Cada año, durante Rosh Hashaná, siguiendo una costumbre centenaria, las comunidades judías de todo el mundo caminan juntas hasta la orilla de una corriente de agua —ya sea un río, un lago o incluso una fuente en un parque urbano— y vacían sus bolsillos. No de monedas, sino de migas de pan, que esparcen en la corriente mientras recitan versículos sobre cómo Dios arroja los pecados a las profundidades del mar.
Esta costumbre se llama *Tashlich* —que proviene de una palabra hebrea que significa "arrojarás"— y aparece ya en escritos rabínicos medievales, aunque su simbolismo se inspira en el Libro de Miqueas. Lo que hace que perdure entre la gente, generación tras generación, es su carácter físico. Una cosa es lamentar mentalmente los errores del año pasado, y otra muy distinta es estar a la orilla del río con la familia, ver cómo las migas se alejan flotando y sentir que realmente has liberado algo. 

Algunas familias convierten esto en una actividad para toda la tarde: caminan juntas hacia el agua tras la comida festiva —niños incluidos— y cada uno arroja su propio puñado de migas. Otras personas lo hacen en silencio y a solas, en cualquier masa de agua que tengan cerca. En cualquier caso, hay algo especial en realizar la *teshuvá* —el proceso de arrepentimiento— usando las manos y los pies, y no solo los pensamientos. ¿Tienes cerca alguna masa de agua que asocies con una tradición o un recuerdo como este?

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