Nickolay Mladenov, the high representative for the International Board of Peace overseeing the Israel-Hamas ceasefire, arrives to a press conference for the foreign media in Jerusalem, May 13, 2026. (Yonatan Sindel/Flash90)
Es lunes 10 de agosto y al cabo de horas que Benjamin Netanyahu anunciara que Israel rechaza el mapa de ruta de 15 puntos, Nickolay Mladenov—Director General de la Junta de la Paz, el organismo liderado por Trump destinado a supervisar la Gaza de la posguerra—se sentó conmigo para explicar por qué Israel debería querer lo mismo que Bibi acababa de rechazar.
Su argumento entero se reduce a una palabra: verificación. No se requiere que nadie haga nada, insiste, “menos aún Israel,” antes de pasos verificados en el terreno. Las FDI se encuentran en la línea amarilla acordada bajo el plan integral; el pedido de la Junta es sólo que se mantenga allí y no dispare enfrente a menos que las tropas enfrenten una amenaza real. La línea retrocede sólo después que sean despejados los sectores individuales y sus armas sean certificadas, almacenadas, e inutilizadas. Si no se cumplen los compromisos de la siguiente etapa, "el proceso se detiene."
¿Por qué almacenar las armas en bodegas dentro de Gaza, donde Hamas está "siempre a una pared de distancia de rearmarse"? Porque serán inutilizadas, dice él, por el Comité Nacional para la Administración de Gaza de la Junta, con apoyo de la fuerza internacional. Más una garantía que una respuesta.
¿Quién destruye los túneles? Los contratistas, pero a este ritmo llevará más de una década, y, agrega, este es precisamente el motivo por el cual Israel necesita la Junta de la Paz: juntos avanzará más rápido.
Masked militants of the Islamic Jihad group inspect an Islamic Jihad site that was targeted in an Israeli air strike in Khan Yunis in the southern Gaza Strip on February 25, 2020. (Fadi Fahd/Flash90)
¿Qué cuenta como las "armas personales" que pueden mantener los gazatíes—podría eso incluir calladamente las Kalashnikov que realmente gobiernan la franja? No, dice él; el marco cubre todo, desde armas pesadas a las personales. El admite que Gaza es gobernada desde el tambor de una Kalashnikov—lo cual es el motivo por el cual, insiste él, esos rifles y toda otra arma debe pasar a la autoridad civil.
¿Y Turquía y Catar—los dos gobiernos que los israelíes menos quieren dentro de Gaza? Sin Egipto, Turquía, y Catar, dice él de forma rotunda, Hamas nunca habría aceptado el mapa de ruta; su rol fue crucial. Dicho eso, permitirles ayudar a desmantelar a Hamas es el zorro cuidando el gallinero, él responde: "Si tengo que hablar con el diablo, hablaré con el diablo"—para asegurar que no ocurra jamás un segundo 7 de octubre. El mecanismo de verificación, explica, es liderado por Estados Unidos, respaldado por las fuerzas de seguridad iraquíes y, en los papeles, por Arabia Saudita, E.A.U., Kuwait y Marruecos.
Presionado acerca de si Hamas se desarmará realmente—si todo es demasiado bueno para ser verdad—él ofrece una respuesta. “No me estoy basando en la confianza.Y ninguno de nosotros lo está haciendo.” Consciente de los riesgos, dice él, y basado en la verificación en cambio. Si no funciona, el proceso se detiene.
La oferta de Mladenov es difícil. Por un lado, no se está pidiendo a Israel que se retire de ninguna parte en el momento; sólo tiene que dejar de disparar—a menos que vea a Hamas rearmándose. Por el otro lado, una retirada llegará finalmente antes que Hamas sea desarmado totalmente.
Los estadounidenses están atónitos por algo. ¿Cómo puede un plan así de bueno—en su visión—atraer la oposición del sistema político israelí entero, sin excepciones? Es una de las poco comunes cuestiones sobre las cuales Netanyahu, Bennett, Lieberman, Eisenkot, e incluso Yair Golan responden en coro. Su razón es la misma: en 79 días Israel vota. Nadie quiere pasar como simpatizante de Hamas y firmante de retiradas—aún cuando ninguna retirada llegaría antes de la elección. Algunos de ellos sospechan en privado que este es el mejor acuerdo que va a obtener Israel. Pero el compromiso es un pasatiempo post-electoral.
Mi opinión: En contraste con el estamento político entero, yo apoyo este plan. No desmantelará a Hamas—nada lo hará, no completamente. Pero si permite llegar a un tercio de los túneles y a la mitad de las Kalashnikov, lo tomaré. ¿Serán entregadas 100,000 Kalashnikov? Por supuesto que no. Pero 40,000 recogidas y otros 300 kilómetros de túneles mapeados no es nada—y la próxima ronda, que todos saben que va a venir, se lucha bajo términos considerablemente más favorables.
Arab League General Authority holding a conference on Islamophobia, August 2026. (@arableague_gs/X)
“No veo este acuerdo como algo más que el acuerdo firmado entre nuestro Profeta Mahoma y los quraysh,” aseguró Yasser Arafat en una mezquita en Johanesburgo. Los presentes entendieron la referencia: Mahoma honró la tregua con la tribu judía Quraysh sólo hasta que él fue lo suficientemente fuerte, entonces los masacró y conquistó Meca. Arafat no sabía que estaba siendo grabado.
Corría el mes de mayo de 1994, días antes que Israel se retirara de Jericó como un gesto de paz adicional, y la radio israelí presentó la cinta en un bucle interminable. Como con cualquier declaración incendiaria amparada en las Escrituras, el discurso provocó debate talmúdico eterno sobre el significado del acuerdo de Hudaybiyyah—su contexto del siglo VII, sus comentarios tradicionales, sus interpretaciones modernas. Como con “Amalek” después del 7 de octubre, los periodistas se volvieron teólogos: tan seguros de poder interpretar las intenciones de un político a partir de las escrituras como lo son los devotos de interpretar las de Dios a partir de los mismos versículos.
Las intenciones de un interlocutor más reciente parecen más claras. Tras meses de censura, se me ha permitido revelar que discusiones desclasificadas entre actores regionales que estaban sopesando un posible acuerdo con Israel, plantearon una solución táctica: llega a un acuerdo, y házlo temporario. Un estado árabe dijo a otro claramente—firma con Israel ahora, e inicia la guerra cuando te convenga. Lo más preocupante para Israel, el funcionario dando este consejo había estado entre los que albergaban esperanzas de paz—una fe, al parecer, mal fundada. Las identidades de los estados no pueden ser reveladas debido a las restricciones de la censura.
Al final, ningún acuerdo salió de eso, engañoso o de otro tipo.
La conversación es inquietante, pero no es una orden para descartar todo acuerdo futuro como un cese del fuego que conduzca a la destrucción de Israel. Los estados, como dijo de Gaulle, no tienen amigos—sólo intereses. Los acuerdos han reportado a Israel ventajas a corto plazo, incluso con los islamistas más extremistas; Hamas devolviendo a todos los rehenes es el ejemplo más reciente. Como el discurso de Arafat, el informe es un recordatorio que Israel no puede correr ciegamente a los brazos de un islamista sonriente. Pero como Trump, siempre hay que tomarlos en serio—no siempre literalmente.
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