jueves, 13 de agosto de 2026

 

Es Mediodía en Israel: ¡Viva Israel, Carajo!

También, continúa el asedio en el sur de Líbano.

(Abu Ali Express)

Es miércoles 12 de agosto, e Israel puede nunca haber tenido un mejor mes diplomáticamente hablando. En junio, si vamos a creerle al Vicepresidente JD Vance, a Israel le quedaba un solo aliado en el mundo. Sin embargo en el espacio de algunas semanas parece haber encontrado varios nuevos, sobre todo en América del Sur.
Pocos líderes, Donald Trump incluido, pueden superar al filosemita Javier Milei de Argentina, el autodeclarado "presidente más sionista en el mundo”—él ha puesto incluso en aprietos a Isaac Herzog. Pero Milei ahora tiene competencia en su propio continente.
Durante el mes pasado, el nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, ha pasado a revertir la postura hostil al por mayor de su predecesor, el izquierdista Gustavo Petro, quien había cortado los lazos con Israel y detuvo las importaciones de armas israelíes por la guerra en Gaza. En julio y agosto del 2026, Bogotá ordenó la restauración plena de las relaciones diplomáticas, prometió mudar la embajada de Colombia a Jerusalén, y se retiró de la causa de genocidio de Sudáfrica contra Israel en la Corte Internacional de Justicia. Entonces, el lunes, Colombia se volvió tan sólo el segundo país en el mundo, detrás de Estados Unidos, en reconocer la soberanía israelí sobre los Altos del Golán.
Venezuela, inesperadamente, se ha movido en la misma dirección. El martes, los dos países anunciaron que habían acordado renovar las relaciones consulares, 17 años después de cortar todos los lazos diplomáticos en el 2009 bajo el mandato de Hugo Chávez. El deshielo siguió al envío por parte de Israel de una delegación de ayuda—liderada por el Ministerio de Exterior y el Comando del Frente Interno de las FDI—tras el terremoto doble que mató a miles en Venezuela a fin de junio.
El consejo de Vance acerca de no alejar al aliado más importante de Israel todavía sigue vigente. Su afirmación que era el único aliado de Israel está perdiendo bastante fuerza. Como lo diría Milei: ¡Viva la libertad, carajo!

IDF forces operating at Beaufort Castle in southern Lebanon. (IDF)

No lejos de las ruinas medievales del Castillo Beaufort, la guerra de Israel en el sur de Líbano ha adquirido un carácter pre-moderno. Cerca de dos meses desde el inicio del cese del fuego, docenas de agentes de Hezbola están sitiados dentro de un complejo subterráneo fortificado en la cresta de Ali Taher. Hezbola está tratando desesperadamente de reabastecer la fortaleza, mientras Israel está ajustando firmemente el nudo.
¿Cómo han sobrevivido estos combatientes bajo tierra por tanto tiempo? Porque este no es un laberinto de tierra improvisado del Vietcong, o siquiera los túneles revestidos de hormigón de Gaza. El complejo de Ali Taher es una fortaleza militar que, según el relato del jefe del estado mayor de las FDI, Hezbolá pasó 20 años construyendo dentro de la cresta. Más de un kilómetro de búnkeres de mando y túneles de combate corren debajo de la cumbre, excavados en gran medida en la roca sólida que resiste prácticamente cualquier ataque, excepto los de un destructor de búnkeres. Construido con ayuda iraní como el centro nervioso de la división Badr de Hezbola—la formación responsable por el sector norte del Litani—fue diseñado para una guerra: un centro de mando y control, sistemas de control de disparos para cohetes y misiles, cuartos de dormir, duchas, y todo lo necesario para mantener a los hombres bajo tierra durante meses.
Israel decidió que no combatiría dentro de los túneles. En su lugar, selló las salidas, tomó las alturas, y se sentó a esperar. Israel hace poco ha atacado los tanques de agua del complejo y cortó sus líneas de energía; Hezbola ha intentado enviar refuerzos por medio de drones durante la noche—antes de ser avistados y liquidados por las fuerzas de las FDI. Ahora, fuentes libanesas dicen que el grupo va a ser aún más pre-moderno, excavando túneles alrededor de la cresta para llegar a sus hombres atrapados de otra forma, corriendo una carrera contra el hambre y la sed.
La fortaleza está al borde de caer, parece, ya sea que sean los cruzados combatiendo a los yihadistas o las FDI contra lo mismo; al final, el hambre gana.

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