The key question is not who sits in ministerial offices in the Gaza Strip. The key question is who holds the guns. Hamas is not dismantling its military wing. It is not surrendering its weapons. Pictured: Hamas terrorists take part in a military parade in the Gaza Strip on July 19, 2023. (Photo by Mahmud Hams/AFP via Getty Images)
Cerca de tres años después de la masacre del 7 de octubre del 2023 y más de seis meses después que el plan de paz de 20 puntos del Presidente Donald J. Trump pidiera la desmilitarización completa de la Franja de Gaza, Hamas ha anunciado que está disolviendo su organismo gobernante de facto y está preparado para entregar la autoridad a una comisión de tecnócratas palestinos.
A primera vista, el anuncio parece representar una concesión importante. No lo es. Es meramente el último intento de Hamas de engañar a la comunidad internacional para que crea que está cumpliendo con los requerimientos de la iniciativa de paz de Trump mientras preserva lo que importa más a la organización terrorista: su poder militar.
La pregunta crucial no es quién se sienta en las oficinas ministeriales en la Franja de Gaza. La pregunta clave es quien sostiene las armas.
Por la propia admisión de Hamas, sus ministerios y miles de empleados permanecerán en sus puestos. Aun más importante, Hamas dice que seguirá supervisando la seguridad y vigilancia en zonas que están todavía bajo su control.
En otras palabras, Hamas está abandonando el gobierno, no el poder. Nada esencial ha cambiado.
Hamas no está desmantelando su ala militar. No está renunciando a sus armas. No está desbandando su aparato de seguridad. No está poniendo fin a su estructura de mando. Miles de empleados y leales de Hamas también permanecerán insertos en las instituciones de la Franja de Gaza.
Sin estos pasos, disolver una comisión gobernante es poco más que un gesto cosmético.
En tanto Hamas retenga sus fuerzas militares, cada futura administración civil en la Franja de Gaza operará bajo la sombra de las armas de Hamas.
Ningún gobierno de tecnócratas puede funcionar independientemente mientras una organización terrorista armada siga siendo la fuerza más potente en el terreno.
El Ministro del Exterior de Israel, Gideon Sa'ar, reconoció inmediatamente el peligro. "El truco de Hamas es simple," escribió. "La voluntad aparente de Hamas de hacer espacio para un gobierno tecnocrático está diseñada para prevenir su propio desarme."
Sa'ar advirtió que Hamas busca replicar el modelo de Hezbola en la Franja de Gaza: una administración civil sería responsable de la recolección de residuos, servicios públicos, reconstrucción, y salarios, mientras que Hamas seguiría siendo la fuerza militar dominante. El destacó que "en tanto Hamas retenga sus armas, cualquier gobierno civil operará por supuesto como dicte Hamas."
Esa evaluación va al corazón de la estrategia de Hamas.
El grupo terrorista está tratando de replicar el modelo de 'estado dentro de un estado' de Hezbola en Líbano. Bajo ese modelo, un gobierno civil dirige los asuntos diarios del país mientras la organización terrorista retiene su ejército, aparato de inteligencia independientes y el poder de decidir las cuestiones de guerra y paz.
Las consecuencias para Líbano han sido catastróficas. Aunque los sucesivos gobiernos libaneses gobernaron formalmente el país, Hezbola siguió siendo el poder real, usando su vasto arsenal y apoyo iraní para dominar la vida política y arrastrar repetidamente a Líbano hacia guerras destructivas con Israel.
Hamas ahora parece estar buscando precisamente la misma fórmula en la Franja de Gaza. Quiere que otro reconstruya los hospitales, escuelas, rutas y casas, restaure los servicios básicos, y pague los salarios de los empleados públicos, mientras Hamas silenciosamente reconstruye sus capacidades militares, recluta combatientes, restaura su red de túneles, fabrica cohetes, y se prepara para otra masacre estilo 7 de octubre contra Israel.
Esto no es paz y estabilidad. Es simplemente tercerizar las responsabilidades civiles mientras preserva la maquinaria de la yihad (guerra santa).
Esta tampoco es la primera vez que Hamas ha empleado tales tácticas.
En el 2014, tras firmar otro acuerdo de reconciliación con la facción Fatah de Mahmoud Abbas, Hamas acordó similarmente entregar la administración de la Franja de Gaza a un gobierno de unidad palestino compuesto de tecnócratas. La creencia por entonces fue que el acuerdo reduciría el control de Hamas sobre Gaza. En cambio, Hamas mantuvo el control completo sobre sus fuerzas militares y agencias de seguridad.
El gobierno de unión nunca ejerció autoridad genuina. El resultado era predecible. Hamas siguió siendo el gobernante principal de la Franja de Gaza mientras otros (la Autoridad Palestina y la comunidad internacional) cargaban la responsabilidad por la administración y servicios públicos.
Doce años después, Hamas está tratando de repetir precisamente la misma fórmula. La historia debería servir como advertencia. La comunidad internacional ha aceptado repetidamente las promesas de Hamas sin cuestionarlas. Se ha convencio repetidamente que Hamas se estaba volviendo más pragmático, más responsable, y más interesado en gobernar que en combatir. Muchos políticos y analistas políticos israelíes y occidentales creyeron que Hamas principalmente quería la estabilidad económica, la reconstrucción, y períodos de calma.
Esas presunciones colapsaron el 7 de octubre del 2023, cuando Hamas llevó a cabo la masacre más letal de judíos desde el Holocausto.
La lección debería haber sido obvia. Hamas ha utilizado repetidamente los ceses del fuego, los esfuerzos de reconstrucción y las iniciativas diplomáticas para fortalecer sus capacidades militares.
El último anuncio de Hamas merece ser examinado a través de la misma lente.
Si Hamas deseaba genuinamente renunciar al poder, ¿por qué esperar hasta ahora? ¿Por qué no disolverse antes que la Franja de Gaza sufriera destrucción catastrófica? ¿Por qué no hacerse a un lado hace años para ahorrar a los palestinos los enormes costos humanos y económicos de otra guerra?
La respuesta es sencilla.
Hamas está actuando porque enfrenta creciente presión internacional para cumplir el plan de paz de Trump, cuyo requerimiento central es la desmilitarización completa de la Franja de Gaza.
Al anunciar la disolución de su comisión gobernante, Hamas espera crear la impresión que está cumpliendo con sus obligaciones mientras corre la presión diplomática hacia Israel.
El mensaje que Hamas quiere que el mundo escuche es simple: "Hemos hecho nuestra parte. Ahora Israel debe hacer su parte."
Es una estrategia de relaciones públicas astuta. Sin embargo, no satisface el requerimiento fundamental del plan de Trump. La cuestión nunca ha sido quién ocupa los cargos de gobierno. La cuestión es si Hamas continúa existiendo como una organización terrorista armada.
En tanto Hamas siga armado, ningún gobierno civil puede funcionar independientemente. En tanto Hamas retenga miles de empleados leales insertos a lo largo de las instituciones de Gaza, cualquier nueva administración corre el riesgo de convertirse en poco más que una fachada detrás de la cual Hamas continúa gobernando desde las sombras.
El analista político palestino Ahmed Fouad Alkhatib escribió el 6 de julio:
"Los titulares incesantes sobre Hamas 'poniendo fin a su gobierno' en Gaza y 'preparándose para entregar el control' son otra estratagema y una nada disfrazadas como una concesión del grupo terrorista, el cual tiene cero intención de renunciar al poder real o de desarmarse. Anuncios similares a este han sucedido frecuentemente en el pasado.
"La renuncia del jefe del llamado 'Comité de Emergencia,' o la fachada gobernante de Hamas posterior al 7 de octubre, es simplemente la remoción de un mascarón de proa. Sus deberes ya han sido asumidos en silencio por otro administrador "temporario" de Hamas mientras todos fingen esperar a que asuma el NCAG, el inminente Comité Tecnocrático. Hamas ya ha anunciado que su personal administrativo y técnico continuará trabajando hasta que llegue NCAG, totalmente al tanto que el nuevo cuerpo gobernante de transición carecerá de la capacidad, personal, o infraestructura para gobernar Gaza. Este es el plan de Hamas: reciclar su aparato actual/existente dentro de la nueva administración que se espera que surja del proceso transicional de la administración Trump supervisado por la Junta de Paz.
"Lo que estamos viendo es la implementación de una estrategia largamente predecida: Hamas cambiando del control directo a reinar indirectamente, al estilo de Hezbola. Es más económico, protege al grupo de la responsabilidad, y permite que nuevos rostros civiles absorban el enojo del público mientras Hamas retiene el control decisivo sobre cada palanca significativa de poder en la Franja de Gaza.
"Nada de esto se parece a un desarme. Las Brigadas al-Qassam de Hamas están trabajando sin cesar para reparar las redes de túneles y reconstruir las reservas de municiones usando municiones sin explotar y bombas israelíes de dos años de guerra. Pero la cobertura mediática de este no evento ya ha reencuadrado a Hamas como cooperativo, razonable, incluso constructivo; un cambio de narrativa que oculta el rol de Hamas como el obstáculo principal para la recuperación de Gaza. Y esto está cayendo exitosamente y funcionando bien para Hamas; no sólo con medios noticiosos, voces y plataformas que son típicamente más suaves respecto al grupo terrorista, pero incluso en algún discurso político tradicional, donde algunos están tratando esto como equivalente a la iniciación del desarme o el inicio de la Fase II del cese del fuego.
"El tiempo no es coincidencia: este movimiento por parte de Hamas llega una semana después que la Junta de Paz se reunió en Chipre y acordó seguir el 'Plan B,' el enfoque que he defendido durante mucho tiempo: mover a la población civil de Gaza a través de la 'Línea Amarilla' y agotar el acceso de Hamas a los recursos y escudos humanos de los que depende.
"Finalmente, Hamas 'disolviendo su gobierno' será juzgado por la métrica simple como si los gazatíes pueden compartir publicaciones en Facebook sin ser torturados, golpeados o arrastrados dentro de salas de interrogatorio, abusos que continuaron desde el 7 de octubre hasta apenas la semana pasada. Hasta que eso cambie, los titulares son teatro, y el control de Hamas en Gaza sigue intacto."
El objetivo principal de Hamas es la supervivencia. Comprende que miles de millones de dólares en ayuda internacional para reconstrucción podría pronto fluir dentro de la Franja de Gaza.
Un gobierno tecnocrático financiado por donantes extranjeros aliviaría a Hamas de la carga financiera de gobernar mientras que permitiría al grupo terrorista concentrarse en reconstruir su maquinaria militar.
La implementación plena del plan de paz de Trump requiere el desmantelamiento de las capacidades militares de Hamas y la desmilitarización completa de la Franja de Gaza. Permitir a Hamas establecer un estado estilo Hezbola dentro de un estado garantizaría la continua inestabilidad y garantizaría que cualquier futura administración palestina permanezca como rehén de una organización terrorista armada.
La única solución significativa es que Hamas se disuelva, y no meramente a una de sus comisiones gobernantes. Esto significa desmantelar tanto sus estructuras política como militar, renunciar a todas sus armas, desbandar su aparato de seguridad, renunciar a todo instrumento de coerción, y desaparecer como una fuerza política armada.
Cualquier otra cosa preserva las condiciones que produjeron la masacre del 7 de octubre.
Tanto los israelíes como los palestinos ya han pagado un precio insoportable por creer repetidamente en las promesas de Hamas. Ellos no pueden permitirse cometer el mismo error nuevamente. La comunidad internacional no debería engañarse por otra actuación de Hamas cuidadosamente preparada.
Hasta que Hamas desaparezca como movimiento político tanto como una organización terrorista, las declaraciones sobre disolver comisiones equivalen a poco más que una farsa política ideada para asegurar la legitimidad internacional de Hamas, desbloquear miles de millones de dólares para él y ganar tiempo para que se prepare para su siguiente guerra.
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