SI UNO SE DISTANCIA de los espasmos de violencia en el Medio Oriente, está claro que cada día trae otra revelación en una cascada de acontecimientos—acuerdos y alianzas trascendentales que no sólo marcan una nueva época, sino que impulsan una convergencia dramática de escenarios geopolíticos que están cambiando el juego mundial.
Consideren sólo algunos de los acontecimientos de los últimos meses:
Días antes de lo que los emiratíes han declarado un ataque terrorista contra un vuelo desde Dubai a Tel Aviv, el presidente de Emiratos Arabes Unidos, Mohamed bin Zayed, admitió públicamente por primera vez una visita por parte del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu—meses después de desplegar la tecnología de Cúpula de Hierro y personal israelí en E.A.U. para repeler los ataques iraníes. Los Acuerdos de Abraham están todavía muy vivos.
En agosto, Arabia Saudita, Turquía y Pakistán firmaron el Acuerdo de Defensa Conjunta de Mecca, un pacto de defensa mutua estilo OTAN que ya está siendo puesto a prueba (de forma incómoda) después que los hutíes tomaron la costa del Mar Rojo y las milicias iraquíes atacaron el oleoducto este-oeste del Reino.
El presidente turco Tayyip Erdogan, el príncipe de la corona saudí Mohammed bin Salman y el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, tras firmar el pacto de Mecca. Murat Cetinmuhurdar/Turkish Presidential Press Office/REUTERS
Ese mismo mes, Grecia firmó un acuerdo de defensa de us$3,500 millones con Israel--el acuerdo de exportación de armas más grande en la historia israelí, proporcionando a Grecia una red de defensa aérea y red de misiles, "Escudo de Aquiles." Israel está cooperando también económicamente y militarmente con el primer ministro indio Narendra Modi, quien hizo una cálida visita a Israel en febrero.
El ministro de defensa de Grecia, Nikos Dendias (izq.) da la bienvenida a su homólogo israelí Israel Katz. Aggelos NAKKAS/AFP/Getty Images
El primer ministro de India, Narendra Modi, se reúne con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en Tel Aviv. Seshadri Sukumar/ZUMA Press
En marzo, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky visitó la península arábiga y firmó acuerdos de seguridad históricos con Arabia Saudita, Emiratos Arabes Unidos y Catar para proporcionar equipos de intercepción de drones.
El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky (izq.) con el presidente de E.A.U., el Jeque Mohamed bin Zayed, en Abu Dabi. Ukraine Presidency/Zuma Press
Luego está el escenario de Africa Oriental, donde una nueva lucha por el poder se está intensificando. Abarca la catastrófica guerra civil en Sudán que involucra más de media docena de naciones meso-orientales compitiendo por poder, acceso y recursos en la costa del Mar Rojo e interior africano. Esto incluye a E.A.U., que en una etapa anterior en el conflicto apoyó a un lado mientras los drones iraníes caían sobre el otro. Las potencias meso-orientales están también respaldando una nueva guerra que se está iniciando en Etiopía.
Desde el 7 de octubre y la guerra entre Israel y Hamas en Gaza las tensiones se han intensificado en la región tras años de calma relativa. Las tres mega potencias están intensamente presentes en todos estos escenarios: Estados Unidos está presionando la economía iraní con creciente éxito. Rusia está proporcionando a Irán información precisa para atacar a las fuerzas estadounidenses. China está tanto apoyando a Irán (proporcionando también información sobre las instalaciones estadounidenses) mientras protege sus nuevas relaciones con los aliados estadounidenses como Arabia Saudita y los E.A.U. Después de todo, China compra casi el 90% del petróleo de Irán, mientras un tercio llega de las monarquías árabes.
Si esto suena complicado, lo es. La política exterior en este mundo interconectado y que se mueve rápido, requiere más claridad, coherencia y mesura que nunca antes—las rivalidades y conflictos del Medio Oriente no sólo se están expandiendo a regiones vecinas, sino que se están fusionando en un sólo escenario que se extiende desde las arenas del Sahel a la Bahía de Bengala.
Las tres principales potencias militares del Medio Oriente—Turquía, Irán e Israel—están maniobrando por una posición dominante: Irán está tratando de sobrevivir si no gana el control del Golfo. Turquía está esperando asegurar una presencia neo-otomana en Siria. E Israel está buscando seguridad sin ceder el proyecto religioso-nacionalista de sus actuales ministros extremistas (quienes pueden ser echados por la elección inminente).
Mientras tanto, el reino saudí costosamente armado pero vulnerable, está luchando para proteger su vasto territorio, sus frágiles instalaciones petroleras y su liderazgo del mundo suní. Pakistán, un nuevo contendiente, ha aspirado durante mucho tiempo a ser un árbitro del poder islámico.
Estos países están todos compitiendo en el nuevo torneo de muchos jugadores, ya no más restringidos por las viejas tradiciones y sistemas, y ninguna potencia tiene hegemonía, siendo todas menos formidables de lo que parecen. El Medio Oriente es, entre otras cosas, como un cerebro del sistema nervioso del mundo: sus nervios expuestos—rutas comerciales y oleoductos—haciéndolo especialmente sensible al resto del organismo.
Eso significa que los acontecimientos contingentes en escaramuzas oscuras por parte de fuerzas chicas tales como los hutíes pueden ejercer poder mucho más allá de su escala.
Rebeldes hutíes de Yemen marchan durante una campaña de movilización. Associate Press
Las nuevas conjunciones del Medio Oriente tienen que ver menos con suníes contra chiíes u Occidente contra Islam de lo que tienen que ver con la versió abierta y pro-occidental del Islam representada por los aliados estadounidenses (saudíes, Egipto y E.A.U.) en conflicto con la versión cerrada, anti-occidental y de resistencia radical de Irán y sus vasallos.
La visión convencional tiende todavía a mirar el Medio Oriente en la forma en que ha funcionado desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En su lugar, estamos viendo una reafiliación totémica en la cual los estados están menos interesados por la tradición, la ideología y la teología y más por los fríos intereses de la seguridad, la fuerza, tecnología y economía.
Pero, ¿conducirán las nuevas convergencias a lo largo del mundo finalmente a un nuevo equilibrio que traiga estabilidad—o una interconexión letal de conflictos que podrían rápidamente estallar en una conflagración de proporciones planetarias?
MIENTRAS USTEDES OBSERVAN lo que está sucediendo bien pueden preguntarse: ¿Qué están haciendo Sudán, Grecia, Azerbaiyán e India en un artículo sobre el Medio Oriente? Para darle sentido, está claro que seis escenarios diferentes están convergiendo en la región hoy.
La alianza rusa con Irán y los recientes acuerdos ucranianos que efectuó Zelensky con las potencias del Golfo en agosto revelan la convergencia del escenario ruso-ucraniano con el de Irán-Israel-Estados Unidos-Golfo.
La segunda involucra al Cáucaso y Asia Central. La guerra estancada de Rusia ha permitido a Turquía aliarse con su hermano turco, musulmán y rico en petróleo, Azerbaiyán—el cual ha sido variadamente gobernado por los persas y los Romanov y ha luchado recientemente varias guerras con Armenia.
Azerbaiyán es cercano tanto a Israel como a Turquía, dos países con crecientes tensiones entre ellos.
Y ahora que Azerbaiyán es cercana a Turquía—un aliado de Pakistán—su enemigo, Armenia, está siendo armado por India, el enemigo de Pakistán.
Mientras tanto, en Asia Central, Uzbekistán es también cercano a Turquía mientras que el rico en petróleo Kazajistán—ansioso por independizarse de Rusia y la cercana China—está cerca de Israel y uniéndose a los Acuerdos de Abraham creados por Estados Unidos.
La tercera convergencia es lo que yo llamo el Escenario Bizantino: Turquía siempre ha sido una potencia que es un puente crucial entre Europa y Asia, la Cristiandad y el Islam, y sus relaciones estrechas con la U.E. y la pertenencia a la OTAN lo hacen un aliado estadounidense de largo tiempo.
Pero bajo el mandato del presidente islamista Recep Tayyip Erdoğan, está afirmando su poder militar-económico, la misión islamista y el legado otomano. Su ambición es proyectar su influencia tanto en el sur de Europa como en el Medio Oriente—y está enfrentando no sólo a Israel, sino también a un enemigo más tradicional, Grecia.
Hoy, las disputas marítimas entre Turquía y Grecia y los descubrimientos de gas natural en el Mediterráneo oriental han atraído a Grecia hacia una alianza estratégica más estrecha con Israel, quien ha hecho rápidamente causa común.
El escenario más peligroso está en el sur de Asia. Pakistán e India, ambos potencias nucleares, han sido enemigos desde la sangrienta partición en 1947 que los dividió según líneas religiosas. Desde entonces han combatido cinco guerras—más recientemente en el 2025.
La República Islámica de Pakistán es un estado guarnición crónicamente inestable con paladines fanfarrones y dinastías políticas feudales compitiendo con un islamismo popular, deudas crecientes, estancamiento económico, represión interna y dos insurgencias sanguinarias. No sólo tiene una rivalidad explosiva con India, sino una nueva guerra menor con su ingrato aliado en Afganistán, el Talibán, a quienes ha estado bombardeando la semana pasada.
Tradicionalmente Pakistán ha mantenido un equilibrio entre dos patrones: China y EE.UU. Pakistán hace poco ha transformado el favor de Trump (Trump ha descripto al jefe de las fuerzas de defensa de Pakistán, Asim Munir, como “mi mariscal de campo favorito”) en influencia a través de la mediación con Irán, transacciones de negocios y la nueva alianza con los saudíes y los turcos.
Simultáneamente, India, el estado más populoso del mundo y una potencial superpotencia, equilibra su alineamiento crecient con Israel—donde su nacionalismo hindú encuentra algunas afinidades con el nacionalismo israelí—con sus vínculos tradicionales con (y dependencia petrolera de) Irán, tanto como su amistad con Rusia, reflejando su antigua alianza soviética.
Su plan de un Corredor Económico India–Medio Oriente–Europa (IMEC), uniendo India, el Golfo y la U.E., se esperaba que sume a Israel, pero fue puesto en espera por las guerras del 7 de octubre. Ofreciendo una visión diferente a la alianza de Meca, puede finalmente ser reactivado creando una nueva región económica eurasiática.
Africa Oriental y el Mar Rojo ya están en medio de brutales conflictos neo-imperiales. En esta pugna por Africa, los imperios ya no son más europeos sino meso-orientales y africanos. Ahora, Israel, Turquía, Egipto, Irán y el Golfo están más volcados en decidir ganadores y perdedores en la región.
SUDAN: Los ataques hutíes contra los oleoductos saudíes, la captura del estrecho Bab al-Mandeb, y ataques contra Riad han ayudado a enfocar a las potencias del Medio Oriente en una batalla intensificada por la línea costera africana arrasada por la guerra. Es un lugar donde las pequeñas potencias del Golfo ya tienen importantes intereses neo-imperialistas, buscando oro y puertos y tierras agrícolas en Sudán para alimentar a sus poblaciones que moran en el desierto. Las atrocidades de la guerra civil en Sudán han alcanzado tal magnitud que muchas están buscando un alto—antes que se extienda.
SOMALIA: Israel y E.A.U. están apoyando a Somalilandia—el que declaró la independencia de Somalia en la década de 1990 y está haciendo un nuevo intento de reconocimiento internacional—y pueden buscar bases allí para usarlas contra los hutíes. Somalia está resistiendo esa campaña y es respaldado por los saudíes y los turcos, el último de los que tienen fuerzas estacionadas allí como una potencia imperial.
ETIOPIA: El país se comporta simultáneamente como un imperio expansionista mientras enfrenta múltiples insurgencias. El país sin salida al mar está en búsquda de un puerto en el Mar Rojo que puede ser concedido por Somalilandia o capturado en una nueva guerra de Eritrea. Etiopía este mes acaba de acusar a Eritrea, Sudán y Egipto de incitar la violencia rebelde en su contra.
El Sahel es la región que va de este a oeste a lo largo de la parte más al sur del Norte de Africa, donde juntas militares de oficiales jóvenes están batallando a milicias yihadistas en una banda de estados fallidos, apoyados tradicionalmente por la ex potencia imperial Francia y recientemente por Rusia y sus mercenarios.
SI alguno de estos estados llegara a colapsar, los yihadistas podrían avanzar hacia el sur dentro de Nigeria o al norte para converger con la guerra civil en Libia e incluso amenazar el orden promocionado y ansioso de Egipto.-
POR AHORA ESTAS convergencias significan que el nombre mismo Medio Oriente puede pronto ser obsoleto—los sectores empresarial y político por igual necesitan coordinar sus estrategias para una región más amplia.
Llamarlo Asia Occidental deja fuera a Africa y Europa. Usar el término de moda SWANA, que abarca Suroeste de Asia y Norte de Africa no incluye los escenarios bizantino, asiático central, africano oriental y de hecho surasiático.
Prefiero algo como SEMESTEA que reuniría al Sur de Europa, el Medio Oriente, el Sahara, Sur de Asia y Africa Oriental.
Sea cual sea el que se imponga, uno de los pocos placeres de la alarmante geopolítica de hoy es el acuñamiento de nuevos acrónimos. Disfrutemos eso al menos.
Es importante darse cuenta de la fluidez de la región ahora: Estas nuevas conjunciones son flexibles y superpuestas. El Pacto de Meca no excluye los muy actuales Acuerdos de Abraham ni un corredor India-Arabia-Israel.
El gran peligro es que la guerra ruso-ucraniana se fusione con la guerra entre Estados Unidos, Irán e Israel y con cualquier conflicto entre India y Pakistán: Si los incendios en estos escenarios separados se unen en lo que los expertos en incendios llamaron ignición súbita generalizada, un incendio se convierte en un infierno que podría convertirse en una guerra mundial.
Siempre ha ocurrido que cualquier gran potencia que busque un poder planetario multidominio debe tener una presencia en el Medio Oriente, ya sean las superpotencias de la Guerra Fría, los europeos o los otomanos.
Hoy, China todavía no está preparada para el compromiso total, pero contando con una flota de combate hace tentador sacar ventaja de los errores de Estados Unidos: Vale la pena destacar cuán a menudo Xi Jinping menciona al almirante eunuco Zheng He y a las flotas del tesoro de la Dinastía Ming que visitaron Arabia y Africa Oriental entre los años 1405 y 1433.
Los saudíes y las potencias nerviosas de la región quieren a China, el socio de negocios más importante, involucrado en la región aun cuando saben que Beijing no puede reemplazar a Washington como un socio de seguridad fiable.
Los conflictos presentes—las guerras del 7 de octubre que incluyen la guerra contra Irán—es improbable que terminen pacíficamente por un rato, principalmente porque Irán carece de un liderazgo unificado tras el reinado de 37 años de Ali Khamenei.
La ironía es que los ataques iraníes contra los estados árabes han hecho aun más necesaria la presencia estadounidense para muchas naciones en la región. Nadie confía en Estados Unidos, pero muchos buscan desesperadamente su presencia y protección. De igual manera, ellos están haciendo de Israel, sean cuales sean sus defectos, más atractiva estratégicamente para las potencias árabes de lo que nunca ha sido.
En las negociaciones recientes, Estados Unidos, sujeto a las rivalidades del entorno de Trump, ha parecido estar aplicando políticas diferentes e incluso contradictorias a Turquía, Líbano e Irán.
Pero por muy impetuoso que pueda haber parecido el inicio de la guerra en febrero, la operación en Venezuela y el bombardeo de las instalaciones nucleares de Irán en el 2025 mostraron que esta administración puede actuar con sigilo y foco.
Y ahora, tras siete meses del inicio de la guerra de Irán, el bloqueo de Irán por parte de Trump parece estar funcionando. Los suministros de petróleo a través del Estrecho de Ormuz y otras fuentes incluidas el oleoducto este-oeste están aumentando a los niveles previos a la guerra ahora. ¿Cómo reaccionará la Guardia Revolucionaria de Irán? No hay nada tan peligroso como un tigre herido.
Sea cual sea el desenlace, la convergencia creciente de escenarios y el peligro de un conflicto bélico repentino significan que un Estados Unidos medido y coherente es más esencial que nunca—es la única potencia capaz de manejar este nuevo mundo convergente y cada vez más peligroso.
Simon Sebag Montefiore es historiador y autor de libros muy vendidos y ganadores de premios sobre historia rusa y meso-oriental que están publicados en 48 idiomas e incluyen "Catalina la Grande y Potemkin" Y "Jerusalén: La Biografía--Una Historia del Medio Oriente." El enseña historia en el Gonville and Caius College, la Universidad de Cambridge, donde obtuvo su Doctorado de Filosofía. Su último libro es "El Caldero: El Armado del Medio Oriente Moderno."
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