lunes, 1 de junio de 2026

DEL WSJ

 

La paz puede no estar al alcance de la mano en Irán

Ambas partes quieren que la guerra termine, pero la brecha entre sus requerimientos básicos es amplia.


Por Walter Russell Mead 
Mayo 25, 2026
imagePresident Donald Trump, Vice President JD Vance and Defense Secretary Pete Hegseth in Arlington, Va., May 25. Kent Nishimura/Agence France-Presse/Getty Images

¿Está la paz al alcance de la mano entre Estados Unidos e Irán, o las declaraciones sobre el fin de la guerra son pura propaganda? ¿Es el acuerdo potencial, como insiste el Presidente Trump, un buen acuerdo que es mucho más duro que cualquiera que la administración Obama se las arreglara para negociar? ¿O es la rendición apenas disimulada de una administración Trump desesperada por liquidar una guerra que el presidente ahora en privado siente que nunca debió haber iniciado?
Hasta el Día de los Caídos, nadie, posiblemente incluidos tanto el Sr. Trump como el líder supremo de Irán, parecen saberlo. Eso no debería ser sorprendente. Tanto el presidente estadounidense como sus opositores iraníes creen que el propósito del discurso es menos informar que manipular la información. Sumen esto a la sensibilidad y reserva con las cuales deben proceder las negociaciones diplomáticas delicadas, y tenemos una niebla de declaraciones engañosas, publicaciones dramáticas pero falsas en redes sociales, y filtraciones intencionalmente confusas.
Ambas partes tienen un interés en proclamar una paz inminente. Los furiosos automovilistas estadounidenses quieren que los precios bajen en las expendedoras de nafta. Los aliados políticos del Sr. Trump acosados por los números en caída en las encuestas antes de las elecciones de medio término, anhelan buenas noticias. Los aliados estadounidenses ansiosos en la región y más allá anhelan un fin a las interrupciones de energía y comercio. Los rumores de paz hacen aumentar los mercados financieros. Los rumores de hostilidades renovadas dejan a los comerciantes en desesperación.
Por el lado iraní, las autoridades políticas nerviosas necesitan alguna buena noticia acerca del alivio de las sanciones para apaciguar a un público intranquilo. Los líderes, temiendo de forma no irracional más oleadas de ataques de decapitación israelíes, anhelan un fin a esa ansiedad. Y cualquier resultado que pueda ser manipulado como una victoria por la República Islámica contra Israel y Estados Unidos proporcionaría la legitimidad muy necesaria a un líder supremo elegido por nepotismo, no puesto a prueba y no amado.
El interés común en terminar la guerra une a Irán y EE.UU. y da a todas las partes un incentivo para ensalzar las perspectivas para la paz, pero la brecha entre los requerimientos mínimos de ambas partes hace enormemente difícil conseguir un acuerdo real. Habiendo alejando a un ala de su coalición al iniciar la guerra, el Sr. Trump parece reticente a enfurecer a la otra aceptando una paz débil. El régimen iraní siente que su capacidad de bloquear el Estrecho de Ormuz y dañar a sus vecinos por medio de ataques con drones y misiles le da derecho a conceciones dolorosas de la parte estadounidense.
Los que ven un ablandamiento de la posición estadounidense en los últimos días no están equivocados. Los críticos de la administración culpan a Israel por la decisión de Washington de atacar Irán, pero Arabia Saudita estaba también en favor de saldar cuentas con Teherán de una vez por todas. Eso ha cambiado. Los ataques iraníes han despertado a los saudíes ante la vulnerabilidad de su infraestructura de energía tanto como de las plantas de desalinización de las cuales depende mucho del reino.
Las ciudades de Arabia Saudita dependen fuertemente de los complejos masivos de desalinización. La capital, Riad, está particularmente expuesta, ya que la mayoría de su agua llega a través de tuberías de grandes plantas de desalinización en el golfo. Si esas instalacines fueran dejadas fuera de servicio, mucha de la población de Riad probablemente tendría que ser evacuada al cabo de días.
Los ataques contra las plantas desalinizadoras cuyo propósito principal es proporcionar agua potable a los civiles constituyen uno de los crímenes de guerra más atroces imaginables. Como han demostrado los ataques contra las plantas desalinizadoras en Kuwait y Bahrein durante la guerra actual, eso no es un problema para los autoproclamados fanáticos religiosos de la República Islámica de Irán. Los saudíes han tomado nota.
La amenaza a las plantas de desalinización del golfo ha sacudido la coalición que apoyaba la guerra y puede tener mayor relevancia en la diplomacia de la paz que las amenazas de Irán a la navegación en el Estrecho de Ormuz. La administración Trump enfrenta un disyuntiva difícil. ¿Tranquiliza a los árabes del golfo disuadiendo los ataques iraníes contra su suministro de agua por medio de amenazas de represalias masivas, o busca un fin rápido a la guerra al precio de condiciones más favorables para Irán?
La demanda del Sr. Trump que un grupo de países árabes más Turquía y Pakistán deberían firmar simultáneamente los Acuerdos de Abraham refleja probablemente la búsqueda por parte de la administración de una victoria diplomática contundente para compensar los compromisos con Irán. En un tiempo en que los recuerdos de la guerra de Gaza y la ausencia de progreso en las cuestiones palestinas han hecho a Israel aun más impopular globalmente y entre los musulmanes de lo acostumbrado, ese sería un precio muy alto que los saudíes tendrían que pagar.
La cuestión de la seguridad hídrica para las poblaciones del golfo aumentará. A menos que EE.UU. esté preparado para aceptar una hegemonía iraní a largo plazo sobre los estados del golfo tanto como el Estrecho de Ormuz, tendrá que encontrar una disuasión efectiva a los ataques iraníes contra la infraestructura vital. La elección podría reducirse a proporcionar un escudo nuclear creíble para nuestros aliados del golfo o abandonarlos a la merced de la República Islámica.
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