Por ahora al menos, la guerra con Irán parece estar fracasando
Si estás ganando, no amenazas con destruir una civilización o buscas chivos expiatorios.
Por Gerard Baker
Abril 13, 2026
A quienes discrepan y prefieren comprar las declaraciones de victoria del gobierno, yo les sugeriría que escuchen no las palabras de los críticos del presidente, sino su propia voz y las de sus partidarios.
Estas son algunas cosas que no sueles decir cuando has ganado, o estás ganando, una guerra:
No sueles amenazar con eliminar la civilización de la otra parte. No sólo porque la matanza masiva es un crimen de guerra y algo que EE.UU. generalmente ha evitado. No amenazas con tal villanía si no necesitas hacerlo. Efectúas ese tipo de amenaza desesperada y trastornada sólo si las cosas no van bien.
Ganar no suele requerir un chivo expiatorio, mucho menos un rebaño de chivos expiatorios en las pasturas hiperbólicas del discurso presidencial. Sólo los perdedores buscan gente o cosas a los que culpar. Entonces culpar a los europeos—los mismos europeos que dijiste hace dos semanas que no eran aptos para el combate, los mismos europeos cuyos gobiernos estás comprometido a ayudar a reemplazar con partidos que revertirán la "eliminación civilizacional" del continente (¿Cómo funcionó eso en Hungría, Sr. Vicepresidente?)—culpar a estos europeos por no lograr ayudar a terminar la guerra que iniciaste sin consultarles es una señal que no estás ganando.
Decir a los periodistas que Benjamin Netanyahu fue responsable por hacer afirmaciones "ridículas" y "absurdas" sobre lo fácil que sería el cambio de régimen estaría también firmemente en la categoría de buscar chivos expiatorios cuando las cosas no salen de acuerdo a lo planeado.
Tampoco filtras al New York Times que siempre tuviste dudas sobre la guerra. Aquí podemos eximir al presidente de responsabilidad. Alguien dijo al diario que JD Vance siempre estuvo escéptico respecto a la guerra. (Los observadores atentos a las lealtades políticas infinitamente flexibles del Sr. Vance notarán con interés que de acuerdo con la historia del Times, él se las arregló para argumentar en el espacio de una semana o dos, contra la guerra, por una guerra limitada y por una guerra total.)
Pero estas palabras y filtraciones son meros síntomas de una empresa fallida. Las condiciones subyacentes apuntan en la misma dirección.
Hay una visión común entre los críticos de la guerra que Estados Unidos ha logrado el éxito militar, pero ha tenido un fracaso político y estratégico. Pero yo no estoy siquiera seguro que eso sea correcto, si ustedes miden la actuación contra los objetivos principales de la operación.
Eliminar la amenaza nuclear era el objetivo militar más importante de la guerra—como dejó en claro el Sr. Trump en su discurso sobre la noche de inicio de las hostilidades, y como sigue enfatizando. El Sr. Vance acaba de pasar 21 horas en Islamabad tratando de lograr que Irán ponga fin a un programa nuclear que acabamos de pasar 38 días aparentemente eliminando con bombardeos y convirtiendo en polvo. Este era el mismo programa nuclear que se nos dijo había sido eliminado hace 10 meses en Operación Martillo de Medianoche. Todo lo cual sugiere una cualidad estilo Lázaro de las armas nucleares de Teherán que debería tenernos alarmados.
Es cierto que hemos degradado las capacidades de misiles y convencionales más amplias de Irán, pero no está claro cuanto o cuanto importa. Irán todavía estaba disparando misiles y drones tan tarde como el día en que entró en efecto el cese del fuego la semana pasada. Debe haber serias dudas acerca de cuanto corte de césped podemos hacer cuando los mulahs hacen crecer nuevamente el pasto de sus capacidades de armas convencionales.
El fracaso en echar al régimen es la clave para todo esto—y este fue siempre un tiro largo sin una invasión a escala total. Parece que la administración confundió liderazgo con régimen y de alguna manera se convenció que reemplazar a un fanático religioso por otro mejoraría el resultado político.
Estas deficiencias militares se suman a la pesadilla estratégica y económica que la guerra ha creado en el estrecho, el daño que ha hecho a nuestras alianzas, el daño que ha hecho a nuestra relación con Israel, el regalo que ha dado a nuestro mayor adversario estratégico, China. Tal vez lo más dañino de todo, la demostración que ha ofrecido al mundo que sin importar cuan grande sea nuestro ejército, sin importar cuan tecnológicamente superior, sin liderazgo sordo y estrategia asequible, estaos demostrando ser incapaces nuevamente de conquistar a un país con una economía de aproximadamente la mitad del tamaño de la de Bélgica.
La buena noticia, nuevamente, es que es muy pronto para declarar un veredicto final. Cuando esta guerra empezó, yo expresé optimismo cauto que sería exitoso. Esa fue precaución insuficiente, como resulta. El problema con las guerras es que cuando no salen como las planeaste, tienes una opción espantosa—terminarlas de forma poco satisfactoria o adentrarte aún más profundo. Nada que hayamos visto hasta ahora puede dar confianza en que adentrarse más profundo ahora termine en una victoria rápida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.