Del Gatestone Institute:
El motivo por el cual negociar con regímenes terroristas tales como Hamas e Irán es una idea terrible
Lo que se necesita: Rendición incondicional, como después de la Segunda Guerra Mundial
Julio 2, 2026 at 5:00 am
La administración Trump está cometiendo un gran error al involucrarse en negociaciones con Hamas — tanto como con Irán.
En lugar de debilitar al grupo terrorista apoyado por Irán y sus patrocinadores, estas negociaciones los legitiman como actores políticos y, para Hamas, sólo fortalecen su posición entre los palestinos; y en cuanto a los gobernantes de Irán, entre los países que podrían haber estado esperando moverse hacia el Occidente.
Los informes que altos funcionarios estadounidenses han estado llevando a cabo reuniones directas con representantes de Hamas llegan en un momento preocupante. Los informes surgieron sólo días después que Hamas aplastó exitosamente el levantamiento en su contra en la Franja de Gaza el 26 de junio, demostrando así que el grupo terrorista permanece firmemente en el control y no tiene ninguna intención de renunciar al poder.
El fracaso de la llamada "Revolución Gazatí del 26 de junio" y el levantamiento de los ciudadanos iraníes el 8 y 9 de enero en Irán, deberían haber servido como una alarma para Washington.
Miles de palestinos e iraníes deben haber rezado porque sus protestas obligaran a Hamas y al régimen iraní a desarmarse y renunciar al control de la Franja de Gaza y el cambio de Irán a una administración civil. En su lugar, tanto Hamas como el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) respondieron con fuerza abrumadora.
De acuerdo con informes adicionales de la Franja de Gaza, Hamas y sus aliados en la Yihad Islámica Palestina desplegaron agentes armados a lo largo del territorio costero, amenazaron a los presuntos organizadores con la ejecución, convirtieron los hospitales en centros de interrogatorios, confiscaron los teléfonos móviles, e intimidaron a los civiles a través de decretos religiosos nombrando a los manifestantes como "agentes de la ocupación."
El miedo, tanto como el apoyo público a Hamas aparentemente impidieron que las protestas planificadas ganaran impulso.
Contra este contexto, las noticias que la administración Trump ha estado conduciendo conversaciones directas con Hamas envía precisamente el mensaje equivocado.
De acuerdo con informes israelíes, el asesor de la administración Trump, Aryeh Lightstone, se reunió hace poco con el funcionario de Hamas de alto rango Khalil al-Hayya como parte de las discusiones destinadas a persuadir a Hamas de desarmarse. Las reuniones directas previas involucraron supuestamente al enviado estadounidense Steve Witkoff.
Aunque el objetivo declarado es convencer a Hamas de rendir sus armas, no hay evidencia que el grupo terrorista se haya movido siquiera un centímetro hacia ese objetivo. Al contrario, Hamas ha adoptado una posición negociadora más dura aún.
Las discusiones se han estancado supuestamente por disputas concernientes a qué armas tendría permitido retener el grupo terrorista. En lugar de debatir si Hamas debería desarmarse, los negociadores ahora parecen estar debatiendo cuánta de su capacidad militar se le debería permitir mantener.
Así es exactamente como las organizaciones terroristas manipulan la diplomacia.
La última delegación de Hamas a Cairo, encabezada por Zaher Jabarin, llegó no para anunciar su rendición, sino para presentar nuevas demandas. Los funcionarios de Hamas insisten en que Israel se retire por completo de la Franja de Gaza, permita la reconstrucción irrestricta, reconstruya infraestructura, e implemente acuerdos políticos para un estado palestino antes de discutir el futuro del grupo terrorista.
En resumen, Hamas, mientras permanece totalmente desarmado, continúa dictando condiciones. Este no es el comportamiento de una organización que se está preparando para deponer sus armas. Es el comportamiento de un movimiento convencido que el tiempo está de su lado.
Mientras tanto, las evaluaciones de inteligencia de funcionarios de seguridad israelíes y occidentales pintan un cuadro alarmante. Desde que entró en efecto el cese del fuego a fin del año pasado, Hamas ha reconstruido según se informa secciones de su red de túneles, reanudó la fabricación de explosivos, armas anti-tanques y granadas propulsadas por cohetes, reclutó a miles de nuevos agentes, restauró mucha de su estructura de mando, y empezó a incorporar las lecciones de la guerra en preparativos para su próxima confrontación con Israel.
Lejos de desarmarse, Hamas se está rearmando. Lejos de disolverse, se está reconstruyendo. Lejos de abandonar el terrorismo, se está preparando para otra guerra.
El régimen de Irán, por su parte, de acuerdo con el General (retirado) Jack Keane, del Ejército de EE.UU., ha eliminado los escombros que sellan los túneles donde antes de las hostilidades, había ocultado alrededor de 2,000 misiles balísticos y sus lanzaderas. El régimen sacó ventaja del cese del fuego -- el cual el Presidente Donald Trump supuestamente detuvo apenas dos semanas antes de degradar la capacidad militar de Irán — para volver a desplegarlos por todo el país.
Washington no obstante continúa negociando. Estas negociaciones tienen consecuencias que van mucho más allá de Irán y la Franja de Gaza.
Para muchos palestinos, los contactos directos estadounidenses con Hamas equivalen al reconocimiento político. Ellos señalan que Estados Unidos ve a Hamas como un interlocutor legítimo y potencialmente como un futuro socio en determinar el futuro político y de seguridad de Gaza.
El enfoque de EE.UU. fortalece políticamente a Hamas a costa de los palestinos que rechazan su dictadura islamista y su estrategia de guerra interminable.
Este enfoque también envía un mensaje desastroso a toda organización terrorista en el Medio Oriente: masacren civiles, sobrevivan a las represalias militares, rehúsense a desarmarse, y finalmente Estados Unidos se sentará y negociará con ustedes.
Esa es precisamente la lección opuesta a la que Washington debería estar enviando.
El plan de paz de 20 puntos de Trump para Gaza ya pide la desmilitarización de Hamas y su remoción del poder. Si esa sigue siendo la política estadounidense, ¿por qué continuar negociaciones interminables con una organización terrorista que ha rechazado repetidamente el desarme?
Cada ronda adicional de conversaciones sólo hace ganar más tiempo a Hamas para fabricar armas, reconstruir túneles, reclutar combatientes, fortalecer su control sobre Gaza, y prepararse para su siguiente masacre en Israel.
La historia ofrece poca esperanza que Hamas rinda voluntariamente sus armas. Las organizaciones terroristas no se desarman generalmente a través de la diplomacia. No abandonan el poder debido a que los mediadores hablan educadamente. Ellas renuncian al poder sólo cuando ya no son más capaces de ejercerlo.
El fracaso de las protestas de los palestinos el 26 de junio demuestra que Hamas sigue siendo capaz de gobernar la Franja de Gaza a través del miedo. Los informes de inteligencia muestran que sigue siendo capaz de reconstruir su maquinaria militar. Las últimas negociaciones muestran que sigue determinado a dictar los términos en lugar de aceptarlos.
La administración Trump debería sacar la conclusión obvia: negociar con Hamas e Irán ha fallado. Si los acuerdos son logrados, nadie está esperando que Irán o Hamas los acaten de modo alguno — así que incluso ganar un acuerdo significaría perder.
En lugar de legitimar a grupos terroristas que buscan abiertamente la destrucción de Israel y de Estados Unidos, Estados Unidos debería insistir en la implementación plena de sus propios planes de paz -- cada uno con una fecha de expiración firme -- enpezando con el desarme incondicional de Hamas y su remoción del poder, tanto como la implementación inmediata de lo que sea que Estados Unidos necesite en el MDE de Islamabad.
Cualquier otra cosa meramente fortalece a las mismas organizaciones terroristas a las que está supuestamente ideado para derrotar.
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