Purim y los judíos ocultos de España
Purim es una festividad marcada por el ayuno y el arrepentimiento sincero por los errores del pasado.
Pero si crees que ese día se llama Iom Kipur, piénsalo de nuevo.
Te presento el "Purim de los anusim", los judíos españoles que mantuvieron su lealtad secreta a la fe judía, a pesar de haberse visto obligados a convertirse al cristianismo durante la Inquisición Espanola.
¿Por qué Purim era una festividad tan solemne para los anusim?
¿Y por qué eligieron precisamente Purim como la festividad que mejor expresaba su lealtad a su herencia judía?
Para responder a estas preguntas, debemos viajar a un mundo donde estaba prohibido encender las velas de Shabat, rezar en una sinagoga o celebrar un Séder de Pésaj: el mundo de la España medieval.
Nadie sabe cuándo pisaron la península ibérica los primeros judíos, pero sí sabemos que hacia el siglo IX los judíos de España vivían una Edad de Oro que duró aproximadamente 500 años. Durante esa época legendaria se destacaron en los negocios, el gobierno, la ciencia y las artes.
Florecientes centros de Torá produjeron algunos de los más grandes eruditos y líderes del judaísmo: el Rambam (Maimónides), el Rambán (Najmánides), Iehudá HaLeví, autor del Kuzarí, y muchos otros.
Los buenos tiempos comenzaron a deteriorarse en el siglo XIII, cuando los judíos fueron obligados a llevar insignias amarillas y a vivir en juderías, el equivalente español del gueto italiano.
La situación empeoró en el siglo siguiente, culminando en la Masacre de 1391, cuando turbas incendiaron la judería de Sevilla y asesinaron a todo judío que se negara a bautizarse.
Los disturbios y ataques se extendieron por toda la península ibérica y miles de judíos fueron obligados a convertirse al cristianismo para salvar sus vidas.
Pero esto resultó ser una victoria pírrica para la Iglesia católica, ya que muchos de esos “cristianos nuevos” resultaron ser “judíos viejos” disfrazados. Exteriormente fingían ser como sus vecinos cristianos, pero en la intimidad de sus hogares se aferraban en secreto a las costumbres y tradiciones de su fe judía.
Durante el siglo XV, tanto el clero como la nobleza española se quedaron atónitos al ver que los cristianos nuevos volvían a ascender a los niveles más altos de la sociedad española, ocupando cargos importantes en el gobierno y el comercio. Por eso, cuando Fernando e Isabel ascendieron al trono de una España recién unificada, la iglesia y el estado unieron fuerzas para resolver su “problema judío” de una vez por todas.
Quienes habían permanecido judíos fueron expulsados del reino en 1492, mientras que se estableció la Inquisición española para ocuparse de los “herejes”.
La Inquisición española fue implacable en sus esfuerzos por cazar a los anusim, también conocidos como marranos o criptojudíos.
Pero, se los llamara como se los llamara, ellos respondieron ocultándose aún más.
¿Era demasiado peligroso tener un libro de rezo judío en casa?
No había problema: memorizaban las plegarias.
¿Era demasiado peligroso encender abiertamente las velas de Shabat?
No había problema: escondían la vela encendida en un armario, en la chimenea o dentro de una vasija de barro.
¿Era demasiado peligroso celebrar las festividades judías en sus fechas reales? No había problema: despistaban a sus perseguidores celebrándolas unos días (o meses) antes o después de la fecha verdadera.
Los anusim se acostumbraron a vivir en un mundo de secretos que eran la norma y el disfraz de una forma de vida.
Pero pese a sus esfuerzos y buenas intenciones, tenían un problema: su conexión con el resto del mundo judío se había cortado.
Sin acceso a libros judíos, o siquiera a un calendario hebreo, cada vez resultaba más difícil recordar todas las plegarias y leyes.
Además, había muchos mandamientos que no podían cumplir o que se veían obligados a transgredir porque el peligro era demasiado grande.
Para compensar, con el tiempo los anusim comenzaron a desarrollar su propia cultura única, con plegarias y costumbres especiales. En ninguna festividad esto se ve con mayor claridad que en PURIM.
Tradicionalmente, la festividad de Purim consta de dos partes: el Ayuno de Ester, un día de ayuno que tiene lugar el día anterior a Purim, y Purim mismo, un día lleno de mitzvot (preceptos), ruido y alegría.
Pero lo que para nosotros es pura diversión, para un judío oculto era un día cargado de peligro.
¿Ahogar el nombre del malvado Amán con matracas durante la lectura pública de la Meguilat Ester en la sinagoga?
No era posible en una comunidad que guardaba con extremo cuidado el secreto de la ubicación de sus sinagogas clandestinas.
¿Embriagarse en la comida festiva hasta no distinguir entre “bendito sea Mordejai” y “maldito sea Amán”?
Imposible, a menos que quisieras despertarte al día siguiente con una citación personal ante el tribunal de la Inquisición española.
Entonces, ¿qué podían hacer los anusim?
EN UNA PALABRA: AYUNAR.
Observaron la meguilá y vieron que cuando el pueblo judío fue amenazado con el exterminio, la reina Ester ordenó un ayuno de tres días para todos.
Así que los anusim (que vivían con esa amenaza todos los días de sus vidas) también decidieron ayunar tres días.
Los registros de la Inquisición nos brindan detalles fascinantes sobre esta costumbre singular.
En primer lugar, el ayuno era practicado principalmente por las mujeres, que sentían una conexión especial con la heroína de la historia de Purim, la reina Ester.
Pero como un ayuno de tres días podía ser peligroso para la salud, encontraron formas ingeniosas de observarlo sin poner en riesgo sus vidas.
Por ejemplo, Gabriel de Granada, un niño de trece años interrogado por la Inquisición de México en 1643, reveló que las mujeres de su familia a veces dividían los tres días entre ellas. Algunas ayunaban el primer día, otras el segundo y las restantes el tercero.
Leonor de Pina, una mujer portuguesa arrestada en 1619 por “judaizante”, ofreció otra explicación.
Dijo a sus interrogadores que ella y sus hijas ayunaban durante tres días “sin comer si no era de noche, o comiendo cosas que no fueran carne”.
En otras palabras, ayunaban durante el día y comían por la noche, o bien se abstenían de comer carne durante tres días.
Ya fuera que las mujeres ayunaran los tres días completos, observaran un ayuno parcial o dividieran los días entre ellas, lo que queda claro en el registro histórico es que el Ayuno de Ester se tomaba muy en serio.
Pero ¿por qué sentían la necesidad de ayunar tres días, cuando el resto del mundo judío consideraba suficiente uno?
Los eruditos que han investigado a los anusim sugieren varias razones.
El ayuno, que podía realizarse en la privacidad del hogar, quizás era un sustituto de las mitzvot(preceptos) que no podían cumplir, como la lectura pública de la meguilá o enviar regalos de comida a los amigos.
Además, el profesor Moshe Orfali, decano del Departamento de Estudios Judíos de la Universidad Bar-Ilan, ha señalado que los anusim tendían a ayunar con frecuencia.
Él supone que como se veían obligados a violar las leyes de la Torá todos los días, sentían la necesidad de ayunar a menudo para purificarse de sus pecados. En una festividad especial como Purim, triplicaban sus esfuerzos con la esperanza de alcanzar una redención personal, así como la Redención Final para todo el pueblo judío.
Por supuesto, Purim no era una festividad completamente solemne. Probablemente la familia se reunía para escuchar la meguilá en voz baja.
También celebraban una comida especial, a puertas cerradas.
Pero con el paso de los siglos, Purim entre los anusim adoptó un carácter sorprendente y único.
La Inquisición española persiguió a los anusim durante más de tres siglos, no solo en Europa, sino también en Centro y Sudamérica y en los territorios que más tarde se convertirían en el suroeste de los Estados Unidos.
Cuando la Inquisición española terminó oficialmente en 1835, uno podría pensar que los anusim suspiraron aliviados y regresaron en masa al pueblo judío.
Pero aunque algunos sí volvieron al judaísmo, un número sorprendente eligió permanecer oculto en sus aldeas, aferrándose a sus costumbres secretas.
Mientras que muchos anusim en España y Portugal conservaron la memoria de su ascendencia judía, quienes se establecieron en el Nuevo Mundo gradualmente olvidaron quiénes eran sus antepasados.
Solo sabían que tenían costumbres distintas a las de sus vecinos. Por ejemplo, no comían cerdo y la única “santa” a quien dirigían sus plegarias era la “Santa” Ester.
¿Cómo se convirtió la reina Ester en una santa católica? Según la profesora Janet Liebman Jacobs, quien realizó un estudio etnográfico de descendientes de anusim en el suroeste de Estados Unidos, a veces la única manera en que un pueblo oprimido puede sobrevivir espiritualmente es disfrazar sus figuras religiosas dentro del ropaje de la cultura religiosa dominante.
Como los colonos españoles llevaron consigo al Nuevo Mundo tanto el catolicismo como la Inquisición, la reina Ester tuvo que ocultarse junto con los anusim, y la festividad de Purim se transformó en la Fiesta de Santa Ester.
Una de las mujeres entrevistadas por la profesora Jacobs, residente en Nuevo México, explicó que la Fiesta de Santa Ester era principalmente una celebración femenina dedicada a que las madres enseñaran a sus hijas cómo dirigir el hogar según sus costumbres particulares. También era un día en que se preparaba una comida elaborada, probablemente un recuerdo lejano de la comida especial de Purim que sus antepasados habían celebrado en España o Portugal.
En cuanto a por qué la reina Ester fue elegida como símbolo de Purim (y no su primo Mordejai, líder del pueblo judío en ese momento), la respuesta es sencilla.
Ester tuvo que mantener en secreto su identidad judía en el palacio real; pero cuando el malvado Amán puso en marcha su plan para aniquilar al pueblo judío, su vida también estuvo en grave peligro.
La reina Ester se convirtió así en un modelo inspirador para los anusim, tanto por su valentía como por haber sido también una judía oculta.
Estos días de Purim...
Aunque gran parte de su herencia judía se perdió con el paso de los siglos, los anusim nunca olvidaron su conexión con la reina Ester.
Y así, de una forma u otra (y en lugares inesperados como Nuevo México o Perú) las palabras de la meguilá siguen cumpliéndose:
“Estos días de Purim no desaparecerán de entre los judíos, ni su recuerdo se perderá jamás entre sus descendientes”.
Por: Libi Astaire
Aish Latino
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