utilizando grandes términos que no comprenden: “Sionismo,” “genocidio,” “ocupación.”
El fanatismo con el cual una parte considerable del electorado que vota en las primarias del Partido Demócrata se centra en el estado judío—un pequeño país al otro lado del mundo—desafía las explicaciones. Incluso admitiendo algunas de las afirmaciones descabelladas sobre las acciones israelíes en Gaza y la Margen Occidental, gran cantidad de países cometen actos malos. ¿Por qué la obsesión con Israel, pero no con Mianmar o Sudán? ¿Por qué tal compasión expresiva hacia los palestinos, pero ninguna hacia los uigures?
Que los candidatos demócratas lo acompañen tan dispuestamente sorprende también. Cuando Scott Wiener, un senador estatal de California que se presenta para reemplazar a la Representante Nancy Pelosi, se negó a decir que Israel había cometido genocidio, el público delante suyo lo abucheó. El Sr. Wiener, un judío criado en New Jersey, posteriormente publicó un video suyo explicando su vacilación y reconociendo que, sí, Israel había cometido genocidio.
En Michigan, Abdul El-Sayed lidera las primarias demócratas para una banca en el Senado y hace campaña con Hasan Piker, un influencer online. El Sr. Piker elogia abiertamente los ataques de Hamas del 7 de octubre del 2023 contra Israel y dice que "no importa" que los terroristas de Hamas violaron a sus víctimas. Pero la senadora estatal Mallory McMorrow, competidora del Sr. El-Sayed para la nominación, no puede levantarse para llamar antisemita al Sr. Piker. “No pienso que lo sea. Pienso que está peligrosamente cerca," dijo ella al Jewish Insider. Luego la excusa obligatoria: “Pienso que hay indignación justificada por la guerra en curso.”
Cuenten al Representante Josh Gottheimer, de New Jersey, entre los pocos demócratas electos dispuestos a admitir la existencia de una amenaza antisemita en la izquierda. Sus colegas demócratas expresan disgusto con el Sr. Piker, escribe el Sr. Gottheimer en el New York Times, “sin embargo no dirán nada sobre ello en público.” El Sr. Gottheimer escogió al público correcto: Un día más tarde el Times publicó un artículo de opinión absurdo de Nicholas Kristof en el cual él informa como creíbles varias mentiras obvias, entre ellas la acusación que los guardias penitenciarios israelíes entrenan perros para violar a los prisioneros palestinos—una afirmación que sugiere que el Sr. Kristof sabe tanto de perros como de asuntos internacionales.
Normalmente ustedes podrían perdonar la reticencia a criticar a los aliados políticos y co-beligerantes ideológicos, pero el silencio táctico se vuelve moralmente nocivo en una época en que las sinagogas necesitan guardias armados y los judíos temen con razón caminar por las calles de las grandes ciudades. A menudo he pensado últimamente en una frase de "Un Tiempo de Regalos" de Patrick Leigh Fermor, su relato de atravesar Europa a pie a principios de la década de 1930. El recuerda las conversaciones en una posada bávara que "reflejaban opiniones que iban desde la convicción total de los miembros del partido a la oposición total de sus opositores y víctimas; con la diferencia que los primeros eran ruidosos y locuaces, mientras que los segundos permanecían ya sea en silencio o evasibos hasta que estaban solos con un único interlocutor."
Que tantos en las clases intelectuales de Estados Unidos afirmen temer al inicio del "fascismo", pero ignoren consistentemente o minimicen sistemáticamente el componente más vil del fascismo histórico es una de las ironías más tristes de nuestra época. A pesar de lo que un número alarmante de estadounidenses con títulos académicos parecen pensar, el antisemitismo no irrumpe en escena ex nihilo con pogromos y Leyes de Nuremberg. Empieza con teorías engañosas y argumentos falaces promovidos por personas que se creen incapaces de intolerancia.
Lo cual es otra razón por la que la afirmación que el antisemitismo existe a ambos lados de la división ideológica, aunque es cierta, engaña. Muchos funcionarios republicanos y escritores y comentaristas conservadores han arremetido contra Candace Owens por sus pronunciamientos idiotas sobre los judíos y contra Tucker Carlson por las suyas sobre “Israel.” El Sen. Ted Cruz censura regularmente al Sr. Carlson por sus conjeturas oscuras y, de hecho, apareció en su podcast para ese propósito. En un contraste repugnante, Nadja Spiegelman, una editora del Times, y Jia Tolentino, una redactora del New Yorker, rieron a carcajadas durante una entrevista con el Sr. Piker.
Hay que admitir, sin embargo, que los políticos demócratas y periodistas liberales tienen más que perder que sus homólogos conservadores al hablar francamente sobre el odio al judío en sus propias filas. Si Mitch McConnell o Ben Shapiro censuran las opiniones de los podcasters anti-Israel de derecha, como ambos han hecho, pueden sufrir consecuencias, pero su carrera y reputación permanecerán intactas.
Los liberales, y especialmente los políticos demócratas, pueden no tener tal expectativa. La aversión a Israel y a los "sionistas" se ha arraigado tan firmemente en lugares de prestigio—universidades de élite, las principales redacciones y casas editoriales, instituciones culturales—que cualquier demócrata lo suficientemente audaz como para hablar claramente sobre ello puede esperar perder amigos, influencia y tal vez una elección primaria. Pero mejor, por el bien de la consciencia y del país, hablar en voz alta y clara que permanecer callado o evasivo.
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