La ironía aún me indigna.
En diciembre, viajé por Israel abiertamente como musulmán.
Caminé libremente por Jerusalén. Entré en sinagogas. Visité iglesias. Estuve en el Muro de las Lamentaciones. Hablé abiertamente sobre mi fe musulmana y mi apoyo a Israel.
Nadie me detuvo por ser musulmán. Nadie me exigió que ocultara mi fe. Nadie consideró mi religión una amenaza.
Luego fui a la Mezquita de Al-Aqsa, uno de los lugares más sagrados del Islam, cuyos sitios sagrados islámicos son administrados por el Waqf, controlado por Jordania.
Mi propio lugar sagrado.
Llevaba un pequeño pin de rehén en solidaridad con las personas inocentes secuestradas por Hamás.
Y de repente, yo era el problema.
Me confrontaron. Me sacaron. Me detuvieron brevemente y me interrogaron. Me quitaron mi pasaporte estadounidense.
Por un rehén.
Piensen en la hipocresía.
Como musulmán, podía caminar libremente por el Estado judío. Podía visitar lugares sagrados judíos y cristianos sin que me dijeran en qué podía creer.
Pero en uno de los lugares más sagrados del Islam, bajo la administración religiosa del Waqf jordano, mostrar compasión por los rehenes judíos se convirtió en un problema.
¿Cuál fue exactamente mi crimen?
¿Negarme a odiar a los judíos?
¿Negarme a creer que ser musulmán exige guardar silencio cuando secuestran judíos?
¿Negarme a entregar mi conciencia a extremistas que creen tener la autoridad para decidir en qué puede creer un musulmán?
Absolutamente no.
Ningún imán, clérigo, autoridad religiosa, gobierno ni extremista tiene derecho a dictar los límites de mi conciencia.
Mi Islam no exige odiar a los judíos.
Mi identidad musulmana no exige odiar a Israel.
Y mi compasión no termina cuando la víctima es judía.
Ese pin de rehenes representaba algo muy simple:
Seres humanos fueron secuestrados. Merecían volver a casa.
Si ese mensaje se considera ofensivo en uno de los lugares más sagrados del Islam, entonces los musulmanes debemos hacernos preguntas muy incómodas.
Salí de Al-Aqsa enojado, decepcionado, pero aún más decidido.
Pueden quitarme el pasaporte.
Pueden interrogarme.
Pueden expulsarme de un lugar sagrado.
Pero NO van a dictar mi conciencia.
Soy musulmán.
Me opongo al antisemitismo.
Me opongo al extremismo islamista.
Apoyo al pueblo judío.
Y jamás me disculparé por creer que musulmanes y judíos pueden estar juntos.
Ni siquiera en Al-Aqsa. Especialmente en Al-Aqsa.

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