¿Por qué el cerdo no es kosher?
«De entre las "bestias de la tierra", podéis comer cualquier animal que tenga pezuñas hendidas y rumie» (Lev. 11:3; Deut. 14:6). Cualquier mamífero terrestre que no posea ambas cualidades está prohibido. La Torá especifica que el camello, el damán, la liebre y el cerdo no son kosher, ya que a cada uno le falta una de estas dos características. Las ovejas, el ganado bovino, las cabras y los ciervos son kosher.
Las leyes del kashrut fueron ordenadas por Di-s a los hijos de Israel en el desierto del Sinaí. Moisés se las enseñó al pueblo y plasmó los fundamentos de estas leyes en Levítico 11 y Deuteronomio 14. Los detalles se transmitieron de generación en generación y, con el tiempo, se consignaron por escrito en la Mishná y el Talmud. A lo largo de las generaciones, las autoridades rabínicas promulgaron diversas ordenanzas como salvaguardas de estas leyes bíblicas.
El kashrut es el cuerpo de la ley judía que regula qué alimentos pueden consumirse y cuáles no, así como la forma en que dichos alimentos deben ser preparados. La palabra «kashrut» proviene del hebreo y significa «apto», «adecuado» o «correcto». Nuestros sabios también señalan las diversas ventajas de las leyes del kashrut: los beneficios para la salud, el trato humanitario hacia los animales, su efecto unificador en un pueblo disperso y su función como escudo contra la asimilación. Además, Najmánides —el gran sabio y cabalista del siglo XII— señala que «las aves y muchos de los mamíferos prohibidos por la Torá son depredadores, mientras que los animales permitidos no lo son; se nos instruye no comer esos animales para evitar incorporar sus cualidades a nuestro propio ser». De este modo, el kashrut (las leyes dietéticas judías) puede concebirse como una «nutrición espiritual». Del mismo modo que existen alimentos beneficiosos para el cuerpo y otros perjudiciales, hay alimentos que nutren el alma judía y otros que la afectan de manera adversa.
A lo largo de nuestros 4.000 años de historia, la observancia del kashrut ha constituido un rasgo distintivo de la identidad judía. Quizás más que cualquier otra *mitzvá* (precepto), las leyes del kashrut subrayan que el judaísmo es mucho más que una religión en el sentido convencional del término. Para el judío, la santidad no se circunscribe a lugares y momentos sagrados ajenos a la vida cotidiana; por el contrario, la vida en su totalidad constituye una empresa sagrada. Incluso la actividad aparentemente mundana de comer es un acto divino y una experiencia singularmente judía.

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