domingo, 25 de octubre de 2026

SABIAS QUE?

 

 


El médico de las SS le preguntó si no comprendía que las mujeres judías eran diferentes de ella. Adélaïde Hautval, que también estaba prisionera en Auschwitz, le respondió con una frase que quedaría registrada en los testimonios del Holocausto:
«En este campo hay muchas personas diferentes de mí. Usted, por ejemplo».
El hombre que acababa de desafiar era Eduard Wirths, uno de los principales médicos de las SS en Auschwitz. Hautval era una psiquiatra francesa a quien habían destinado al Bloque 10, donde se realizaban experimentos médicos sobre prisioneras, principalmente judías.
Su presencia en aquel lugar había comenzado con una detención que, en principio, no tenía relación con la resistencia armada.
En 1942, Hautval intentó cruzar sin autorización la línea que separaba la Francia ocupada por los alemanes de la zona administrada por el régimen de Vichy. Quería llegar a París después de enterarse de la muerte de su madre.
Fue arrestada y enviada a la prisión de Bourges.
Allí presenció el maltrato que sufrían los detenidos judíos. Cuando protestó, las autoridades decidieron que debía compartir su destino.
Adélaïde se colocó en la ropa una señal amarilla con la inscripción «Amiga de los judíos».
Meses después, el 27 de enero de 1943, fue deportada a Auschwitz.
Tenía 37 años y era médica, una profesión que las SS pronto descubrieron que podían aprovechar.
Primero trabajó en Birkenau, atendiendo a mujeres debilitadas por el hambre y las enfermedades. Durante una epidemia de tifus, evitó informar a las autoridades del verdadero estado de algunas pacientes, porque sabía que un diagnóstico podía conducirlas a una selección para las cámaras de gas.
La doctora Ella Lingens, también prisionera, recordaría que Hautval se negó a elaborar una lista de enfermas cuando comprendió que podía utilizarse para decidir quiénes serían asesinadas.
Después fue trasladada al Bloque 10 de Auschwitz I.
Allí encontró una realidad diferente. Los médicos de las SS utilizaban a las prisioneras para estudiar métodos de esterilización y realizar procedimientos experimentales sin consentimiento.
Al principio, Hautval aceptó colaborar en determinadas tareas médicas sin comprender plenamente su finalidad. Pero, cuando conoció la naturaleza de aquellos procedimientos, comenzó a negarse a participar.
Rechazó las órdenes del médico Carl Clauberg relacionadas con las esterilizaciones forzadas. También se opuso a continuar colaborando en intervenciones y exámenes que consideraba contrarios a sus principios profesionales.
Wirths la interrogó por su negativa.
La respuesta de la doctora dejó claro que no aceptaba la distinción racial con la que las SS justificaban aquellos experimentos.
Su desobediencia podía tener consecuencias graves. Ella misma temió por su vida.
Finalmente fue apartada del Bloque 10 y enviada nuevamente a Birkenau. En agosto de 1944 la trasladaron al campo de Ravensbrück, donde continuó atendiendo a otras prisioneras.
Sobrevivió hasta la liberación de 1945.
Pero una parte decisiva de su historia ocurrió diecinueve años después, en un tribunal de Londres.
En 1964, el médico Władysław Dering, que había practicado operaciones experimentales en Auschwitz cuando también era prisionero, demandó por difamación al escritor Leon Uris.
Dering argumentaba que había actuado bajo órdenes que no podía desobedecer sin arriesgar su vida.
Adélaïde Hautval compareció como testigo.
Explicó que ella había rechazado participar en procedimientos semejantes, pese al peligro que representaba enfrentarse a los médicos de las SS.
Su testimonio contribuyó a cuestionar la afirmación de que toda negativa habría significado necesariamente la muerte.
El juez Frederick Lawton la describió como una de las mujeres más impresionantes y valientes que habían declarado ante un tribunal británico.
En 1965, Yad Vashem, la institución israelí dedicada a preservar la memoria del Holocausto, la reconoció como Justa entre las Naciones.
Adélaïde continuó ejerciendo la medicina en Francia y dejó por escrito sus recuerdos sobre los campos de concentración.
Murió el 12 de octubre de 1988, a los 82 años.
Cuarenta y cinco años antes, cuando los médicos de las SS quisieron utilizar sus conocimientos para experimentar con mujeres indefensas, ella había convertido su negativa en una forma de resistencia que otras prisioneras recordarían durante el resto de sus vidas

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