Estados Unidos tiene que derrotar al CGRI de Irán
Un grupo terrorista controla a un gobierno que está determinado a adquirir armas nucleares.
Por George J. Terwilliger III
Septiembre 25, 2026
Antes de los ataques del 11/S en New York y Washington, mucha de la élite jurídica de Estados Unidos y muchos en la izquierda liberal buscaban tratar al terrorismo como un delito común. Aunque supuestamente buscaban torcer el terrorismo, sus subordinados en el Departamento de Justicia levantaron un muro proverbial separando las funciones de la fuerza del orden y las de seguridad nacional. Las fuerzas del orden se ocupaban de la actividad delictiva; las agencias con deberes de seguridad nacional mantenían su distancia. Incluso después del 11/S cuando fueron encontrados los culpables, ellos fueron arrestados. Algunos todavía están en custodia, aunque en un sistema de justicia militar creado 'ad hoc,' la prueba fehaciente de por qué un enfoque de justicia penal para combatir al terrorismo es una empresa inútil.
Afortunadamente, los ataques del 11/S hicieron comprender al país que si bien la mayoría de los actos terroristas con delitos comunes, las organizaciones terroristas no serán neutralizadas y derrotadas por el sistema de justicia penal. Los miembros enjuiciados eran vistos por sí mismos y por los fieles como mártires para la causa. Así, el Congreso superó la división partidista y promulgó por mayoría abrumadora una Autorización para el Uso de la Fuerza Militar (AUMF) para que al Qaeda pudiera ser enfrentado bajo los términos bélicos que abrazaba.
De igual manera, el "muro" fue desmantelado por el Acta Patriota, al menos en la extensión que los activos de seguridad nacional podían ser aprovechados para mantener a la nación a salvo de más ataques extrayedo información planes terroristas de comunicaciones globales interceptadas, incluidas aquellas a o de una "persona en Estados Unidos."
En virtud de la AUMF y principios constitucionales empoderando al presidente para velar por la seguridad nacional, las fuerzas militares y de operaciones encubiertas fueron utilizadas para atacar a terroristas en Afganistán e incapacitar a los que proporcionaban apoyo y refugio seguro a los grupos terroristas inclinados a atacar intereses estadounidenses y a matar a nuestra gente. Pero a política estadounidense subsiguiente retrocedió a medida que se desvanecía el horror del 11/S, dando nueva vida al enfoque del terrorismo como un delito común.
Todavía en el 2024, la administración Biden, la cual se retiró de Afganistán de forma poco gloriosa y abrupta, estuvo promocionando como contraterrorismo exitoso su imputación de cargos contra miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y sus afiliados de la Fuerza Quds por violaciones derivadas de evadir las sanciones petroleras estadounidenses. Eso cambió con un reconocimiento por parte de la administración que el CGRI no es sólo un grupo terrorista, sino también uno que controla un gobierno nacional dedicao a obtener y utilizar armas nucleares.
El Departamento de Estado de EE.UU. designó al CGRI como organización terrorista extranjera. Amenaza a Estados Unidos, a sus aliados y al mundo civilizado más generalmente. Se propone usar armas nucleares transportadas por medio de misiles balísticos, para aniquilar a Israel, controlar el flujo de petróleo desde el Medio Oriente al mundo, y subyugar a una población local entera a la tiranía ejecutada por medio del asesinato y la violencia. Que la voluntad de EE.UU. de enfrentar finalmente esa realidad llegue justo antes de nuestras elecciones de medio término es políticamente inconveniente. Pero, como parece que el presidente reconoce, habiendo empezado lo que tiene que ser un enfrentamiento determinativo, la tarea de librar al mundo de un CGRI funcionando debe ser terminada.
No he escuchado a nadie sugerir que puede ser logrado por medio de una acusación RICO del liderazgo del CGRI. El absurdo de tal sugerencia ilustra que los llamados a dar marcha atrás de enfrentar al CGRI son igualmente absurdos. Los líderes del CGRI han progresado de humillar a los diplomáticos en la Embajada de EE.UU. en Teherán en 1979 a buscar humillar a la Marina de EE.UU. en el Estrecho de Ormuz hoy. Vergüenza de los que piden que el presidente se retire de enfrentar a esta fuerza de maldad que controla al pueblo de una nación subyugando a las mujeres al estátus de ciudadanas de segunda, acallando todas las voces de protesta mediante el encarcelamiento y tortura, y recurriendo al asesinato al por mayor en las calles para aplastar los levantamientos populares.
Al enfrentar al CGRI en esta forma, Estados Unidos podría haber actuado más allá de lo que su inteligencia le permitía prever, pero reconocer una necesidad de ponerse al día no es una razón para abandonar la empresa. Estados Unidos probablemente tendrá que utilizar tanto las fuerzas militares regulares como operaciones encubiertas para neutralizar al CGRI para que ya no represente más un interés controlante en Irán y una amenaza difícil para sus vecinos meso-orientales y Estados Unidos.
Los políticos pusilánimes que patearían la lata por el camino están ignorando la amenaza que un Irán liderado por el CGRI y sus afiliados terroristas representa para la estabilidad global. La lata aquí puede ser una bomba, y no puede ser pateada rápidamente por el camino sin riesgo de explotar en nuestras caras. No debería ser necesario un ataque del nivel del 11/S contra nuestro propio suelo para motivar a los funcionarios a aumentar la responsabilidad que tienen con nuestros ciudadanos y su seguridad. Eso significa apoyar el uso de la fuerza militar contra el CGRI porque es una organización internacional al margen de la ley que necesita tener sus capacidades neutralizadas como un todo.
Si los funcionarios políticos tienen el valor de hablarlo, nuestros ciudadanos entenderán que así como los criminales violentos necesitan a menudo ser incapacitados por medio del encarcelamiento, las organizaciones internacionales violentas ilegales a menudo tienen que ser neutralizadas por medio de la fuerza. Sin importar quien sea el presidente, él no debería ser forzado por la falta de voluntad política de otros, a asumir solo esa tarea.
El Sr. Terwilliger es un abogado de Washington. El se desempeñó como fiscal general adjunto entre los años 1991-93.
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