sábado, 10 de octubre de 2026

 IBA A EMIGRAR A ESTADOS UNIDOS. PERO ISRAEL SE CRUZÓ EN MI CAMINO.

Durante gran parte de mi vida nunca imaginé que terminaría viviendo en Israel.
Nací en Buenos Aires, Argentina, y aunque mi identidad judía siempre fue una parte importante de mi vida, Israel me parecía una posibilidad lejana, más que un destino personal.
Había vivido un año en Estados Unidos y mi intención era regresar allí definitivamente. Estados Unidos era el país donde imaginaba comenzar una nueva etapa de mi vida.
Pero a veces la vida toma caminos que jamás habíamos imaginado.
Mientras yo consideraba mi futuro en Estados Unidos, mi esposa y mi hija, siguiendo el consejo de un amigo, visitaron la Agencia Judía, la Sojnut, para conocer las posibilidades de vivir en Israel.
Lo que descubrieron cambió nuestros planes.
En aquella época nos comunicábamos por Internet. Tuvimos muchas conversaciones, algunas bastante largas, sobre lo que significaría mudarnos a Israel.
Ellas estaban entusiasmadas. Yo, al principio, no estaba demasiado convencido.
Pero poco a poco sus argumentos comenzaron a tener sentido. Finalmente lograron convencerme de que Israel merecía una oportunidad.
El 4 de septiembre de 2001, a los 47 años, llegué a Israel acompañado por mi esposa, mi hija, mi madre, mi suegra, mi cuñada y hasta nuestra perra.
Una semana después, el mundo cambió para siempre con los atentados del 11 de septiembre.
Habíamos llegado a un país que enfrentaba sus propios desafíos de seguridad. La vida no siempre era sencilla y adaptarse a un nuevo idioma, una nueva cultura y una manera diferente de vivir exigía determinación.
Estudié hebreo intensamente, perfeccioné mi inglés, trabajé, viajé y fui descubriendo poco a poco el país que se estaba convirtiendo en mi hogar.
A lo largo de los años viví situaciones que me recordaron lo frágil que puede ser la vida en esta parte del mundo. Atentados terroristas, guerras y períodos de incertidumbre formaron parte de la realidad que nos rodeaba.
Pero me niego a definir mi vida en Israel a través de esos acontecimientos.
Porque Israel significa para mí muchísimo más que eso.
Israel es un país que nunca deja de construir, desarrollarse, inventar y avanzar.
Es una sociedad multicultural, donde conviven personas provenientes de distintos países, tradiciones, idiomas y culturas. Un país que otorga un enorme valor a la educación, al conocimiento, a la ciencia y al progreso tecnológico.
Durante estos 25 años vi crecer ciudades, mejorar carreteras, surgir nuevos barrios, desarrollarse universidades y centros de investigación, y convertirse innovaciones extraordinarias en parte de nuestra vida cotidiana.
También vi crecer a mi propia familia.
Una de las mayores satisfacciones de vivir aquí es saber que mis nietos pueden caminar por las calles, de día o de noche, con una sensación de libertad y seguridad que valoro profundamente.
Por supuesto que Israel tiene problemas. Todos los países los tienen. Discutimos, protestamos, discrepamos y criticamos. A veces a los gritos.
Pero debajo de todas esas diferencias existe algo extraordinario: el sentimiento de pertenecer a una sociedad cuyo futuro también es nuestra responsabilidad.
Por razones profesionales viajé a numerosos países. Conocí ciudades maravillosas, personas fascinantes y lugares de extraordinaria belleza.
Sin embargo, algo especial me sucede cada vez que regreso a Israel.
Cuando el avión comienza a aproximarse al aeropuerto Ben Gurión, siento una emoción difícil de explicar.
Estoy volviendo a casa.
No simplemente al lugar donde vivo, sino al país al que pertenezco.
Hace 25 años estaba planeando mudarme a Estados Unidos.
En cambio, llegué a Israel.
Hoy, cuando miro hacia atrás y pienso en todo lo que viví, en la familia que vi crecer y en el extraordinario desarrollo de este país, sé que aquella decisión cambió mi vida de maneras que jamás hubiera podido imaginar.
Estoy agradecido a mi esposa y a mi hija por haberme convencido de tomar aquel camino inesperado.
Y después de 25 años, tengo un solo arrepentimiento.
Me hubiera gustado llegar a Israel 25 años antes, cuando era más joven y hubiera podido contribuir todavía más a la construcción y defensa de este extraordinario país.
Mi único arrepentimiento es no haber cruzado aquella puerta 25 años antes.
Mario Selem
Netanya, Israel | Octubre de 2026
Versión en español de mi cuarto artículo enviado a The Times of Israel.

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