jueves, 8 de octubre de 2026

Del blog de AMIT SEGAL

 

La política del 7 de octubre

También, tras 150 años la bandera británica es arriada en Jerusalén.

Freed hostage Avinatan Or arrives at his home in the Jewish settlement of Shilo, in Samaria, October 21, 2025. (Erik Marmor/Flash90)
Es jueves 8 de octubre y dos personas hicieron una gran contribución al discurso público de Israel esta semana: Avinatan Or y Brett McGurk. Uno pasó la guerra en los túneles de Hamas, el otro en la Casa Blanca. Ambos esbozaron esta semana, en lenguaje llano, desde el epicentro mismo de los acontecimientos, dos posiciones que hasta ahora habían sido desestimadas aquí tachándolas como un deseo de muerte, política cínica y abandonar a los rehenes. Or, retenido durante dos años en los túneles de Gaza, explicó en hebreo simple por qué los acuerdos desproporcionados con Hamas traerían sólo más secuestros en el futuro. McGurk, asesor principal de Joe Biden, explicó en simple inglés que ningún acuerdo de tal tipo estuvo jamás realmente sobre la mesa de todas formas, hasta que la espada militar estuvo en la garganta de la organización.
Yo ví a Avinatan Or en “Uvda” (el 60 Minutes israelí) y me sentí avergonzado al recordar una vez más cómo su madre, Ditza Or, fue tratada en tiempo real por osar decir las mismas cosas. Ella y otros parientes del Foro Tikvá fueron descriptos como habiendo abandonado a sus hijos, mientras los que presionaban por la capitulación eran proyectados como una especie de padres adoptivos de nuestros rehenes. Fue un ejemplo más de la distorsión según la cual el mérito de traer a los rehenes a casa no pertenece a los soldados que arriesgaron sus vidas en Gaza, sino a los que protestaron exigiendo que se cumplan las demandas de Hamas (demandas que, como se destacó, nunca se cristalizaron realmente en una propuesta real). Yo también pensé en Eljanan Kalmanzon, quien cayó en Be’eri en la mañana del 8 de octubre, y quien, meses antes en una de las protestas de Kaplan, tuvo a alguien gritándole “evasor del servicio militar,” sólo porque vieron su kipá. Ciertos elementos en este lado del debate no hicieron ningún esfuerzo por argumentar realmente el caso—sólo en tratar de encuadrar la visión opuesta como ilegítima.
Escuché a Brett McGurk a través de una serie de entrevistas y recordé una vez más cuán superficial y sesgado es realmente nuestro discurso aquí. Sólo en un mundo como este Nitzan Alon, quien dirigió el directorio de las FDI para la cuestión de los rehenes, podría arrojar frases como "ellos podrían haber liberado a todos antes" en la esfera pública sin tener que responder ante los hechos. En un mundo como este, puedes publicar libros e "investigaciones" que describen a Hamas como ansioso por hacer un acuerdo y a Israel como la parte insensible e indiferente determinada a luchar eternamente. Las familias de los rehenes tienen permitido decir absolutamente cualquier cosa en tiempo real (a menos, por supuesto, que estemos hablando de las amilias Or y Mor). Pero para los comentaristas y expertos, decir la verdad es también una opción.
A juzgar por los resultados, y contrariamente a toda acusación y predicción, toda vez que fue presentado un acuerdo de rehenes, el gobierno de Israel lo aprobó por abrumadora mayoría. Al instante en que se puso sobre la mesa una propuesta para poner fin a la guerra bajo términos con los que Israel podía vivir, el gobierno lo respaldó. Las encuestas—en las cuales Benjamin Netanyahu realmente alcanzó un máximo de popularidad después que fue firmado el acuerdo—también muestran cuán tonta fue la afirmación que Netanyahu quería una guerra eterna porque era el movimiento político inteligente para él.
Hasta octubre del 2025, y ninguna cantidad de mentira cambiará esto, ninguna propuesta fue presentada jamás que permitiera a Israel tanto tener de regreso a todos los rehenes como evitar retirarse a la frontera vieja y sangrante. Como explicó McGurk, pacientemente, como si hablara con un niño al que le cuesta entender, todo marco involucró una retirada inmediata de Gaza hasta el último soldado israelí, con los rehenes liberados en un agonizante goteo que, de acuerdo con el líder de Hamas, Yahya Sinwar, nunca estuvo intencionado en terminar. Cualquiera que afirme que no hay diferencia entre una Gaza con rehenes y sin las FDI y una Gaza sin rehenes y con una presencia de las FDI o es ignorante o es un propagandista y debería ser mantenido tan lejos de las plataformas públicas como sea posible.
También sospecho que el público ha advertido—a pesar de cada intento por enlodar las aguas—un patrón extraño: la misma gente que discutió durante dos años que Hamas había sido derrotado y por lo tanto la guerra podía terminar son los que ahora argumentan que Hamas está más fuerte que nunca y que la guerra es un fracaso. Los votantes harán que Netanyahu pague por la brecha entre su promesa de victoria total y la realidad en el terreno. Pero si son obligados a elegir en las urnas entre dos formas de describir la situación en el Medio Oriente—la victoria total o el fracaso total—no elegirán el fracaso.

The British consulate with its signs removed in Sheikh Jarrah, East Jerusalem.
Gran Bretaña abrió primero su consulado en Jerusalén en 1838, décadas antes que Estados Unidos aboliera la esclavitud o que los judíos pudieran sentarse en el propio Parlamento de Gran Bretaña. Esta semana, tras más de 150 años apenas escapó del cierre completo: apenas un compromiso de última hora lo mantuvo abierto, como una misión reducida.
En respuesta a las sanciones de Gran Bretaña contra Judea y Samaria el mes pasado, el Ministro del Exterior Gideon Sa’ar anunció el cierre del consulado británico, el cual abrió por primera vez en 1838. Londres respondió con una amenaza de expulsar a 27 diplomáticos israelíes del Reino Unido.
Maniobras de última hora, incluida una visita calma del asesor en seguridad nacional británico Jonathan Powell, desintensificó el enfrentamiento. En virtud del compromiso, el consulado general ha sido degradado a la "Misión de Reino Unido en Jerusalén." El cónsul general y otros 19 diplomáticos abandonarán el país, mientras siete miembros del personal permanecerán en el edificio. Londres, por su parte, ha archivado su amenaza de expulsar a los diplomáticos israelíes en tant continúen las conversaciones, mientras se mantiene firme en las sanciones.
El renombramiento es más que cosmético. Es una degradación histórica para el consulado más antiguo en la ciudad antigua.
La respuesta de Israel fue la correcta. Las sanciones, y la política más amplia de Europa en la región, destilan aires de pretensión colonial. A medida que el poder global de Europa ha menguado, ha recurrido cada vez más a ejercer un rol imperial a través de la diplomacia, y el Medio Oriente, la Tierra Santa sobre todo, ha seguido siendo su patio de juegos mucho tiempo después que los imperios se retiraron. Donde el prestigio era otrora medido en territorio, ahora es medido en acción diplomática. Es un sustituto patético, ciertamente, pero si Europa persiste en clavar sus garras más profundo en la región, Israel tendrá derecho a desprenderse de sus garras.
No obstante, este compromiso fue el mejor resultado disponible. No hubo maniobra diplomática que hubiera asegurado una marcha atrás de las sanciones, menos porque el Secretario del Exterior Ed Miliband está tan determinado a salvar un estado palestino y más porque, con el Partido Verde ahora sirviendo un festín antiisraelí, el Laborismo no osaría a arrebatar el bocado que acababa de ofrecer a una voraz turba antiisraelí. El objetivo de la respuesta de Israel fue imponer consecuencias y mostrar que no inclinará sus políticas bajo presión internacional, sin enviar la relación en una espiral destructiva. Ese era un riesgo real en un momento políticamente sensible en ambos países.
Al final, los políticos en ambos países tuvieron el resultado ideal: ninguna parte se retractó explícitamente mientras todavía han dejado en claro sus posiciones.
Es una medida que Israel tendrá que ejecutar cada vez más en los próximos años. Reino Unido no será el último país europeo en imponer sanciones, ni el último en enfrentar consecuencias por hacerlo. Lo ideal será una escalada medida que no destruya la relación totalmente. La verdad desafortunada de la cual los europeos están demasiado conscientes es que Israel necesita sus lazos con Europa más de lo que Europa necesita sus lazos con Israel. La diplomacia es un músculo que Israel es menos adepta a flexionar, pero bombardear Europa no es una política anti-sanciones eficaz.

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