Los radicales de la puerta de al lado
Aunque los liberales tradicionales quieran negarlo, la extrema izquierda es una amenaza real y creciente.
Por James B. Meigs
Marzo 26, 2026
Aquí está una de las cosas más duras de aceptar para mis amigos liberales: Algunos de nuestros compatriotas estadounidenses realmente odian este país. De hecho, ellos odian la tradición liberal occidental entera. Ellos quisieran ver destruidos a los gobiernos democráticos y a las economías de libre mercado--especialmente a los nuestros. Por cualquier medio necesario.
Los radicales de los que estoy hablando incluyen revolucionarios marxistas dedicados e islamistas de radicales, dos grupos que abogan abiertamente por el derrocamiento violento de los gobiernos occidentales (y que trabajan felizmente juntos). Esta colección de extremistas antiestadounidenses no es enorme. Pero es más que suficientemente grande como para preocuparse por ella. Observen cuantos agentes estilo antifa se las arreglan para aparecer en las protestas izquierdistas en todo el país. A menudo se desencadena el caos—incluyendo incendios, ataques e incluso tiroteos.
Pero la izquierda tradicional no cree que estas personas existan realmente. En el primer debate presidencial del 2020, el candidato Joe Biden insistió en que antifa es sólo “una idea.” O, aun si estos grupos existen, me dicen mis amigos liberales, su amenaza para nuestra sociedad es mínima; de lo que tendríamos que preocuparnos realmente es de la violencia de derecha. (Sí, eso es un problema también, pero no mitiga la amenaza creciente de la izquierda. Dos cosas pueden ser malas a la vez.)
Cuando los extremistss cometen crímenes terribles, los apologistas dicen que ellos deben tener una buena razón. Cuando un aspirante a atacante suicida trató de detonar un preescolar judío en Michigan el mes pasado, el Guardian se apresuró a explicar que algunos de sus familiares habían resultado muertos en un ataque con misiles israelíes. El artículo no mencionó que los hermanos que fueron atacados eran conocidos por ser miembros de la milicia Hezbola.
Hete aquí la realidad: la franja radical de Estados Unidos es real, y cree que la violencia política funciona. Eso debería preocuparnos a todos. Los actos terroristas conducidos o inspirados por extremistas antiestadounidenses se están volviendo más descarados. Lo que me preocupa aun más es la reacción de nuestras principales instituciones liberales. En lugar de trabajar para erradicar su ala extremista, la izquierda estadounidense tradicional elige más que nada ignorar, menoscabar o justificar la creciente violencia. Peor, aun cuando ellos minimizan la amenaza de los radicales, muchas organizaciones liberales aparentemente tradicionales ofrecen apoyo bien camuflado a grupos subversivos.
Esta red de protección del extremismo opera en tres niveles.
En el nivel general y de la superficie, asume la forma de minimizar o excusar actos y creencias violentos. Todos nosotros recordamos las "protestas en su mayoría pacíficas" del 2020, cuando los medios de comunicación justificaron los barrios enteros en llamas. En los casos poco comunes cuando los manifestantes izquierdistas son arrestados por incitar alborotos, vandalismo o atacar a la policía, es probable que sus cargos sean dados de baja o reducidos por fiscales simpáticos.
En el fondo, un sector importante aplaude activamente los actos de amenaza y violencia. En el 2020, la NPR elogió efusivamente al autor del libro “En Defensa del Saqueo.” Después del 7 de octubre, muchos activistas celebraron abiertamente lo que vieron como un levantamiento "emocionante." Rama Duwaji, la esposa del actual alcalde de New York, fue una. Luigi Mangione, el asesino acusado del CEO de United Healthcare, Brian Thompson, es descripto literalmente como un santo en la cámara de repetición progresista Bluesky.
Por último, ustedes tienen el apoyo financiero y material real fluyendo desde grupos liberales tradicionales o afine a ellos a activistas radicales. El año pasado, un jurado hizo responsable a Greenpeace por enviar dinero, personal y equipo a las pandillas que atacaron el oleoducto Dakota Access allá por el año 2016. Este tipo de apoyo encubierto a activistas que infrinjen la ley es más común de lo que la mayoría de la gente imagina. En una exposición en la revista Tablet en el 2024, Park MacDougald reveló cómo la red descentralizada de agitadores antiisraelíes es "apoyada política y financieramente por una vasta red de organizaciones sin fines de lucro progresistas, ONGs y grupos de dinero opaco respaldados finalmente por grandes donantes alineados con el Partido Demócrata." Los fundadores incluyen a algunos de los nombres más grandes en la filantropía estadounidense, incluidos Soros, Rockefeller y Ford.
En todos los tres niveles, los esfuerzos pro-extremistas de la izquierda gozan de posible negación. Cuando los colegas no logran ejecutar sus propias reglas contra las protestas disruptivas, dicn que ellos están simplemente protegiendo la libertad de expresióm. Los activistas de antifa calibran cuidadosamente su violencia, por ejemplo utilizando botellas de agua congelada como proyectiles; si son arrestados, ellos pueden afirmar que no llevaban armas. Y, gracias al "lavado de dinero con fines benéficos," destaca el Sr. MacDougald, los fondos que fluyen hacia los agitadores callejeros raramente son rastreados nuevamente hacia los donantes bien conectados.
Es hora de dejar de negar. Los revolucionarios de izquierda e islamistas de cosecha propia están aumentando su violencia. Como destacó el lunes Matthew Hennessey, de Libre Expresión, los ataques antisemitas están aumentando. Hemos visto el asesinato del activista Charlie Kirk y los intentos de asesinato contra el Juez Brett Kavanaugh de la Corte Suprema y del entonces candidato Donald Trump. ¿Qué sigue?
Un incidente en julio pasado muestra adonde temo que nos estemos dirigiendo. Un grupo de activistas en trajes negros empezaron a prender fuegos artificiales y a dibujar grafitis fuera de un centro de detención del ICE cerca de Fort Worth. Cuando un oficial de policía local llegó y dos oficiales desarmados salieron de la instalación, uno de los activistas abrió fuego con un rifle AR-15. El oficial de policía fue impactado en el cuello. Es un milagro que nadie fuera asesinado. Y es un escándalo que la prensa asumiera un interés tan poco entusiasta en este caso de terrorismo local hecho y derecho.
Anteriormente este mes, nueve de los activistas de Texas fueron condenados de varios cargos incluyendo proporcionar apoyo material a terroristas, alborotos e intento de asesinato. En un artículo sobre la condena, el New York Times describió blandamente a los acusados como un "grupo de jóvenes manifestantes acusados de ser miembros del movimiento radical de izquierda antifa."
Cuando un periódico prominente no admitirá la diferencia entre una turba pendenciera de manifestantes y un escuadrón de la muerte bien armado, estamos en problemas reales.
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